El principio de curiosidad en la mente humana, ¿cómo funciona?

Señala el refranero popular que la curiosidad mató el gato. Sin embargo, la neurociencia nos dice que en realidad, lo hizo más sabio. Pocos comportamientos son más necesarios y poderosos como ser curiosos...
El principio de curiosidad en la mente humana, ¿cómo funciona?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 21 marzo, 2021.

Última actualización: 21 marzo, 2021

El principio de curiosidad está profundamente arraigado en el cerebro. Bien es cierto que también aparece en muchos animales, sin embargo, en el ser humano este instinto es mucho más poderoso y sofisticado. Esto se debe a nuestra selección natural, puesto que este mecanismo nos permite dar con nuevos recursos para adaptarnos a cualquier circunstancia y salir airoso de ella.

Decía la escritora Dorothy Parker que el aburrimiento se cura con curiosidad, pero la curiosidad no se cura con nada. El hecho de que sea así, es poco más que una bendición, además de una necesidad. De algún modo, la persona que deja de experimentar interés por aprender y más aún, por preguntarse la razón, el por qué y el origen de lo que le rodea, se apaga un poco más cada día.

La ausencia de curiosidad debilita el cerebro y nos resta impulso, energía, creatividad… Si las personas tenemos un ansia casi inherente por resolver incertidumbres, misterios e incoherencias cotidianas es porque dichos procesos engendran la investigación y el aprendizaje. Esa impronta en nuestros genomas ha facilitado que estemos donde nos encontramos ahora.

El cerebro humano se mueve por el sentido de la curiosidad y esto, es lo que facilita el conocimiento, la motivación y hasta la supervivencia. Porque aunque sigan vendiéndonos la idea de que la curiosidad mató al gato, lo que nadie nos dice es que en realidad, lo que sucedió es volverlo más sabio…

Gato negro en una carretera representando el principio de curiosidad

El principio de curiosidad en la mente humana, ¿en qué consiste?

La curiosidad es un elemento básico de nuestra cognición; sin embargo, lo cierto es que seguimos albergando muchas dudas sobre sus mecanismos neuronales e incluso sobre su función biológica. Las investigaciones alrededor de esta dimensión han empezado hace muy poco. Todas ellas aparecieron en un intento de comprender la utilidad de este mecanismo y las diferencias individuales.

De este modo, destaca el trabajo del doctor Todd Kashdan, de la Universidad de Florida, quien en el 2004 desarrolló una escala para explorar el comportamiento curioso. Algo llamativo que nos señala es lo siguiente: las personas pasamos más tiempo dejándonos guiar por el principio de curiosidad que alimentándonos.

Pensemos en ello un momento para entenderlo mejor. Cosas tan sencillas como leer libros, escuchar música, ver una película, echar un ojo a nuestras redes sociales o incluso conversar con los nuestros, está guiado por el comportamiento curioso. Hemos descuidado por completo una dimensión que en cierta manera, guía buena parte de nuestro comportamiento.

Profundicemos por tanto un poco más en las bases del principio de curiosidad.

La curiosidad es un componente básico de nuestra naturaleza

Investigaciones como las realizadas en el departamento de ciencias cerebrales y cognitivas de la Universidad de Rochester, nos señalan algo importante. La curiosidad es uno de los impulsos humanos más importantes y hasta el día de hoy no le hemos dado la suficiente importancia. Gracias a ella se impulsa la ciencia, la economía mundial, se facilita el aprendizaje y hasta nuestro desarrollo personal.

William James, uno de los psicólogos más destacados en nuestra historia, definió el principio de curiosidad como el impulso hacia una mejor cognición. Dicho de otro modo, esta dimensión define el deseo de saber lo que no sabemos. Es la forma más elevada de desarrollar nuestra inteligencia y también, ese valor que deben cultivar los niños.

Principio de curiosidad y estado de ánimo

El principio de curiosidad nos dice también que esta dimensión puede decaer en determinados momentos. Los trastornos psicológicos como la depresión apagan nuestra curiosidad como también, el declive cognitivo asociado a la edad o a las enfermedades neurodegenerativas.

Asimismo, desde el campo de la neurociencia nos indican que el simple hecho de experimentar el pinchazo de la curiosidad, es un estímulo vivificante para el cerebro. Esta dimensión impulsa al aprendizaje, a la comprensión de las cosas, al conocimiento. No obstante, algo así solo lo experimentamos cuando estamos bien anímicamente.

Las épocas de apatía, desánimo y tristeza diluyen este mecanismo.

Placer y tolerancia al estrés

Este dato es interesante y es algo además, que todos hemos sentido en numerosas ocasiones. La curiosidad hace que aprendamos a tolerar el estrés y la ansiedad. Lo logramos al entender que nuestra realidad está habitada por la incertidumbre y que esto sea así, es algo común. Sabemos que en nuestra cotidianidad no todo sigue un patrón ni es previsible.

Sin embargo, esas dimensiones, lejos de bloquearnos nos animan a afrontarlas, a resolverlas y a trabajar para comprenderlas e incluso transformarlas. Todo ello es lo que ha facilitado al fin y al cabo, nuestro avance y supervivencia.

niño con gorro rojo representando el principio de curiosidad

Ser curiosos como forma de desarrollar nuestro cerebro

Si hay un aspecto en el que nos beneficiaría retrotraernos a la infancia es precisamente en lo relativo a la curiosidad. Esta dimensión que de algún modo, se va apagando o debilitando con los años, es uno de los rasgos que mejor definen a la mayoría de los niños.

Son ellos los que demuestran un interés más elevado en situaciones marcadas por la incertidumbre. Les encanta, por ejemplo, manipular objetos cuyos mecanismos subyacentes no comprenden. Mientras nosotros damos un sinfín de cosas por sentadas, ellos indagan y se preguntan por qué lo que ven no puede ser de otra forma.

Su pensamiento lateral desafía a nuestro enfoque más lógico y normativo. Además, los niños demuestran curiosidad social y curiosidad perceptiva, es decir, quedan intrigados por casi cualquier estímulo y también, por cómo está conformada nuestra sociedad y el modo de relacionarnos. En sus mentes, hay un componente omnipresente y que forma parte también del principio de curiosidad: la fascinación.

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  • Kashdan, Todd & Rose, Paul & Fincham, Frank. (2004). Curiosity and Exploration: Facilitating Positive Subjective Experiences and Personal Growth Opportunities. Journal of personality assessment. 82. 291-305. 10.1207/s15327752jpa8203_05.
  • Kidd, C., & Hayden, B. Y. (2015). The Psychology and Neuroscience of Curiosity. Neuron88(3), 449–460. https://doi.org/10.1016/j.neuron.2015.09.010