El privilegio de ser imprescindible

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 25 noviembre, 2015
Sonia Viéitez Carrazoni · 21 mayo, 2013

Otra realidad evidencia, que hay personas con talento, dedicación, que con capacidad y esfuerzo hacen que las cosas más difíciles adquieran sencillez, gente valiosa que no se desmorona ni se rinde ante la dificultad o un problema, gente que en definitiva nos facilita el camino y nos abre todas las puertas.  Estos son los extraordinarios, los maravillosos, los anhelados. Pero no nos equivoquemos: no son los imprescindibles.

Los mejores, son aquellos que nos dejan marcados con recuerdos imborrables. Los que acarician, consuelan, alientan, y nos ofrecen compasión, esperanza, y multitud de sensaciones transcendentales. Estos son los esenciales.
 

Sin embargo, en ocasiones nos encontramos con personas que con tan  sólo decir una palabra nos desestabilizan positivamente y consiguen ilusionarnos, personas que sonríen y nos contagian felicidad, que inventan sueños para regalarnos el nuestro, que cuando nos bombardean con su ayuda se nos queda conmocionada el alma.  Personas que con un sólo abrazo eliminan toda nuestra soledad de  golpe, y a cambio se quedan con su soledad como si nada. Gente en definitiva inmensamente necesaria, irremplazable, que por su magia se convierten en imprescindibles.

 

Los imprescindibles no reemplazan lo que sobra, con lo que falta. Son ingenuos, felices, humildes. Eliminan los obstáculos por una camino libre de piedras para llegar de manera auténtica, al  corazón de los demás. Son un lujo a la vuelta de la esquina que siempre están dispuestos para   posicionarse a nuestro alcance.