El salario emocional

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 21 julio, 2014
Edith Sánchez · 21 julio, 2014

El trabajo es una actividad que ocupa gran parte de nuestra vida y no para pocos es un motivo de tormento. En la cultura judeocristiana el concepto de trabajo nace con una connotación de castigo. La Biblia dice que Dios expulsó al hombre del paraíso y una de las consecuencias fue que en adelante debía ganar el pan con el sudor de la frente.

Los trabajadores del mundo han conquistado derechos laborales con gran esfuerzo, a lo largo de la historia. Cada vez se entiende mejor que quien vende su fuerza de trabajo no está vendiendo con ello sus principios, ni su valor como persona. Poco a poco nos desprendemos de la concepción del trabajo como castigo y lo entendemos ahora como derecho.

Actualmente un trabajador no solamente evalúa cuánto va a ganar por realizar determinada labor. También toma en cuenta otros aspectos que son tan o más importantes que el dinero mismo.

¿Qué es el salario emocional?

El salario emocional es la percepción que tiene un trabajador de los beneficios que le ofrece su labor, en términos subjetivos. Al elegir una determinada plaza, una persona obviamente piensa en lo que va a ganar monetariamente, pero también toma en cuenta los demás elementos positivos que le aportará a su vida.

En principio evaluamos esos beneficios a partir de las condiciones generales del trabajo. Por ejemplo, la ubicación del sitio donde vamos a desempeñar la labor; la comodidad de las instalaciones; el horario, los tiempos de descanso, el equipo físico que tendremos a disposición y las perspectivas de crecimiento dentro de la empresa.

Más adelante somos sensibles a otros aspectos que no son tan evidentes. Particularmente a lo que se conoce como el “clima laboral”. Con esta expresión se define la calidad de las relaciones entre los compañeros de trabajo y entre los directivos y los empleados.

Todas las empresas tienen conflictos en su interior. Donde hay seres humanos, hay conflicto: eso es una realidad. Lo que cambia de un sitio a otro es la manera como se abordan y se resuelven esos pequeños problemas cotidianos que nunca faltan.

Algunas organizaciones tienen bien calibrado el asunto y por eso implementan mecanismos de diálogo, que son democráticos y permiten que todos se expresen en condiciones de equidad y con libertad. Esto va creando una cultura empresarial en donde cada persona siente más reconocida en su individualidad y reconoce mejor la de otros. En este caso, el trabajador percibe que está ganando algo más que un salario.

Factores del salario emocional

Según algunos estudios, los factores que más inciden en la percepción de un trabajador a la hora de valorar la organización a la que pertenece, son:

El respeto a las creencias y valores de cada persona

La sensación de justicia en la remuneración que recibe

El criterio de equidad en la empresa (que no haya privilegios para un trabajador si está en condiciones similares a otro)

La percepción de que la empresa hace bien su labor y tiene futuro

La existencia de condiciones para que el trabajador mejore su posición con el tiempo

La dotación adecuada de los medios para realizar bien el trabajo

Cuando estos factores existen, los trabajadores desarrollan un sentido de pertenencia más fuerte en una organización. Eso lleva a que hagan mejor su tarea y a que logren establecer una identidad entre su proyecto de vida y su trabajo. Habrá mayor sinergia de voluntades y la empresa contará con mejores posibilidades para crecer y ser mejor.

Muchas empresas olvidan que los primeros clientes son sus propios trabajadores. Son ellos los que se encargan de hacer que una marca sea más que un logotipo y un sistema de producción. Son los trabajadores quienes, en últimas, van a convertir un nombre abstracto en un producto o un servicio concretos.

Imagen cortesía de Pedro Agüera.