El síndrome de desconexión emocional

Edith Sánchez·
17 Marzo, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
17 Marzo, 2020
El síndrome de desconexión emocional está relacionado con la dificultad para identificar y experimentar las diversas emociones. Lo más habitual es que nazca de experiencias difíciles o traumáticas que no se han elaborado de manera deacuada.
 

El síndrome de desconexión emocional se produce cuando una persona deja de sentir afecto. Pronto esto se extiende hacia otras emociones y se genera una situación en la cual parece como si no sintiera nada. Obviamente, en estos casos es imposible establecer un vínculo de empatía con los demás porque, para hacerlo, es necesario sentir.

Desafortunadamente, se ha extendido la idea de que hay una oposición entre emociones y razón. Muchos creen que las emociones forman parte de una zona primitiva del ser y que son un equívoco en sí mismas.

Para que se conviertan en un “producto” aceptable, piensan ellos, deben ser tamizadas a través del filtro de la razón. Es así como se llega al síndrome de desconexión emocional.

Casi todas las personas pasan por algún momento en que necesitan reducir lo que sienten, porque la intensidad de ello es inabordable o porque hay agotamiento emocional. Esto es completamente normal.

Solo se habla de síndrome de desconexión emocional cuando esos estados se vuelven más o menos permanentes durante un largo periodo de tiempo.

La felicidad proviene de la capacidad de sentir profundamente, de disfrutar simplemente, de pensar libremente, de arriesgar la vida, de ser necesitado”.

-Storm Jameson-

Hombre pensando muy serio
 

Características del síndrome de desconexión emocional

La principal característica del síndrome de desconexión emocional es el aislamiento. Ojo, porque en este caso no se trata necesariamente de aislamiento social. De hecho, muchas personas que encajan con este cuadro son muy activas socialmente y esa es precisamente su estrategia para aislarse: estar con muchas personas sin estrechar los lazos con ninguna.

El aislamiento en este caso tiene que ver con una modalidad de ruptura emocional con el entorno. No se siente afecto por nadie en particular o se rechaza ese afecto si surge. Esto ocurre también con las propias emociones: no se les da valor, se minimizan o se hace lo que sea necesario para asfixiarlas. La consigna, no siempre consciente, es la de no sentir.

Algunos rasgos que identifican al síndrome de desconexión emocional son los siguientes:

  • Evitar hablar de las emociones. En particular, de las emociones que suponen algún grado de vulnerabilidad.
  • Incapacidad para experimentar intensidad emocional. En este caso, también se rechazan las emociones intensas, tanto en la persona misma, como en los demás.
  • Dificultad para sentir empatía. La persona no cree que las emociones de los demás sean valiosas, ni piensa que haya algo que comprender en ellas.
  • Extrema racionalidad. Se exalta continuamente el valor de la razón y se busca llevar todo al terreno del pensamiento.
  • Dificultad para establecer relaciones profundas. Las relaciones con los demás se caracterizan por su intrascendencia.
 
  • Autopercepción confusa. En estos casos resulta muy difícil identificar las emociones propias y se experimenta el mundo interno como si estuviese adormecido o aturdido.

Un mecanismo de defensa

En la mayoría de los casos, el síndrome de desconexión emocional obedece a experiencias negativas o traumáticas que se evaden. La persona opta por emplear estrategias de negación, represión o bloqueo ante lo que nace en el mundo emocional. Lo que teme es pasar de nuevo por una experiencia de sufrimiento y ha decidido cortar esa posibilidad de raíz, impidiéndose sentir.

No es raro que este síndrome también aparezca en quienes han sido objeto de un trato desconsiderado de forma sistemática. Quizás no tengan una experiencia grave en particular, pero el maltrato o la indiferencia diarios les han llevado a sus propias emociones. En realidad, no es que no quieran sentir, sino que no quieren sufrir.

La gran contradicción en todo esto es que negarse a sentir da origen a una enorme fuente de sufrimiento. Quien toma esa decisión (casi siempre sin darse cuenta) se priva de la intimidad. Esta es uno de los principales activadores de la felicidad. Lo usual es que quienes se niegan a sentir, experimenten un vacío profundo y un sentimiento de soledad encubierto.

Mujer con venda en sus ojos
 

El valor de las emociones

Las emociones son las señales más genuinas de lo que ocurre en el interior de cada ser humano. Si aparece el miedo, significa que hay algún factor que se percibe como amenaza. Si hay ira, implica que experimentamos frustración por algo, o que se activó nuestro sentido natural de defensa. Si hay afecto, esto supone que hemos construido una identidad subjetiva con alguien más.

Las emociones no hacen a nadie débil, sino todo lo contrario: entregan trazas de identidad, expresiones del ser y partiendo de ellas se puede construir la comprensión y reafirmación de lo que somos. Lo que sí puede debilitar es el manejo que se le da a esas emociones. Tergiversarlas, negarlas o inhibirlas, provoca una desfiguración del ser.

El aislamiento emocional no es un material con el que se construyan vidas felices. Con frecuencia, lleva a la confusión y a la indiferencia frente a todo. Es terreno fértil para que crezca el hastío y palidezca el deseo de vivir. Por eso, ante el síndrome de desconexión emocional, lo más eficaz es solicitar ayuda profesional.

 
Ruiz, R. O., Sánchez, V., & Menesini, E. (2002). Violencia entre iguales y desconexión moral: una análisis transcultural. Psicothema, 14(Suplemento), 37-49.