El trastorno de apego reactivo, ¡no me toques! - La Mente es Maravillosa

El trastorno de apego reactivo, ¡no me toques!

Raquel Lemos Rodríguez 15 diciembre, 2017 en Psicología educativa y del desarrollo 255 compartidos
Niño llorando con su madre

El apego es un tipo de vínculo afectivo que se desarrolla durante la infancia. Si no se hace de la manera correcta, es decir, si no se satisfacen todas las necesidades que los más pequeños demandan, pueden establecerse patrones de apego perjudiciales. El trastorno de apego reactivo es uno de ellos y se caracteriza por una inhibición emocional y afectiva que los niños presentan hacia sus progenitores o cuidadores.

Es extraño que los niños no demanden ningún tipo de contacto y que rehuyan de él como si sus cuidadores quemasen. Estos niños no han nacido con esta actitud, sino que esta se ha ido forjando de acuerdo a lo que el entorno les estaba ofreciendo. En estos casos lo más probable es que hayan estado en contacto con un entorno completamente desestructurado y tóxico para ellos.

“La historia previa del niño es la que condiciona su forma de sentirse en el mundo y lo que esperan de él”.

-Charo Blanco-

niño solo que sufre trastorno de apego reactivo

¿Cuál es el entorno que favorece el trastorno de apego reactivo?

Cuando hablamos de trastorno de apego reactivo estamos refiriéndonos a un contexto que no está cubriendo o supliendo las necesidades básicas de los niños. Estas necesidades incluyen seguridad y protección, contacto saludable con otras personas, comer, dormir, no sufrir dolor… Por ejemplo, unos padres que no atienden a su hijo cuando este llora por hambre o frío, “inutilizaran” de alguna manera la principal señal de demanda que con la que cuenta el pequeño.

Como podemos ver, las demandas más básicas del niño no se atienden, por lo que él desarrolla una actitud -no gastar energía llorando- que aumenta las probabilidades de supervivencia en el ambiente que le ha tocado vivir. Pero, ¿qué más situaciones pueden desencadenar este trastorno?

  • Cuidadores con escasas habilidades parentales: no se encuentran preparados ni seguros. No saben lo que tienen que hacer. Tampoco buscan formarse o adquirir mayores conocimientos. Se conforman con lo que saben para salir del paso.
  • Cuidadores que no expresan sus sentimientos: nadie les ha enseñado a expresar sus emociones o debido a experiencias traumáticas hacen lo opuesto, esconderlas en su interior. La consecuencia es que no saben manifestar su afecto y expresar el amor que sienten por su hijo, por lo que este no lo recibe.
  • Violencia física o psicológica: hablamos de violencia en la relación que tienen los cuidadores, violencia física con el propio niño e, incluso, abusos sexuales.
  • Niños huérfanos: pasar por cuidadores muy diferentes o criarse en un orfanato puede hacer que las necesidades no se suplan de la manera adecuada y que se fomente la inseguridad y la sensación de abandono.
Los niños con trastorno de apego reactivo evitan cualquier contacto con sus cuidadores y son incapaces de expresar o expresan pocos sentimientos y emociones positivas. En general, no recurren a nadie cuando sienten dolor, miedo o inquietud, algo que les pasa mucho.
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Los niños que desarrollan un trastorno de apego reactivo, causado por entornos como los ya descritos, evitan el contacto con sus progenitores o cuidadores, pues han aprendido que por mucho que demanden no consiguen lo que necesitan. Asimismo, la falta de cariño e incluso de contacto físico, dificulta la expresión de sus emociones y sentimientos. De alguna manera, se vuelven autosuficientes y rechazan aquello que les ha hecho daño. No hay vínculo. No se han sentido valorados. Por lo tanto, desarrollan el trastorno de apego reactivo como una estrategia para adecuarse al entorno que les ha tocado vivir.

Niña triste

Vuelta a los orígenes: la construcción de buen apego

Con todo esto nos surge una pregunta, pues si todo lo que nos ocurre en la infancia nos marca tanto, ¿es posible que el trastorno de apego reactivo tenga alguna solución? La respuesta es “sí”, no obstante su abordaje resulta muy complejo ya que es necesario que se involucren diferentes profesionales. No basta con un especialista en psicología, sino también es recomendable la inclusión de un médico, un asistente social, la propia educación y la modificación del entorno en el plan de intervención.

El padre, madre, tutor legal o cuidador tiene que responsabilizarse de un proceso que llevará un tiempo, pero cuyo resultado puede ser muy exitoso. Lo que se busca es la construcción de un vínculo sólido y fuerte. Un vínculo seguro. Para ello, será importante trabajar la autoestima del niño y diversas habilidades sociales.

Muchos podrían preguntarse si realmente se resuelve este trastorno o tan solo el niño aprende a comunicarse de manera efectiva con una serie de herramientas que le funcionan. ¿En el fondo establece algún vínculo sólido? ¿Su avance tan solo es aparente debido a las habilidades que ha adquirido?

En este sentido, la terapia cognitivo-conductual proporciona una estrategia centrada en la restructuración cognitiva que se ha demostrado válida para cambiar las cogniciones disfuncionales que estén afectando al establecimiento de vínculos saludables. Una realidad muy alentadora, sobre todo para todos aquellos niños que han estado en familias desestructuradas y que sufren el trastorno de apego reactivo.

“El niño necesita tiempo para aprender a confiar en la accesibilidad y disponibilidad de su cuidador y a partir de ahí sentirse seguro respecto a él”

-Anónimo-

Tener un hijo y la propia crianza son elementos muy importantes y cuya responsabilidad recae sobre los padres o tutores. Los más pequeños no son objetos, son personas que aprenderán de sus primeras relaciones y generarán la tendencia a replicar el mismo patrón de interacción en el futuro. Esforzarnos por hacerlo lo mejor posible, por formarnos, pedir apoyo o ayuda, nos permitirá atender a todas las necesidades que tengan los pequeños, evitando así que puedan desarrollar, en este caso, el trastorno de apego reactivo.

Padres con sus hijos felices aplicando la autoridad positiva y evitando el trastorno de apego reactivo

Raquel Lemos Rodríguez

Soy escritora y una apasionada de la música. Rodeada de libros desde pequeña, siento la necesidad de plasmar escribiendo aquello que me inquieta y provoca curiosidad.

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