El vigilante, la serie que despierta muchos de nuestros miedos

Uno de los factores más decisivos a la hora de comprar una casa es el vecindario. El acoso y el sinvivir al que nos pueden someter esas figuras puede ser realmente aterrador. Esto es lo que nos cuenta “El vigilante”, una serie basada en hechos reales.
El vigilante, la serie que despierta muchos de nuestros miedos
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 19 noviembre, 2022

Uno de nuestros mayores deseos es poder adquirir la casa de nuestros sueños. Hay quien ahorra media vida para dar ese paso, muchos se hipotecan para tal fin y los demás, sencillamente, seguimos alimentando dicha aspiración jugando a la lotería. Sin embargo, entre esas fantasías por poseer la mejor de las propiedades, descuidamos un aspecto a menudo decisivo: el vecindario.

La vida puede torcerse por completo dependiendo de a quién tengamos viviendo al otro lado de nuestro muro o en la acera de enfrente. Porque, aunque las casas no tengan ojos, sí tienen ventanas tras los que se posicionan personas que no siempre son amables. Porque, aunque un hogar no tenga manos y piernas, la habitan individuos capaces de amargarnos la existencia.

Esto es lo que nos cuenta una de las últimas series de Netflix. Si no hace mucho el productor y guionista Ryan Murphy nos sorprendía con el biopic de Jeffrey Dahmer, en esta ocasión nos presenta The watcher (el vigilante). La protagonista absoluta de esta serie es una preciosa casa situada en un barrio de clase alta.

En su interior, se desarrolla una historia que fue real -en parte-, evocándonos esos miedos palpables y espinosos que cualquiera de nosotros podemos vivir en piel propia en algún momento.

No hay casas malditas, las casas las embrujan sus habitantes con sus personalidades y sus vivencias. Sin embargo, en muchos casos, como sucede en la serie “El vigilante”, los causantes de maldecir una residencia es el entorno que lo rodea y, en concreto, el vecindario.

Escena de El vigilante
Una casa debería ser siempre nuestro espacio más seguro. Cuando esto no es así, toda nuestra vida se ve alterada.

Vecinos, montaplatos y cartas amenazantes

La serie El vigilante (The watcher), arranca como lo hacen la mayoría de las películas de casas encantadas. La familia Brannock adquiere una casa de estilo colonial holandés en el 657 boulevard, en el distinguido vecindario de Westfield, en Nueva Jersey. Su objetivo no es otro que dejar a un lado la estresante vida neoyorkina e invertir todos sus ahorros en un escenario tranquilo, idílico y sin apenas tasa de delincuencia.

La inversión parece valer la pena, la casa está en muy buen estado. Incluye hasta un montaplatos y el entorno parece, sin duda, de lo más plácido y seguro. Sin embargo, no tardan en descubrir a un vecindario tan hostil, como invasivo. Son figuras para quienes los Brannock son poco más que intrusos engreídos ocupando una propiedad que no merecen. La casa es como una vieja y sagrada entidad a la que toda una serie de esperpénticos personajes parecen venerar.

La familia no lleva ni unos días instalada en la nueva residencia, cuando una mañana recibe una carta algo desagradable. La firma “el vigilante”, alguien que demuestra estar observando todos y cada uno de sus movimientos y que, además, no está nada contento con los cambios que están haciendo en la casa… Esa es solo la primera de otras muchas misivas que van escalando en amenaza y extrañeza.

 “Querido nuevo vecino en 657 Boulevard, permítame darle la bienvenida al vecindario. ¿Cómo terminaste aquí? ¿Te llamó la fuerza de esta casa? El 657 Boulevard ha sido el tema de mi familia durante décadas y, a medida que se acerca su cumpleaños número 110, me han puesto a cargo de observar y esperar su segunda venida. Mi abuelo observó la casa en la década de 1920 y mi padre la observó en la década de 1960. Ahora es mi momento. ¿Conoces la historia de la casa? ¿Sabes qué hay dentro de los muros de 657 Boulevard? ¿Por qué estás aquí?”.

-El vigilante-

El peor de los miedos: sentirse inseguro en la propia casa

No hay ironía más aterradora que ver cómo el propio hogar se vuelve, de pronto, en el escenario más amenazante para una familia. Esta es la temática preferida de muchas novelas de terror, como lo fue The Haunting of Hill House, la conocida novela de Shirley Jackson en 1959. Sin embargo, como bien sabemos, la realidad puede ser mucho peor que la ficción.

En el momento en que la familia Brannock empieza a sentirse observada, asediada y amenazada en el propio hogar, todo su mundo se derrumba. El vigilante es una figura invisible a la que no pueden poner rostro. Aunque, evidentemente, sospechan de esas raras avis que conforman su vecindario. La policía apenas da trascendencia a las cartas, los sucesos se intensifican y por si no fuera poco, la armonía entre ellos también se desintegra poco a poco.

El padre inicia todo un viaje de autodestrucción que nos recuerda, en cierto modo, a los protagonistas de The Shining o The Amityville Horror. El único apoyo que logran es el de una investigadora privada que también arrastra consigo sus propios fantasmas. Gracias a ella, descubren la inusual historia de la casa en la que habitan. Un escenario en el que antiguos propietarios también recibieron en su día las cartas del vigilante…

“¿Quién soy? Hay cientos y cientos de coches que pasan por delante del 657 Boulevard todos los días. Tal vez estoy en uno. Mira todas las ventanas que puedes ver desde 657 Boulevard. Tal vez estoy en uno”.

-El vigilante-

El vigilante, la historia real que inspiró la serie

La serie El vigilante se inspiró en un caso real. Cabe señalar que Ryan Murphy y sus guionistas se han tomado más de una licencia en la historia. A pesar de ello, los auténticos expropietarios del 657 Boulevard han preferido no ver la producción porque aún se sienten traumatizados.

Se trata de la familia Brannock, una joven pareja junto con sus tres niños pequeños, que adquirieron la propiedad por 1.4 millones de dólares en el 2014. Y efectivamente, la casa era de ensueño: 364 metros cuadrados, 6 habitaciones, un fabuloso jardín, piscina, etc. Sin embargo, a las dos semanas empezó la pesadilla.

Recibían cartas de un anónimo denominado “el vigilante” que agradecía que hubieran traído “sangre joven” a la casa (refiriéndose a los niños) e insistiendo que, algún día, verían lo que se escondía tras las paredes de aquella mansión. El padre, como sucede en la propia serie, se obsesionó con aquella situación, colocando cámaras y llamando incluso a un sacerdote para que bendijera la propiedad.

Todo fue inútil. El miedo y la sensación de peligro eran tan intensos que abandonaron la casa. Con el fin de obtener rentabilidad, la alquilaron, hasta que finalmente lograron venderla por 959 000 dólares. La pérdida económica fue notable, pero la mayor de las heridas fue la moral y la psicológica, porque hasta el momento no han podido saber quién era el remitente de aquellas amenazas.

Aunque en el 2019, la policía encontró ADN en una de las cartas y determinó que el vigilante debía ser una mujer…

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  • Breslau, N., Wilcox, H. C., Storr, C. L., Lucia, V. C., & Anthony, J. C. (2004). Trauma exposure and posttraumatic stress disorder: a study of youths in urban America. Journal of urban health : bulletin of the New York Academy of Medicine81(4), 530–544. https://doi.org/10.1093/jurban/jth138