En el amor, ofrece alas para volar y raíces para crecer

En el amor, quiero alas para volar y raíces para crecer

Valeria Sabater 5, Julio 2015 en Psicología 16746 compartidos

Toda relación donde exista afecto, ya sea a nivel de pareja, respecto a los hijos e incluso a nivel de amistad, supone crear un adecuado equilibrio entre lo tuyo y lo mío. Entre tus necesidades y las mías.

Parece un proceso algo complejo, pero en realidad, la magia de toda relación humana saludable e íntegra, se basa en el respeto y en ofrecer lo mejor a la otra persona, a la vez que cuidamos de nosotros mismos.

Ofrecer alas para volar es permitir que ese ser amado elija sus espacios, cultive sus aficiones y desarrolle cada día “ese yo” para alcanzar su plenitud personal. Si esa persona es feliz con ella misma, esa energía positiva también revertirá en mi. Juntos creamos, respetando espacios y necesidades, a la vez que “arraigamos”.

Arraigar en nuestras relaciones afectivas no significa en absoluto “dominar”o “controlar”. Alimentar nuestras raíces es cultivar el afecto cotidiano, el respeto y el amor para crear una misma unidad. Es lo que nos une, es la raíz que hemos creado juntos y que a su vez, nos hace crecer siendo dos en uno.
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“En el amor quiero alas para volar y raíces para crecer”. Si bien es cierto que hay personas que se decantan por una dimensión o por otra a nivel personal, la auténtica felicidad en nuestras relaciones sociales y afectivas estaría sin duda, en ese “mágico” equilibrio.

Hablemos hoy sobre ello.

Alas para volar y raíces para crecer en nuestras relaciones afectivas

crecer

Empezaremos hablando de nuestras relaciones de pareja invitándote a hacer una sencilla reflexión. En la relación que mantienes ahora, o que mantuviste en el pasado… ¿Eres o fuiste capaz de evolucionar como persona? ¿Compartís esos vínculos capaces de ofrecer libertad a la vez que protección o complicidad?

Si no es así, si en la pareja no existe un crecimiento armónico capaz de evolucionar con el tiempo y con las necesidades de cada uno, las raíces se debilitan. Aparece la frustración personal, un sentimiento negativo que al final, se acaba proyectando no sólo sobre uno mismo, sino también sobre la pareja en ocasiones.

Hablamos en estos casos de “crecimiento inarmónico”. Ahí donde o bien se han priorizado sólo la necesidades de uno, o bien, la propia relación se ha mantenido inmóvil, buscando sólo arraigar al pensar únicamente en la propia pareja pero no en el crecimiento individual de los individuos.

¿Un ejemplo? Iniciamos una relación llena de emociones, de pasión intensa. Nos centramos tanto el uno con el otro, que dejamos de lado las amistades, hasta el punto que a los dos nos molesta “salir de esa esfera” de intimidad que hemos creado.

Con el tiempo, estas relaciones se convierten en agujeros negros que se retroalimentan a sí mismos hasta la propia destrucción.

Es pues vital que tengamos en cuenta estas dimensiones para mantener un adecuado EQUILIBRIO:

1. Crecimiento individual

En relación a uno mismo:

  • Debo tener consciencia de mi mismo, del aquí y ahora, de lo que necesito.
  • Yo soy responsable de mi propio crecimiento personal.
  • Debo enriquecerme de todo lo que me rodea, de las experiencias de cada día, de las conversaciones, de los viajes, de las lecturas, de todo lo que me ofrece la vida, incluida, como no, mi pareja.

amarte para enriquecerte

2. Crecimiento de la pareja

Por otro lado, en relación al vínculo que se ha creado con la otra persona hay que tener en cuenta que:

  • Mi crecimiento personal repercute en el crecimiento de la propia pareja. Si yo soy feliz y estoy satisfecho/a con lo que soy, con lo que tengo y en cómo me veo, daré todas estas emociones positivas a la persona que quiero.
  • Debemos mantener un diálogo continuo sobre nuestro crecimiento, porque toda pareja necesita renovar vínculos a medida que pasa el tiempo y surgen nuevas situaciones (nacimiento hijos, cambios o pérdidas de trabajo… )
  • Debemos mantener un ajuste entre la metas individuales y las comunes, ofreciéndonos ayuda mutua, haciendo crecer nuestras raíces, a la vez que nos ofrecemos “alas”.

Alas para volar y raíces para crecer en la educación de los niños

Para educar niños felices, ofréceles alas para volar, raíces para volver a ti, y la seguridad de que siempre te tendrán a su lado en cada paso que den para convertirse en personas responsables e independientes.
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amor

A menudo te hablamos en nuestro espacio de que hay que evitar los apegos para poder disfrutar de libertad emocional. Si bien es cierto que existen apegos tóxicos que nos aferran a las cosas de tal modo que nos acaban dominando y nosotros mismos a ellas, es vital comprender que los apegos también son parte de las propias raíces.

Estamos hablando cómo no de esos apegos saludables que los niños establecen con los suyos para crear vínculos. Y los vínculos crean seguridad, para que nosotros, les “insuflemos” aire, vida y confianza para que abran sus alas y vuelen allá donde ellos elijan.

Allá donde les lleve el corazón y sus necesidades, sabiendo siempre que cuentan con sus raíces, con ese arraigo que le ofrece un origen y un amparo eterno allá donde vuelen sus sueños... su vida.

Ahí está la magia del equilibrio, en ofrecer un amor que nos haga volar, a la vez que crecer.

Cortesía imágenes: Amanda Clarke, Lesya Nedzelskaya.

Valeria Sabater

Soy psicóloga y escritora. La curiosidad por el conocimiento humano es mi cerradura particular, la psicología mi llave, la escritura, mi pasión.

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