Entrevista a Marcelo Ceberio: «Es posible ganar neuroplasticidad con la terapia»

29 mayo, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Marcelo Ceberio
En nuestra entrevista a Marcelo Ceberio descubrimos cómo se relacionan los procesos terapéuticos con la neuroplasticidad. De hecho, cualquier situación o problema puede ser trabajado desde este enfoque.

Marcelo Ceberio es una de las figuras más destacadas de la psicología actual. Es autor de numerosos trabajos, artículos científicos y de más de 25 libros; algunos de ellos tan conocidos como El cielo puede esperar, Los superhéroes también van a terapia o Cenicienta y patitos feos.

Por otro lado, si por algo es conocido este terapeuta argentino es por ser uno de los máximos representantes de la escuela sistémica. Ceberio estudió este modelo en el Mental Research Institute de Palo Alto, California, donde ejerce actualmente de profesor e investigador.

Hoy en nuestro espacio tenemos el placer de entrevistar a Marcelo Ceberio para que nos hable sobre un tema muy interesante: la neuroplasticidad y su relación con la psicoterapia.

“Un ejercicio para estimular la neuroplasticidad sería algo tan simple como correr haciendo los propios caminos evitando los tradicionales. Lavarse los dientes con la mano contraria a la usual, caminar para atrás…”.

-Marcelo Ceberio-

Entrevista a Marcelo Ceberio: terapia y neuroplasticidad

Nuestro cerebro sigue envuelto en cierto halo de misterio. Este órgano, de poco más de kilo y medio de peso y con sofisticadas conexiones neuronales, es capaz de cambiar con cada cosa que hacemos o pensamos. A esto lo llamamos neuroplasticidad, o lo que es lo mismo, la capacidad del cerebro para cambiar tanto su estructura física u organización funcional en base a nuestro comportamiento.

Estamos ante una dimensión que hasta hace poco no se daba por válida. Es más, se pensaba incluso que, llegada cierta edad, era imposible crear nuevas redes neuronales. Sin embargo, a día de hoy, figuras tan relevantes como el doctor Álvaro Pascual Leone intentan comprender estos mecanismos para generar cambios en los pacientes.

Marcelo Ceberio, por su parte, nos revela cómo el propio proceso terapéutico, en cualquier tipo de abordaje psicológico, también favorece la neuroplasticidad. Estamos, por tanto, ante una herramienta esperanzadora que nos permitiría reconstruir significados, creando nuevos estilos de pensamiento con los que favorecer el bienestar en la persona. El propio Marcelo Ceberio nos lo explica en esta interesante entrevista.

Cerebro iluminado

P. ¿Qué es la neuroplasticidad?

¡Pensar que hasta no hace mucho tiempo se pensaba que era imposible crear nuevas redes neuronales! Hoy sabemos que hasta en el último momento de vida se construyen redes y redes de redes y ¡redes de redes de redes! Las redes neuroplásticas implican una cadena de neuronas socias que se potencian entre ellas.

Es un efecto dominó neuronal en el que las células nerviosas operan en cadena sinergizándose unas a otras. Si el ambiente es un entorno cambiante, en pos de la adaptación, es necesario plasticidad conductual y con ella una asociación neuronal que produce una reacción en red que implica emociones, reflexiones y acciones.

Dicha plasticidad es una propiedad de los sistemas biológicos que les permite adaptarse a los cambios del medio para sobrevivir, por lo tanto, el aprendizaje y la memoria son eventos que favorecen la flexibilidad y cuanto más plástico es el sistema nervioso, mayor es la capacidad de aprendizaje de los organismos.

En este punto, debemos recordar que las emociones básicas darwinianas -alegría, tristeza, asco, miedo, sorpresa e ira- han posibilitado la adaptación y la supervivencia en los diferentes contextos desde nuestros ancestros homínidos hasta lo que hoy somos como Sapiens.  

P. ¿Cómo podemos ganar neuroplasticidad?

Parte de la coreografía de la comunicación humana está conformada a través de un correlato de acciones, retroacciones e interacciones que gestan numerosos constructos poblados de significados. Pero estos significados son también los generadores de estos circuitos, y así recursivamente en un sistema sin fin.

No obstante, las acciones –y aquí incluyo las alocuciones- inmediatamente cuando se vierten al contexto, producen codificaciones propias del interlocutor. Razón por la cual, la respuesta en la interlocución surge como producto de construcciones atributivas personales.

Cada una de las cosas (en la que incluyo con este término a sujetos, situaciones y objetos) que nos toca vivir, son incluidas en categorías. Las categorías son boxes cognitivos que portan una semántica particular. Las categorías agrupan las cosas en clases y a la vez una categoría puede ser miembro de una categoría e integrar varias categorías: silla puede integrar la categoría de muebles, pero a la vez silla puede ser la categoría que reúne a diferentes formas y estilos de sillas.

En nuestra percepción trazamos distinciones, es decir, focalizamos o estamos atentos a ciertas cosas que nos impactan y muchas de estas cosas las incluimos en categorías que se concatenan en red con uno o varios significados. En este sentido, redes categoriales tienen su homólogo en las redes neuroplásticas.

La perseveración en las acciones desarrolladas bajo los mismos constructos de significado, los hábitos, la costumbre de desarrollar acciones bajo los mismos esquemas, los intentos de solución fracasados, pero que se continúan aplicando a pesar de obtener el resultado contrario al que deseamos, muestran el mismo surco, el mismo trayecto de redes neuronales. Una vez que la red se perpetúa, se sistematiza y caemos en una inercia que va en contra de hacer acciones, percepciones o emociones diferentes: es el camino contrario a la creatividad.

Este pequeño prólogo sirve para entender que podemos ganar neuroplasticidad ejercitándonos. Es todo un desafío tomar caminos alternativos a los tradicionales, pero es una forma de ampliar nuestras redes neuroplásticas.

Hablando de caminos, por ejemplo, soy maratonista y veo como mucha gente entrena por caminos conocidos, recorridos en parques, calles, pistas, etc. Hay pocos que se atreven a hacer caminos al correr o trazar rutas alternativas, por lo general todos corren por los caminos preconcebidos. Un ejercicio para estimular la neuroplasticidad sería algo tan simple como correr evitando los caminos tradicionales.

Lavarse los dientes con la mano contraria a la usual, caminar para atrás o buscar soluciones alternativas a las que normalmente tomaríamos son algunas de las pruebas que ayudan a construir trayectos diferentes en nuestras redes, tanto de categorías como neuronales.

Hombre corriendo

P. Entonces, ¿es posible trabajar en terapia la neuroplasticidad? ¿de qué manera?

Siempre en terapia se trabajan las redes neuronales, puesto que cuando un paciente relata lo que le sucede, la ilación de su discurso en la descripción de secuencia de hechos muestra una cadena neuroplástica.

Los significados, la forma en que procesa información, su forma de emocionar, todo estructura una red neuronal. Recordemos que señalé que si el mundo lo construimos mediante categorías que conlleva semánticas, esta red de categorías cognitivas tiene su homólogo neurobiológico en la cadena neuronal.

Entiendo a la terapia o, mejor dicho, al proceso terapéutico en cualquier modelo de abordaje, como una gran reestructuración de sentido, sea la vía que se utilice para intervenir, tanto la pragmática (prescripciones de tareas) o emocional (psicodrama, uso del cuerpo), como la cognitiva (reenmarcación, connotación positiva).

Cuando reenmarcamos estamos recategorizando, entonces el cambio de categoría en el que se inscribe el problema implica una reestructuración de significados. Por lo tanto, el problema se redefine y deja de ser problema.

El cambio de categoría y la reestructuración de sentido son el producto de armar una nueva red neuroplástica, una secuencia neuronal que construye un camino alternativo al que se estaba desarrollando. Es decir, se rompe con la sistematización neuronal, con la red que portaba la producción de angustia, enojo y tensión. La forma de procesar la información que es la que conforma y es conformada por la cadena neuronal.

Gracias a que somos neuroplásticos, podemos crear oportunidades de cambio mediante la palabra y el lenguaje no verbal. De manera estratégica, los terapeutas intervenimos para facilitar la edificación de otra red.  

P. ¿Todas las situaciones o problemas que llevan los pacientes a consulta son susceptibles para trabajar la neuroplasticidad?

Si, claro, como te comentaba en la pregunta anterior todos los problemas humanos implican una edificación de cadenas neuroplásticas. En terapia, las deconstruimos armando nuevas categorías y redes alternativas a la tradicional.

Esto planteado así suena muy simple, sin embargo, es un proceso complejísimo, una especie de conjunción entre arte y ciencia. Hace poco dicté varias clases sobre epistemología sistémica y hay una frase de Einstein que dice: es mas fácil partir un átomo que un preconcepto.

Las acciones, la forma de emocionar o procesar cognitivamente los datos de la información crean redes automáticamente, es decir, son redes inerciales. Esto es lo que nos lleva al más de lo mismo y a emplear siempre la misma fórmula aunque obtengamos el resultado contrario.

Los preconceptos, mandatos, ritos son ingredientes del armado rígido de redes neuronales que hacen difícil la construcción de redes alternativas. Pero, la cuestión es qué es lo que hacemos los terapeutas….

P. ¿Puedes ponernos un ejemplo?

Siempre recuerdo a un matrimonio judío con cuatro hijos, que me vino a consultar por qué la hija mayor se transformó a la ortodoxia religiosa. Estos padres no entendían por qué la hija no permitía que sus dos hijos no podían ver a su primo.

Cuando exploré sobre los cuatro hijos, la mayor se había casado con un judío religioso y profesaba toda la familia los rituales a ultranza. El que le seguía era un judío que profesaba la religión como los padres, flexiblemente, haciendo Shabat de vez en cuando y asistiendo al templo. Los dos menores eran ateos y tenían parejas católicas. Uno de ellos tenía un hijo y por religión, sus primos religiosos no podían tener contacto.

Los padres estaban angustiados porque en cualquier fiesta, alguno de los matrimonios no asistía. Ellos no podían comprender la actitud de su hija y su yerno. ¿Cómo podía ser más fuerte la devoción y el lazo religioso que el lazo de sangre? Estaban cargados de culpa por la crianza y se preguntaban qué habían hecho mal, en qué se habían equivocado.

Tuvieron que aprender mucho de religión para lograr entender lo fuerte que puede ser esa adhesión, pero sobre todo la intervención principal fue una reestructuración de sus sentimientos de culpa. Les señale, entre otras cosas, los buenos padres que eran: afectuosos y preocupados hasta el día de hoy por el bienestar de sus hijos, tanto que esa ocupación los llevó a terapia…

Les afirmé de manera contundente que habían hecho crecer a estos hijos con total libertad de elección a todo nivel: ideológica, social, política y religiosa. Que no les habían obligado a seguir un determinado modelo, sino que ellos fueran libres en la elección.

Ahora bien, criar a hijos con esa libertad tiene como consecuencia lo que les sucedió y ese es un riesgo que hay que asumir, pero bienvenido el riesgo, si es el resultado de la libertad de elección. Por lo tanto, les felicité porque habían sido padres afectivos y responsables.

Se fueron de la sesión desconcertados, pero sin culpa. A la sesión siguiente, más felices, planificamos la organización de las fiestas y encuentros familiares. La recategorización provocó un cambio de categoría en los mismos hechos, con lo cual se desarrollaron otras acciones en consecuencia. Ese es un cambio neuroplástico, el cambio de categoría implica realizar otra cadena sináptica.

P. ¿O sea, quiere decir que el cambio en terapia está relacionado con la neuroplasticidad de alguna forma? ¿Cómo?

Por supuesto. La posibilidad de cambiar de significados crea -siempre y cuando la intervención calce en el consultante- una red alternativa a la inercial y sistematizada.

La forma, el estilo, el cómo se dice la intervención, mas allá del contenido, es el impacto que permite construir una nueva categoría. Detectar el canal más utilizado por el paciente (si es visual, tactil, olfativo, auditivo, etc.), en pos de hablar su propio lenguaje, permite la introducción mas efectiva de las intervenciones.

La copia sutil de muletillas, frases, cadencia y rito, posturas corporales, movimientos y gestos facilitan la introducción de nuevos significados.

Psicóloga con paciente

P. Trabajar la construcción de la realidad, es decir, trabajar la cognición de una persona, ¿tiene algo que ver con la neuroplasticidad?

Cuando hablamos de reestructuración de significados, estamos hablando de flexibilizar las categorías que se aplican a los hechos, razón por la cual, cuando se efectúa un cambio a nivel cognitivo se esperan emociones y acciones diferentes, por lo tanto, se está construyendo una realidad alternativa a la precedente.

Además, en la medida en que nos ejercitemos en la modificación de nuestra redes neuronales, alcanzamos mayor neuroplasticidad y ejercitamos mas nuestro hemisferio derecho, el creativo por excelencia. Así, planteamos mayores alternativas de solución a los problemas, nos adaptamos mejor a comprender el punto de vista de los otros, es decir somos más empáticos, y logramos fácilmente construir varios puntos de vista sobre las cosas.

P. Por otro lado, ¿existe relación entre la epigenética y la neuroplasticidad?

La epigenética es la rama de la biología que estudia las interacciones causales entre los genes y sus productos que dan lugar al fenotipo. Tengamos en cuenta que lo que se observa no es el genotipo de cada ser humano sino el fenotipo que es el resultado de la ecuación entre el genotipo y el contexto.

Hoy día, aún no existe un consenso universal acerca de hasta qué punto estamos preprogramados o modelados por el ambiente. El campo de la epigenética ha surgido como un puente entre las influencias genéticas y ambientales. La definición más comúnmente encontrada del término epigenética es el estudio de cambios heredables en la función génica que se producen sin un cambio en la secuencia del ADN.

Tengamos en cuenta que el estrés deja secuelas en el sistema inmunitario y es la llave efectora de todas las enfermedades desde un resfrío hasta el cáncer. ¿Por qué alguien frente a la misma situación se enferma o presenta síntomas, mientras que otra persona permanece sana?

Esta es la diferencia de cada ADN, el estrés activa genes silentes, que de no suceder situaciones caóticas no se activarían. Es el caso de gemelos que en su inscripción genética poseen un gen del cáncer: uno se muere de cáncer terminal a los 30 años y el otro se muere de vejez a los 90. ¿Qué los diferencia?

El estilo de vida, las emociones negativas, los factores ambientales, la costumbre y los hábitos, el consumo de tabaco, la dieta, el estrés, las situaciones de alto voltaje emocional pueden tener su traducción en el impacto sobre los genes. La traducción del cortisol elevado del estrés a la metilación o acetilación de las histonas que activan a los genes todavía es una incógnita.

La neuroplasticidad podría decirte que es un factor antiestrés, puesto que la posibilidad de contar con mayor flexibilidad de ópticas, empatía y agilizar la construcción de soluciones, la vida resulta más fácil y por ende mayor relajación en el ritmo de vida. Razones por las cuales es factible romper con los circuitos de activación epigenética y mejorar la calidad de vida.

Como vemos, es posible ganar en neuroplasticidad no solo ejercitando nuevas rutas cognitivas y caminos alternativos, el trabajo en terapia también es una opción. Sin duda, hablar con Marcelo Ceberio es todo una oportunidad de seguir aprendiendo.