¿Eres dependiente emocionalmente?

Cristina Roda Rivera · 14 mayo, 2016

La dependencia emocional es algo extremadamente dañino y que suele acentuarse con el paso de los años. No solo hay que explicar que la dependencia emocional no es amor, sino que en la mayoría de las ocasiones la persona dependiente emocionalmente revela la peor falta de amor posible: la falta de amor hacia uno mismo.

Podemos ser dependientes de muchas cosas, no solo de personas, la dependencia emocional se puede dar también a una idea o a una sustancia. El refuerzo de esta dependencia emocional se basa en dos canales: eludir la responsabilidad y evitar el supuesto malestar de la soledad.

Las consecuencias de ser dependiente emocionalmente son nefastas a largo plazo: nos vemos abocados a relaciones, comportamientos y costumbres que en realidad no nos llenan. Lo hacemos por el mero hecho de sentirnos aceptados y terminamos por no aceptarnos a nosotros mismos ni a la realidad que nos rodea.

Soy dependiente por miedo, no por gusto

Cuando te descubres siendo dependiente de algo o de alguien no experimentas una sensación placentera. Muy al contrario, te das cuenta del gran número de decisiones que has tomado siguiendo la dirección que apuntaba el dedo de los demás. Seguramente, la mayoría no lo hicieron con malas intenciones y en gran medida no lo hubieran hecho si no les hubieras pedido su opinión.

Ser dependiente implica decidir en base a lo que otra parte espera de mí y que la última opción a tomar en cuenta sea mi propio punto de vista.

Clavo con cadenas

La mayoría de la gente solo se atreve a opinar sobre las opciones personales de los demás cuándo intuyen que tienen alguna posibilidad de influencia. Pocas veces verás cuestionado lo que haces o piensas si no has abierto la puerta para que los demás puedan permitírselo.

Abrimos la puerta a que los demás nos den su opinión porque dudamos de la nuestra: dependemos de los demás porque dudamos de nosotros mismos.

Cómo se llega a ser dependiente: el final de un aprendizaje familiar y social

En muchas ocasiones nos hacemos dependientes con un único fin, el de evitar el sufrimiento. Otra razón común y mucho más profunda es no conocer el verdadero significado de amar, que no va unido a depender. No debemos sentirnos aún más culpables por darnos cuenta de ello, aunque echar la vista atrás y darnos cuenta de dónde procede todo puede ser muy doloroso.

Es frecuente que en el ambiente familiar encontremos los orígenes de muchos de nuestras fortalezas pero también de nuestros miedos más profundos. Cada uno de nosotros tenemos una historia única e irrepetible, sin embargo solo algunos aprenden de ella.

Otros se enganchan de forma cada vez más fuerte a sus cadenas porque les da miedo su libertad, esa que viene determinada por nuestra capacidad de entender el origen de las conductas que nunca nos traen bienestar.

La trampa del reforzamiento negativo en la familia

Muchos padres y madres se sienten dichosos de que sus hijos lloren desconsoladamente sus ausencias, reclamen su presencia aún sin ser necesaria en todo momento o justifican su derecho de limitar el tiempo y espacio que sus hijos deben pasar con otras personas. Escuchamos frases como “No puede vivir sin mí, me quiere mucho” o “Es normal que no quiera estar con otra persona, soy su madre“.

“Se ha forzado al hombre a aceptar el masoquismo como ideal, bajo la amenaza de que el sadismo es la única alternativa. Este es el mayor fraude jamás perpetrado sobre la Humanidad. Este es el artificio por el cual la dependencia y el sufrimiento se han perpetuado como los fundamentos de la vida. La elección no es auto-sacrifico o dominación. La elección es independencia o dependencia. El código del creador o el código del que vive de prestado. Este es el asunto primordial y se basa en la alternativa entre la vida y la muerte.”

-Ayn Rand-

Muñeca con cuerdas

Es la trampa del reforzamiento negativo en la familia, que no solo da lugar a personas dependientes sino también a personalidades que cursan con comportamientos antisociales : No ponen límites a las demandas de sus hijos, ya sea de afecto o materiales.

Consiguen evitar el malestar a corto plazo, pero a largo plazo potencian que sus hijos sean cada vez más caprichosos y dependientes. Estos niños no están teniendo un apego seguro ni están siendo amados más y mejor que los otros, sino que simplemente están siendo moldeados para buscar siempre su bienestar y no tolerarán la frustración en un futuro.

Ser dependiente y que dependan de ti

No hay nada más revelador para darnos cuenta de lo agotador y desgastante que puede resultar una relación de dependencia cuando no somos nosotros los que dependemos y lo que nos mostramos inseguros o ambivalentes; sino que son otras personas las que muestran esta actitud respecto a nosotros.

“La necesidad psicológica de saber que los demás te toman tan en serio como te tomas tú mismo. No hay nada particularmente malo en esto, las necesidades psicológicas son así, pero por supuesto tendríamos que recordar que una necesidad profunda de cualquier cosa de los demás nos convierte en presas fáciles.”

-David Foster Wallace-

Mujer sujetando un globo mirando el paisaje

Personas que nos consultan continuamente sus decisiones, que nos revelan sus miedos más irracionales y que en otras ocasiones también se muestran tremendamente suspicaces y atentos con todas las actividades que hacemos. Sentimos un foco de atención y presión constante y agotador porque recae en nosotros la responsabilidad implícita de no hacer sentir mal a otra persona.

En ese momento somos conscientes de como nuestra energía para amar se esfuma porque estamos demasiado agotados con una relación de dependencia, en la que una parte asume parte de responsabilidad de la otra porque esta no sabe tomar decisiones por sí misma.

Superar la dependencia

Tomar decisiones sin sentirse culpable es tomar las riendas de nuestra vida. Hacer lo que nos gusta y nos apetece sin consultarlo continuamente con los demás es el primer paso de muchos otros. Saber que podemos tomar decisiones que por ser nuestras, no tienen porque ser explicadas ni mucho menos justificadas por el resto.

Solo nosotros mismos nos conocemos y sabemos por qué actuamos cómo lo hacemos. Seguir las pautas de comportamiento de los demás esperando que a nosotros nos pueda ir bien es actuar como una marioneta con hilos en su espalda cada vez más enredados, largos y numerosos. Ve cortando poco a poco esos hilos y conviértete en el actor de tu vida sin que nadie tenga que moverte o subtitularte.