¿Es mejor preguntar o responder?

Pedro González Núñez · 1 agosto, 2016

El célebre escritor español Miguel de Cervantes era famoso por su sentido del humor. Con mucha sorna llegó a decir que “cada uno es como Dios le hizo y aún peor muchas veces”. Sin entrar en juicios personales, sí que queremos hacer una pregunta, ¿crees que es mejor preguntar o responder?

Es evidente que en el mundo hay todo tipo de personas y personalidades. No se debe generalizar. Sin embargo, no es menos cierto que tampoco debemos juzgar actitudes y formas de ser, pero en muchas ocasiones es inevitable.

En este sentido, cuando emitimos juicios de valor, podemos pensar que una persona es muy pesada porque está constantemente preguntando. O bien que otra es una sabelotodo porque responde a cualquier cuestión como si nada se escapase de su conocimiento.

“Parece que hubiera en él dos personas, una maravillosamente dotada, delicada y tierna, y la otra egocéntrica y despiadada”

-Vincent van Gogh-

Preguntar o responder

Si atendemos al escritor y filósofo Ricardo Menéndez Salmón, en algunas de sus obras encontramos un peculiar mantra que él mismo ha declarado en diversas entrevistas: “No responder, preguntar; no ilustrar, inquirir”.

Amigas hablando tomando café

De las palabras de Menéndez Salmón podemos extraer una enseñanza. Es mejor preguntar. Es decir, que aunque sepas las respuestas, hemos de ir más allá. No te detengas en lo que ya sabes. No te pares en lo que conoces.

Podríamos decir que Menéndez Salmón invita a seguir cuestionando todo. Continúa inquiriendo. Convierte tu existencia en un constante afán de conocimiento para localizar en la filosofía la libertad que solo el pensamiento es capaz de de otorgar.

Sin embargo, también es cierto que la enseñanza, según un estudio llevado a cabo por el investigador Barry Hewlett, es algo programado en nuestro propio código genético. ¿Se pueden traspasar conocimientos sin responder a las preguntas?

Preguntas con y sin respuesta

En ocasiones actuamos sin pensar demasiado y hacemos preguntas de las que ya sabemos la respuesta. ¿No te ha sucedido nunca que al reflexionar un poco sobre la cuestión descubres que realmente sabes en realidad el resultado?

No obstante, como ya decíamos, la mejor forma de aprender suele ser a través de la experiencia, con el clásico método empírico del ensayo y error y también mediante las preguntas. No obstante, para cuestionar, necesitamos a alguien que responda, ¿no?

No siempre sabremos el resultado poco después de verbalizar una cuestión, pues hay preguntas cuyas respuestas se nos escapan por complejas, por falta de conocimiento o tal vez porque no se han sopesado convenientemente.

Sin embargo, sí es cierto que todos hemos sido educados en un sistema social en el que preguntar y responder forman un todo inseparable. Tanto el alumno como el educador forman una sociedad indisoluble de cuestiones y resultados, como si de un concurso se tratase.

Preguntar o responder, ¿dónde estás tú?

Visto todo lo anterior, repetimos la cuestión, ¿es mejor preguntar o responder? Si atendemos a Menéndez Salmón, hay que cuestionar siempre e intentar ir más allá. ¿Es esta la mejor opción?

Para responder, nos hacemos eco de una singular encuesta que se viralizó hace unos meses. En la misma, para conocer el tipo de persona que eres, había que responder a diferentes preguntas ilustradas para conocer hábitos y costumbres.

Mujer con una interrogación

Entre las simpáticas cuestiones, se debía elegir entre los que toman café o te, se come el chocolate a cuadros o en un todo, si tienes disciplina o todo te cuesta horrores, si amas a los gatos o prefieres a los perros…

Es decir, que hacía falta responder a un completo cuestionario para saber entre qué tipo de personas te encuentras, conociendo las diferentes aristas de tu personalidad, tu forma de ser y tu manera de afrontar cada situación. Es decir, debías ser de los que responden.

En conclusión

En realidad, preguntar o responder forman parte de un todo. No es mejor uno que otro, francamente. Simplemente son dos cuestiones que no se sostienen la una sin la otra. El bien y el mal, el frío y el calor… Todo son dos caras de una misma moneda que se pueden matizar según la naturaleza y personalidad de cada fenómeno o persona.

“Por lo que somos, espíritu; Por lo que hacemos, materia. Materia y espíritu son una misma cosa”

-Phipip Pullman-

No eres mejor o peor por preguntar o responder. Simplemente es aconsejable aplicar el sentido común a cada situación. Usando los conocimientos, a veces seremos maestros y otras alumnos. Sea como fuere, es necesario no aceptar dogmas y seguir cuestionando todo, pues de cada respuesta siempre surgen nuevas preguntas que bien merecen ser respondidas.