El esquema de subyugación en la terapia de esquemas: ¿en qué consiste?

¿Qué es la terapia de esquemas? ¿En qué consiste el esquema de subyugación? ¿Cómo puede sernos útil en la gestión de nuestro mundo mental? ¡En este artículo te lo contamos!
El esquema de subyugación en la terapia de esquemas: ¿en qué consiste?
Gorka Jiménez Pajares

Escrito y verificado por Gorka Jiménez Pajares.

Última actualización: 21 octubre, 2022

Para la Real Academia de la Lengua Española (RAE), subyugar significa ‘avasallar, sojuzgar, dominar poderosa o violentamente’. El esquema de subyugación consiste en inhibir inconscientemente los propios deseos, preferencias y necesidades a fin de satisfacer los deseos, preferencias y necesidades de otras personas.

Cuando, en terapia de esquemas, abordamos la resolución de los problemas que trae el consultante a sesión, precisamos conocer bajo qué circunstancias se producen (tanto externas como internas), así como los pensamientos, actitudes, sentimientos y conductas asociados.

¿Qué es la terapia de esquemas?

Es una terapia integrativa: combina elementos procedentes de distintas corrientes terapéuticas como la cognitiva, la conductual, la psicodinámica, el enfoque de las relaciones objetales, además de incluir algunas pinceladas de los modelos humanistas/existencialistas.

Este tipo de terapia deriva de la terapia cognitiva de Beck y parte de una serie de supuestos que lo diferencian de las terapias cognitivo-conductuales clásicas:

  • No todas las personas acceden fácilmente a sus sentimientos, pensamientos e imágenes.
  • No siempre es posible identificar áreas problemáticas claras para el tratamiento.
  • El consultante no siempre está motivado para la tarea y le cuesta aprender estrategias de autocontrol.
  • A veces existen dificultades para desarrollar una relación colaborativa entre paciente y terapeuta: el vínculo entre terapeuta y paciente es fundamental para el éxito de la terapia.
  • No todos los patrones de conducta y pensamiento se pueden cambiar con el discurso lógico, la experimentación y el debate socrático.

La terapia de esquemas se centra en el esquema disfuncional temprano. Que sea un esquema temprano implica conocer los orígenes y la infancia del consultante y cómo estos influyen en sus problemas, razón por la que esta terapia utiliza un mayor número de técnicas emocionales. Esta conexión de los orígenes en la infancia y los patrones actuales de vida dan una explicación “histórica” del problema del consultante.

Hombre en el psicólogo
La terapia de esquemas forma parte de la tercera ola de la psicoterapia.

¿Qué es un esquema disfuncional?

Los esquemas disfuncionales son patrones amplios, generalizados y sobre todo automáticos, de recuerdos, emociones, pensamientos y sensaciones corporales. Son nuestra forma más arraigada de relacionarnos con nosotros y con los demás. Se desarrollan en la infancia y la adolescencia y, afortunadamente, se siguen elaborando a lo largo de la vida.

Todos los seres humanos tenemos una serie de necesidades que cubrir. En la terapia de esquemas, a estas necesidades se les denominan “necesidades emocionales nucleares” y cualquier ser humano psicológicamente sano es capaz de satisfacerlas de una forma adaptativa. Nos referimos a:

  • La capacidad de establecer afectos seguros con las personas que nos rodean, por ejemplo: de seguridad, estabilidad o aceptación.
  • La necesidad de ser autónomo y de sentirse competente.
  • El poseer un sentido de identidad.
  • Tener y sentirnos en libertad: poder expresar nuestras necesidades y emociones, porque son válidas.
  • La necesidad de ser espontáneos y de jugar.
  • Y también la necesidad de ponernos límites realistas y tener estrategias adaptativas de autocontrol.

Llamamos “experiencias tempranas de vida” a las situaciones de la infancia y la adolescencia en las que alguna de estas necesidades emocionales nucleares se ha visto insatisfecha de manera prolongada. Los primeros esquemas que desarrollamos en el calor del hogar suelen ser los más fuertes. Han sido descritas cuatro tipos de experiencias tempranas:

  • Frustración dañina de necesidades: cuando hemos recibido poco de algo que es bueno para nosotros a edades tempranas, podemos desarrollar esquemas como de deprivación emocional (no me siento cuidado o protegido); o el de abandono (creo que tengo a alguien a mi lado, pero en la práctica estoy solo). Son esquemas que pueden desarrollar, por ejemplo, los niños en un ambiente que carece de comprensión, amor o estabilidad.
  • Traumatización o victimización: cuando hemos experimentado algún daño o hemos sido víctimas, podemos desarrollar esquemas como el de vulnerabilidad al daño (miedo exagerado a que nos ocurra una catástrofe y no ser capaces de prevenirla).
  • Experiencias de exceso: cuando hemos recibido mucho de algo bueno, pueden aparecer esquemas como el de dependencia e incompetencia (creer que uno es incapaz de realizar sus responsabilidades competentemente).
  • Identificación con otras personas significativas: los niños son esponjas, es decir, seleccionan los pensamientos, los sentimientos, las experiencias y las conductas de los padres y los hacen suyos. Cuando esto sucede en exceso, podemos desarrollar esquemas de apego inmaduro independiente (cuando nos encontramos excesivamente implicados y fusionados con personas significativas, a menudo los padres, a expensas de nuestra propia identidad).

Además, los esquemas disfuncionales son resistentes al cambio: se autoperpetúan, es decir, sin intervención no se modifican y se mantienen a lo largo del tiempo. Son desadaptativos: tienen consecuencias a menudo autodestructivas e interfieren de manera significativa en la satisfacción de las necesidades emocionales nucleares más arriba explicadas.

¿En qué consiste el esquema de subyugación?

Es un esquema con una “orientación hacia los demás”, es decir, que se focaliza en los deseos, los sentimientos y las respuestas de los demás a expensas de la propia necesidad para obtener amor y aprobación, de sentir que formamos parte de un grupo y también para evitar posibles represalias por parte de los demás.

Por lo general, el esquema de subyugación implica suprimir algo bueno para nosotros y, en consecuencia, ser poco conscientes de nuestras necesidades básicas. Consiste en estar excesivamente entregados a los demás, o de ceder en exceso al control de lo que nos sucede a fin de evitar la ira o las represalias del otro, o de evitar sentirnos abandonados. Podemos encontrar dos formas típicas de subyugación:

  • Subyugación de necesidades: cuando suprimimos las propias preferencias, decisiones y deseos.
  • Subyugación de emociones: cuando suprimimos nuestras emociones (en especial la ira).
Mujer en silencio con su pareja
Las personas que tienen el esquema de subyugación están orientadas a los demás, por lo que no son conscientes de sus necesidades.

Habitualmente conduce a la percepción de que nuestros propios deseos, ideas o emociones no son válidos ni importantes para los demás. Frecuentemente, lleva a que sintamos la emoción “ira”, que se manifiesta como síntomas desadaptativos (por ejemplo, conductas pasivo-agresivas, estallidos de mal humor, síntomas psicosomáticos, retirada del afecto, la percepción de “interpretar un papel” o el abuso de sustancias”.)

“Los pacientes deben estar dispuestos a renunciar a sus estilos de pensamiento y conducta inadaptados para poder cambiar. Por ejemplo, hay personas que se aferran a esquemas dolorosos del pasado. Así, al permanecer en relaciones destructivas o al no establecer límites en sus vidas personales o laborales perpetúan el esquema y no pueden hacer un progreso significativo en la terapia”.

-Jeffrey E. Young-

El proceso terapéutico se centra en el cambio del esquema: si los esquemas son verdades sobre nosotros mismos -que se autoperpetúan, que son estables, automáticos e inconscientes-, a través de la terapia de esquemas buscaremos un modo más adaptativo de funcionamiento.

Para cambiarlos, el consultante tiene que identificar primero los esquemas que le están causando un problema y trabajar muy duro y de forma continua para poder modificarlos. Nunca desaparecen del todo, sino que una vez modificados, van a ser menos potentes, menos importantes y, sobre todo, se van a disponer de más estrategias para responder ante ellos eficazmente si se activan de nuevo.

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  • Ruiz
  • , M.A.; Díaz, M.I. y Villalobos, A. (2012). Manual de técnicas y terapias cognitivo-conductuales. Bilbao: Desclée de Brouwer Young, Jeffrey E., et al.
  • Terapia De Esquemas: Guía Práctica
  • . Desclée De Brouwer, 2016.