Las interesantes revelaciones de varios experimentos sobre frustración

La frustración en una de las emociones que más nos asemeja al resto de animales. En este artículo hablaremos de los principales experimentos en los que se ha estudiado, para entender los mecanismos que la soportan y las circunstancias que la precipitan.
Las interesantes revelaciones de varios experimentos sobre frustración
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 28 junio, 2021.

Escrito por Edith Sánchez, 22 abril, 2021

Última actualización: 28 junio, 2021

La literatura es rica en estudios y experimentos sobre frustración. Un estado emocional desencadenado por la reducción o supresión de estímulos que se consideran gratificantes. En general, las situaciones frustrantes tienen en común la presencia de un problema en apariencia insoluble o de un obstáculo en apariencia insalvable.

Son muchos los investigadores que han hecho experimentos sobre frustración, tanto en animales como en humanos. Los resultados indican que en muchas circunstancias las respuestas se parecen. El tema viene estudiándose de manera sistemática desde 1950 en varios lugares del planeta.

Hay varias maneras de generar frustración en los seres humanos. Se puede reducir o eliminar un estímulo gratificante, pero también es posible interrumpirlo, retardarlo o poner a una persona en una situación difícil, demorada y, finalmente, irresoluble. Todo ello está en la base de los experimentos sobre frustración. Los siguientes son algunos de ellos.

La frustración es una flecha direccional importante. Te muestra a dónde ir para avanzar. Y de qué alejarte”.

-Julie Connor-

Hombre cansado

Experimentos sobre frustración con dinero

Uno de los experimentos sobre frustración fue desarrollado por Abler, Walter y Erk en 2005. En este caso hubo 12 voluntarios a los que se les hizo una monitorización cerebral, a partir de resonancia magnética. A los participantes se les presentaba una tarjeta con un símbolo y ellos debían asociarlo a una de dos posibles respuestas.

En frente tenían un aparato con un botón. Una respuesta posible era oprimirlo con el dedo índice; si elegían la otra respuesta, debían oprimir el botón con el dedo central. La mecánica era esta: primero se les decía cuánto dinero podían ganar si elegían la respuesta correcta. Tres segundos después, se les mostraba la tarjeta con el símbolo y ellos debían responder.

Al final de cada uno de estos ejercicios, se le decía al voluntario cuánto dinero llevaba acumulado. Sin embargo, se les dijo que, si lograban responder acertadamente el 60 % de las preguntas, al final se les daría el dinero en efectivo. En caso contrario, se irían con las manos vacías.

Este es uno de los experimentos sobre frustración que tenía por objetivo detectar qué zonas cerebrales se activan cuando alguien se siente frustrado.

La conclusión fue que en esas condiciones se activan la ínsula y el córtex prefrontal ventral derecho. Lo llamativo es que estas zonas también están involucradas con el dolor físico. En otras palabras, parece que los centros que regular el dolor corporal son las mismos que se activan cuando sentimos frustración.

Experimentos sobre frustración por exclusión

Otro de los experimentos sobre frustración fue llevado a cabo en el 2000 por Eisemberger et al. En este caso, el elemento que generaba la situación frustrante era la exclusión social.

Los investigadores sometieron a los participantes a un estímulo de displacer: una plancha que emitía calor. Los voluntarios tenían que calificar el grado de molestia que esto les causaba. Después de esto, fueron invitados a participar en un juego de computador que consistía en recibir y enviar una pelota. Se les dijo que iban a jugar con otros participantes que estaban en salas diferentes. Sin embargo, todo el juego era controlado automáticamente.

A un grupo de voluntarios se les permitía jugar todo el tiempo. A otro grupo se le interrumpía el juego a los 50 segundos, aduciendo una supuesta falla del sistema. Al tercer grupo se le decía que su computador era deficiente y no se le permitía jugar. Después de terminar, a todos se les preguntó cuál había sido su grado de frustración al participar en el juego, de la forma como cada uno lo había hecho.

Los datos permitieron corroborar que quienes tenían un umbral de dolor más bajo, también eran los más sensibles a la exclusión del juego. El umbral se había medido mediante el estímulo de calor, al comienzo. Esto se contrastó con el cuestionario final y hubo coincidencia. Pese a todo, estos datos no se consideran concluyentes de una relación entre la sensibilidad al dolor físico y al dolor emocional.

Mujer sintiendo rechazo de amigos

Una conclusión general

Existen otros experimentos sobre frustración en los que se observan respuestas similares a las que se han descrito. Incluso se han hecho con bebés de cuatro horas de nacidos y se llega siempre al mismo punto: la privación de un estímulo gratificante genera respuestas de frustración. Por lo tanto, se cree que es una conducta innata.

Esto significa que lo que sí es aprendido es la tolerancia a la frustración. De forma natural, se reacciona al displacer con rechazo y estrés. En cambio, para soportar esta situación con serenidad se requiere de una conciencia formada. En este caso, se aguanta el estímulo displacentero en función de un valor o una expectativa mediata, es decir, de un bien que surgirá más adelante.

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  • Abler, B., Walter, H., & Erk, S. (2005). Neural correlates of frustration. 
  • (7), 669–672.
  • Cuenya, Lucas y Fosacheca, Sandro y Mustaca, Alba y Kamenetzky, Giselle (2011). Efectos del aislamiento en la adultez sobre el dolor y la frustración. 
  •  (1), 49-63. [Fecha de Consulta 22 de Abril de 2021]. ISSN: 0211-2159. Disponible en: 
  • Kamenetzky, G. V., Cuenya, L., Elgier, A. M., López Seal, F., Fosacheca, S., Martin, L., & Mustaca, A. E. (2009). Respuestas de frustración en humanos. Terapia psicológica, 27(2), 191-201.