Ha llegado el momento de comenzar a pensar en mí

30 septiembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Laura Rodríguez
En muchas ocasiones, la preocupación y el cuidado por los demás se impone en la lista de prioridades sobre la satisfacción de las necesidades propias. En este artículo hablamos de esta ordenación equivocada y de sus consecuencias.

«Es el momento de comenzar a pensar en mí, de cuidar de mí con la misma dedicación que lo hago con los demás». En este sentido, con frecuencia nos encontramos inmersos en cubrir las necesidades del prójimo, cuidando y velando por el bienestar de nuestros seres queridos. En ocasiones, nuestra preocupación por proteger y ayudar a las personas de nuestro entorno es de tal magnitud que pasamos por alto nuestras propias necesidades.

En cierta manera, desde la etapa infantil nos inculcan la importancia de ayudar al prójimo, de velar por los demás: «tienes que compartir», «haz todo lo que esté en tu mano para ayudarle», «no seas egoísta…». Son mensajes que nos invitan a pensar constantemente en el bienestar de las personas de nuestro alrededor, pareciendo que hacer lo contrario nos trasforma en personas egoístas, «soy malo si no pienso en los demás, sino les doy prioridad en las decisiones que tomo».

Cuidar puede ser un signo de amor hacia las personas que amamos y realmente es valorado así con frecuencia: «me quiere y me protege», «si me ayuda, me demuestra que le importo». No pretendemos en estas líneas despreciar el valor de la dedicación y el cuidado que puedan proporcionarse las personas entre sí, pues es cierto que cubre muchas necesidades.

Practicar el cuidado hacia los demás y el cuidado a uno mismo es, con gran probabilidad, compatible y beneficioso para todos los seres humanos.

Manos de una persona cogiendo las de otra

Comenzar a pensar en mí sin dejar de pensar en los demás

En ocasiones, caemos en el error de pensar que es más necesario atender las demandas externas (las necesidades de los demás) que atender a las necesidades que demanda nuestro interior, las cuales son igual de importantes. Tendemos confundir el autocuidado con el egoísmo, de tal modo que «si pienso en mí, soy egoísta». Esta creencia produce que, probablemente, nos enfoquemos en cuidar en vez de en cuidarnos.

La clave está en encontrar el equilibrio, en poder hacer las dos cosas al mismo tiempo: que cuidar a los demás no implique descuidarnos a nosotros. Es decir, proporcionar cuidados a las personas de nuestro entorno sin descuidarnos, sin dejar de lado nuestras propias necesidades.

Rachael y Richard Heller en su obra literaria Egoísmo sano: cómo cuidar de uno mismo sin sentirse culpable señalan la importancia de respetar los propios sentimientos, preferencias y deseos. Con frecuencia empleamos recursos en satisfacer las necesidades de los que nos rodean antes que las propias.

Ha llegado el momento de comenzar a pensar en mí, de centrarme en mis propias necesidades e inquietudes.

Mujer con flor en la mano

Prioriza en tus propias necesidades

Una manera de pensar en uno mismo es cuidar más de tus necesidades a través de actividades saludables, tales como una buena alimentación, ejercicio físico, vida social, actividades de ocio placenteras… Dedícate el tiempo que necesites, ya que el amor propio y el autocuidado no es egoísmo, es un ejercicio de salud para el propio equilibrio físico, emocional y mental. Al mismo tiempo, también es el punto de partida para cuidar de los demás.

En resumen, puede que estemos tan centrados en pensar los demás, en lo que les hará felices, que ignoremos las peticiones de nuestra propia felicidad. Quizás llegue un día en el que te levantes por la mañana y te plantees, ¿a mí, qué es lo que me hace feliz? Es en ese preciso instante cuando se enciende una bombilla que, sin darnos cuenta, estaba apagada, y percibimos que hace tiempo que nos olvidamos de nosotros. «Quizás sea el momento de comenzar a pensar en mí».

“Hasta que no te valores a ti mismo, no valorarás tu tiempo. Hasta que no valores tu tiempo, no harás nada con el”.

-M. Scott Peck-