Hijos no deseados

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 7 octubre, 2018
Edith Sánchez · 2 agosto, 2014

Lo ideal es que un niño venga al mundo cuando la mente y el corazón de sus padres lo desean y lo llaman. Pero muchas cosas en la vida no funcionan de forma ideal. Una buena parte de los embarazos no se planean. El resultado son hijos no deseados, personas que inician sus días en medio de una total o parcial ausencia de sentido para su existencia.

El aborto, aún hoy en día, es una opción que rechazan varios sectores de la sociedad. En esos casos, la decisión de dar lugar a una nueva vida está mediada principalmente por el deber moral, pero no por el afecto o el anhelo. Las consecuencias pueden ser graves.

Deseo y construcción del deseo

Es posible que algunas madres y padres no quieran un hijo en un momento dado de la vida. Y puede ser así por muchos motivos, desde la edad temprana a la que se produce el embarazo hasta problemas económicos.

Si una gestación tiene lugar en esas condiciones, solo existen dos alternativas: o esos padres reprimen, sin éxito, su rechazo al nuevo ser; o entran en un proceso de replanteamiento de sus expectativas y logran construir un deseo, en función de nuevos afectos que se despiertan.

Mujer embarazada agotada
Si el padre, la madre, o ambos no logran aceptar la existencia de un hijo, pueden optar por abandonarlo, literalmente, o por reprimir sus sentimientos y entender la situación como una imposición del destino. El hijo será para ellos un intruso, aunque acepten tenerlo y criarlo.

Lo más frecuente es que en esos casos el niño crezca en medio de grandes privaciones afectivas. Sí, le dan la comida y cubren sus necesidades básicas, pero sin amor. Sí, le dan el techo, pero se siente un extraño en su hogar. La represión nunca tiene éxito. Los sentimientos reprimidos siempre retornan, aunque generalmente vestidos con otro ropaje.

“Un padre no es el que da la vida, eso sería demasiado fácil, un padre es el que da el amor.”

-Denis Lord-

Por eso, muchos padres que no deseaban a sus hijos se vuelven extremadamente celosos. No quieren ni que los toque el aire. Los perciben como personas a las que se puede destruir fácilmente. Y esto es así, precisamente, porque sus lazos de afecto son extremadamente frágiles.

Cuando un hijo no es deseado, difícilmente sus padres buscarán tiempo de calidad para compartir con él. Jugar será para ellos una pérdida de tiempo. Y cada ocasión para conversar les resultará incómoda. Sienten que “no tienen nada que decir”.

Las consecuencias de ser hijos no deseados

Niño triste mirando por la ventana
La distancia emocional de los padres deja fuertes huellas en las personas. Aparece una convicción interior de que “algo falta”, como si existiera una pregunta latente, pero no las palabras para formularla.

A los hijos no deseados les será muy difícil construir relaciones sanas de afecto en su vida adulta. El amor tiene un idioma que desconocen. No saben cómo descifrar sus códigos y mucho menos cómo construirlos.

Les cuesta mucho necesitar y ser necesitados. Una relación afectiva puede resultarles asfixiante: es una defensa contra la intimidad de la que no conocen nada.

Normalmente, los hijos no deseados oscilarán entre la egolatría y profundos sentimientos de inferioridad. No saben cómo se encuentra el equilibrio de una autoestima saludable. Por eso lo más frecuente es que eludan por completo el conflicto con sus pares y superiores, o no hagan más que generarlo. Repiten incesantemente la ruptura que significó su presencia en el mundo.

Una persona con estos antecedentes necesitará ayuda para sobrellevar esos abismos de amor que habitan en su corazón. El paso más importante es que reconozca que su malestar no depende de quién es, sino de las circunstancias que dieron origen a su ser. Y nunca es tarde para tener una conversación sincera con los padres.

Reflexiones finales 

En primer lugar debemos ser conscientes y responsables cuando mantenemos relaciones sexuales. Muchos hijos han nacido por la falta de precaución a la hora de mantener relaciones. Por otro lado, debemos concienciarnos de la importancia de no tomar las precauciones necesarias, porque el resultado puede ser un hijo y un hijo es alguien que estará con nosotros toda nuestra vida, será nuestra mayor responsabilidad.

La mejor forma de afrontar hijos no deseados es dándoles nuestro amor, nuestro apoyo y hacer de ellos nuestro mejor regalo. Se trata de cambiar de perspectiva. Si volcamos en él nuestras emociones negativas podrá tener una adolescencia y/o vida adulta complicada, pero si lo tratamos con amor podrá ser un niño sano con una buena autoestima.

En una revisión de Ana Langer (2002) señala que diversas investigaciones han mostrado que los hijos no deseados que han sido tratados por sus padres de forma brusca y no han gozado de su supervisión, han tenido una mayor incidencia en actividades delictivas durante su juventud. Resultados como estos ponen en evidencia que los hijos no deseados no pueden convertirse en contenedores de frustraciones paternas, sino que deben ser educados con amor, cariño y respeto.