Hijos presionados, ¿hijos perfectos?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 10 mayo, 2016
Yamila Papa · 10 mayo, 2016

¿Por qué tu calificación no es un “10”?, “Yo a tu edad era el mejor alumno de la clase”, “Tienes que esforzarte más todavía”, “Hasta no ser perfecto en matemáticas no dejas de estudiar”, “No puedes equivocarte”… Los hijos presionados escuchan este tipo de frases varias veces durante su infancia y adolescencia.

Por supuesto que los padres desean lo mejor para ellos y al instarlos a superarse no buscan que los pequeños sufran. Sin embargo, detrás de la presión y las expectativas se esconden cuestiones no resueltas de los adultos en el pasado y además puede traer como consecuencia un ser acomplejado y que probablemente repetirá esa actitud con su propia descendencia.

Hijos presionados: cuando la perfección no alcanza

Tras haber estudiado noche y día durante varias semanas, por fin Pedro logró el 10 que sus padres tanto le exigían. Cuando llegó a su casa con el examen en la mano y feliz por lo que había obtenido, los mayores lo miraron y en vez de felicitarlo le dijeron “esperamos que ahora estas sean las únicas calificaciones que traigas de la escuela”.

Niña estudiando un libro aburrida

Inés es una niña a la que sus padres la obligaron a comenzar a estudiar danza. Desde pequeña lleva sus zapatos de punta y su cabello recogido, asiste a todas las clases e incluso se queda después de hora practicando frente al espejo. En casa solo escucha una y otra vez la melodía que debe aprenderse para la presentación de fin de curso.

El día tan esperado toda la familia va a verla al teatro. Cuando finaliza la función los padres se acercan a ella y le advierten: “Más te vale que la próxima seas mejor que tus compañeras” incluso cuando la maestra la eligió para el personaje protagonista.

Los hijos de María y Ernesto deben asistir a clases de piano y de tenis porque esos eran los sueños de cada uno de ellos cuando eran pequeños. A los niños no les gustan ni las teclas ni las raquetas, pero eso no importa. Han de ir porque es el deseo de sus mayores y no aceptan ser contrariados. El deseo del matrimonio es que sus hijos sean pianistas y tenistas exitosos ya que ellos no han tenido la oportunidad de serlo.

Estas situaciones pueden parecer sacadas de la imaginación de una humilde redactora, pero son ciertas. En muchos casos los padres no se dan cuenta de que al querer que sus hijos sean perfectos (o si existiera algo más que la perfección también) los están formando de una manera que se replicará a lo largo de su vida.

¿Estimular o presionar a los hijos?

Por supuesto que la mayoría de los padres no intenta hacerle mal a sus pequeños pero por desconocimiento o repetir actitudes del pasado en vez de ayudar, crean un futuro adulto con muchos complejos, tristezas y sin la capacidad de aceptar sus errores. E incluso, con la gran posibilidad de que repita esa conducta en sus propios hijos.

Ahora bien, ¿cuándo los están estimulando y cuando presionando? La delgada línea que separa estas dos acciones está basada en la actitud. Para que se pueda comprender mejor, Madeline Levine en el libro “Cómo los padres crean presión”, indica que si los adultos se conectan con los niños y participan de sus actividades el proceso se llama “estimulación”.

Pero por el contrario, si los deseos personales van por encima del bienestar del niño o mientras se le exige el adulto está enfocado en otra actividad, como el trabajo o las tareas domésticas, se denomina “presión”.

Niña rubia sentada en un banco triste

¿La presión es algo actual?

Un hábito del siglo XXI es que los pequeños desde temprana edad tengan decenas de tareas extracurriculares: inglés, deporte, música, pintura, scouts, danza, y la lista sigue. Por un lado esto se debe a que los padres trabajan muchas horas al día y no pueden hacerse cargo de ellos y por el otro porque consideran que de esta manera “sacarán lo mejor de sí mismos”.

No está mal que hagan ejercicio o que sepan hablar una segunda lengua. Lo que puede no ser del todo correcto es “empujarlos” a que hagan algo que no les gusta o que se los presione de tal manera que si no son perfectos son “malos hijos”, “desagradecidos” o “no se merecen nada”.

Cómo evitar buscar “hijos perfectos”

Antes de intentar lograr niños ideales habría que preguntarnos que entendemos nosotros por “perfección”. ¿No sería mejor que los hijos sean felices haciendo lo que les gusta? Por supuesto que hay una diferencia entre libertad y libertinaje. No hablamos de aceptar que dejen la escuela o no estudien una carrera.

Niño tumbado en el suelo rodeado de piezas de juguetes

Desear cosas grandes para nuestros hijos es algo típico de todos los padres. Sin embargo, ¿qué precio se debe pagar para conseguirlas? Anima a tus niños a dar lo mejor de si mismos más allá de los resultados. No pongas adjetivos calificativos negativos cuando no obtienen la mejor calificación. Pregúntales qué sienten al ir a las clases o qué les gustaría hacer al salir de la escuela.

De esta manera estarás criando futuros adultos que puedan sortear los obstáculos que se les presentan, que puedan sacar su máximo potencial sin compararse con el resto y, sobre todo, que sean felices con el futuro que eligieron.