El índice de Quetelec: un estadístico empleado para ganar dinero

El índice de Quetelec, posteriormente renombrado como IMC, ha hecho que varias empresas hayan ganado mucho dinero. Ahora, ¿qué hay detrás?
El índice de Quetelec: un estadístico empleado para ganar dinero
Cristina Roda Rivera

Escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera.

Última actualización: 19 mayo, 2022

El índice de Quetelec es una referencia obsoleta. Una medida “de salud” errónea que nunca tuvo la intención de serlo.

Cuando queremos evaluar nuestro peso o monitorear la efectividad de una dieta, generalmente usamos el índice de masa corporal (IMC). A menudo presentado como una herramienta médica, el IMC es en realidad solo una forma entre muchas de “medir y clasificar el cuerpo humano” (antropometría), pero ciertamente no es la más efectiva de todas.

Muchos profesionales de la salud cuestionan hoy la utilidad de este índice, que no es tan universal y que incluso a largo plazo podría resultar más dañino que beneficioso. No solo está basado en una muestra poco representativa, sino que tiene profundas deficiencias metodológicas.

Entonces, ¿llevamos más de un siglo atrapados en una medición errónea de nuestro cuerpo? ¿Qué implicaciones para nuestra salud física y mental puede tener?

El índice de Quetelec

Si bien el IMC se utiliza hoy en día para evaluar el estado de salud y el riesgo de enfermedad en una población, su diseñador no tenía intención de medir la salud y menos de utilizarla en una escala individual.

En 1832, cuando Adolph Quetelet (astrónomo y estadístico) desarrolló el índice de Quetelec, lo hizo para definir las características de un “humano normal”. No le interesaba medir la salud ni la obesidad; su índice estaba relacionado con patrones dentro de una población.

Adolph Quetelet lo desarrolló utilizando datos exclusivamente de una población masculina y caucásica. Por tanto, está claro que desde sus inicios es un índice con una metodología científica cuestionable.

A pesar de sus sesgos y sus límites, la fórmula tuvo éxito, dando lugar al IMC que conocemos hoy. Distintas variables, distinto nombre, distinto objetivo, pero el mismo planteamiento.

Mujer pesándose
Quetelet nunca tuvo la intención de que su índice se utilizara para medir la salud de una persona.

Una referencia obsoleta utilizada por las aseguradoras para ganar más dinero

A principios del siglo XX, en Estados Unidos, las compañías de seguros americanas buscaban una forma sencilla y rápida de ganar más dinero. A partir de los pocos datos recogidos de formularios de suscripción, observaron una mayor tasa de mortalidad en los hombres que tenían “sobrepeso”.

Durante décadas, los médicos no pudieron ponerse de acuerdo sobre un índice, algunos dividían el peso por la altura, otros el peso por el cubo de la altura. En 1972, finalmente un profesor de fisiología que investigaba sobre obesidad, Ancel Keys, publicó bajo el título Indices of Relative Weight and Obesity los resultados de un estudio en el que había analizado a más de 7400 hombres en cinco países diferentes.

Keys repasó todas las diferentes ecuaciones y fue la fórmula de Quetelet (peso dividido por el cuadrado de la altura) la que resultó ser la mejor para “detectar” el sobrepeso. Así, Keys la rebautizó como “índice de masa corporal”.

Un buen negocio, pero una sociedad con peor salud

Al mismo tiempo, nació la cultura popular de la dieta para adelgazar y la gente buscó diferentes fórmulas para conseguir este objetivo. Este (re)nacimiento del IMC y la cultura slim/fit no tuvo los efectos esperados. Muchas personas se pusieron a dieta, pero no por eso tuvieron mejores hábitos o mejor salud.

Por lo tanto, no ha sido un apoyo para nuestra salud física. De hecho, en los últimos 50 años, la utilización de este índice ha contribuido al aumento de las enfermedades metabólicas y a la construcción de una sociedad gordofóbica, con la aparición de muchos trastornos de conducta alimentaria y todas las muertes asociadas a ellas.

El IMC ha sido ampliamente reconocido como una medida problemática por varias razones:

  • Un origen controvertido: como ya hemos dicho, el IMC fue desarrollado por un astrónomo y un estadístico (y no por un investigador de la salud o un profesional médico) que estudió grupos de hombres de procedencia muy concreta y no poblaciones diversas y su estado de salud general.
  • El peso o el IMC es lo mismo: el IMC está directamente relacionado con el peso y dado que la altura no cambia en un adulto, solo el peso cambia el IMC. Así que hacer un seguimiento de tu peso con kilogramos o con tu IMC es exactamente lo mismo.
  • Etnocentrismo: el IMC se basa en datos de altura y peso de europeos blancos en su mayoría de clase media-alta, lo que significa que no es una muestra representativa de la población general y no tiene en cuenta las diferencias en el tamaño corporal promedio en otros grupos étnicos.
  • Edad, sexo y composición corporal: el IMC no tiene en cuenta la composición muscular y la grasa corporal. Una persona musculosa será considerada obesa (porque el músculo pesa más que la grasa para el mismo volumen) y, sin embargo, su figura será más afinada y su riesgo de complicaciones metabólicas menor.
  • Clasificación errónea: las diferencias entre las clasificaciones del IMC (peso normal, sobrepeso, obesidad, etc.) son arbitrarias. No se basan en ningún dato científico, sino que están definidos por un puñado de personas con una idea de lo que debería ser un peso “normal”.
  • El IMC no es salud: este índice supone que conocemos los comportamientos alimentarios y el estado de salud de una persona en función únicamente de su altura y peso.

Una referencia obsoleta que debemos dejar de utilizar

Etiquetar a las personas con un IMC “sobrepeso” u “obeso” conduce a la discriminación, la vergüenza y la culpa. No motiva a las personas a tomar mejores decisiones de vida y no hace nada para ayudarlas a salir de la espiral del sobrepeso, si es que fuera necesario más allá de por mera estética.

Las autoridades públicas, la población en general y los profesionales de la salud tienen mucho trabajo sustantivo por hacer para dejar de encasillar a las personas y juzgar la salud de los demás sobre la base de datos limitados o creencias populares.

El IMC da una idea falsa de la salud: las suposiciones que se hacen sobre las personas en diferentes categorías son en realidad científicamente inexactas.

Mujer triste mirándose al espejo
El IMC se ha utilizado para promulgar prejuicios y discriminación.

Confusión en la salud de las personas

Un estudio reciente a gran escala encontró que casi la mitad de las personas clasificadas como “con sobrepeso” y un tercio de las personas clasificadas como “obesas” están en realidad metabólicamente sanas, lo que significa que tienen niveles completamente normales de presión arterial, colesterol y azúcar en la sangre.

Por el contrario, se descubrió que casi un tercio de las personas en la categoría de “peso normal” tenían enfermedades metabólicas. Lo que se desprende de este estudio es que no existe una enfermedad que solo afecte a personas de alto peso. Personas de todas las formas y los tamaños se ven afectadas por estos problemas de salud.

Por ser multifactorial, la obesidad debe redefinirse, más cuando sabemos que la primera causa de muerte entre las personas obesas no es el peso, no es el IMC, no son los supermercados, sino la gordofobia. La ansiedad causada por el rechazo y el estigma causa inflamación y aumento de adiposidad. Es la reacción de los demás lo que aumenta la ansiedad e introduce a las personas en una ruleta rusa.

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