La concentración como clave para conectar con el presente

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 18 enero, 2018
Fátima Servián Franco · 18 enero, 2018

No estamos acostumbrados a estar presentes en el presente. En la mayoría de las ocasiones, nuestro cuerpo está, pero no nuestra mente. Nos hemos habituado a la distracción, a la multitarea y a desarrollar una atención parcial que tiene como resultado la desconexión total con nuestro interior. La práctica de la concentración puede ayudarnos a solventar este problema.

La concentración es un estado mental que nos ayuda a focalizar toda nuestra atención en aquello que hacemos y deseamos. Además, funciona cómo un músculo, cuanto más la ejercitamos mejores resultados obtenemos.

Según Stephan Bodianformado durante una década como monje budista zen y licenciado como psicoterapeuta, la clave de la paz mental está no en las circunstancias, sino en cómo respondemos ante ellas. Así, cuando concentramos cualquier forma de energía, incluida la energía mental, adquirimos un poder ilimitado.

“La práctica de la concentración nos permite llegar a ser personas reales. Cuando somos personas reales vemos a las otras personas reales que nos rodean y la vida adquiere toda su riqueza”.

-Thich Nhat Hanh-

Hombre focalizando su atención para mejorar sus niveles de concentración

La importancia de la concentración

Si queremos triunfar en cualquier ámbito de la vida, debemos cultivar nuestra concentración en un solo aspecto u objetivo. Las personas determinadas y centradas tienden a trabajar más y a realizar las tareas más rápidamente. Suelen tener trabajos mejor pagados y tienen redes más profundas de amigos.

Todos los oficios deben ser ejercidos con concentración. Según Ian Fleming si uno fracasa en las cosas importantes, es porque no tiene interés ni concentración. Las aptitudes aparecen, las herramientas se forjan por sí solas.

La concentración también es importante para experimentar bienestar y no sumergirnos en miedos y ansiedades. Los pensamientos van y vienen como las nubes en un cielo ventoso, saber concentrarse debe ser nuestro ancla. Allí donde el agua alcanza su mayor profundidad, se mantiene más en calma.

De hecho, solo desde un estado de calma interior, el hombre fue capaz de descubrir y formar entornos tranquilos. Cuanto más tranquilidad se experimente, mayor éxito, influencias y poder se conseguirá. La paz mental es una de las bellas joyas de la sabiduría.

“El gusto de la concentración productora debe reemplazar, en un hombre ya maduro, al gusto de la desperdigación”.

-Charles Baudelaire-

Mujer imaginando su exposición con los ojos cerrados

La concentración nos ayuda a estar presentes

Entrenar nuestra concentración nos ayuda a focalizar toda nuestra energía. Cuando la concentración impregna la mente y el cuerpo, somos capaces de dejar a un lado nuestros miedos y preocupaciones. De este modo, nuestro rendimiento mejora porque nos centramos en el presente, en el aquí y ahora y nos sentimos mejor.

La creatividad también se ve favorecida cuando nos concentramos. Al tener nuestra mente despejada del ruido exterior, nos resulta más fácil pensar en aquello que queremos desarrollar e inspirarnos.

Además, gracias a esta capacidad también ahorramos tiempo. No es lo mismo estar haciendo algo pensando en mil asuntos que teniendo la mente totalmente enfocada en eso que estamos haciendo. En el primer caso perdemos más tiempo, mientras que en el segundo lo aprovechamos mejor.

Como vemos, lo que nos aporta la concentración es una conexión con el presente y en definitiva, la invitación a experimentar una vida más plena. Su práctica nos impide perdernos en lo que sucede a nuestro alrededor. Ahora bien, también es importante considerar que no es la panacea y que no cambiará nuestra vida de la noche a la mañana.

La práctica de la concentración es un proceso y un compromiso con la vida y con nosotros mismos. Su objetivo no es cambiar aquello que vivimos y realizamos, sino la manera de relacionarnos con ello. Esa es la clave.

“Para reducir lo infinito a lo finito, lo inasequible a lo humanamente real, no hay más que un camino: la concentración”.

-Théophile Gautier-