La culpa patológica y su red

Edith Sánchez · 1 enero, 2018

El sentimiento de culpa es, en principio, sano. Aunque causa displacer, se trata de un mecanismo que está asociado con la autocrítica. Es inevitable que a veces actuemos desacertadamente y terminemos haciendo daño a otros. En esos casos, la culpa nos alerta sobre la necesidad de reparar. Sin embargo, hay circunstancias en las que el autorreproche va más allá de lo razonable y es entonces cuando aparece la culpa patológica.

La culpa entraña un llamado a la conciencia. Aparece cuando se ha trasgredido algún principio o se ha pasado por encima de algún valor en el que creemos. La culpa es un sentimiento que está fuertemente asociado a la ideología. La conciencia moral o del deber siempre lo está.

 “Se pasa de inocente a culpable en un segundo. El tiempo es así, torcazas que cantan en un árbol cansado”.

-Juan Gelman-

En términos psicológicos, es prácticamente imposible definir si una conducta es “buena” o “mala”. Incluso quienes hacen daño deliberadamente podrían estar motivados por distorsiones en sus pensamientos o emociones, fruto de un entorno alterado, enfermo o disfuncional.

Sin embargo, individualmente cada quien sí hace ese tipo de valoraciones, en términos de lo correcto y lo incorrecto. Y cuando se siente que ha pasado por encima de su sistema de creencias o valores, llega a experimentar remordimientos. ¿Cuándo se pasa de la culpa normal a la patológica? Profundicemos.

Mujer agachada sintiendo culpa patológica

Culpa normal y culpa patológica

No siempre resulta clara cuál es la diferencia entre una culpa que podríamos llamar “normal” y una culpa patológica. Una primera pista para distinguir la una de la otra está en la evaluación de su frecuencia e intensidad. Si se experimenta habitualmente y es un sentimiento muy fuerte e invasivo, podemos hablar de culpa patológica.

Hay trastornos psicológicos en los que la culpa está muy presente. Uno de los más usuales es la depresión. Bajo ese estado, es muy usual que la persona tienda a autorrecriminarse constantemente. De hecho, comienza a sentirse culpable de estar deprimida y no poder sentir como lo hacen otros.

La culpa patológica también está presente en los trastornos obsesivo-compulsivos, en las fobias y en las adicciones. En tales casos, la culpa opera como parte del problema. No es una culpa sana que lleve a reparar o redireccionar el comportamiento. Más bien funciona como factor de constante castigo emocional, que generalmente agrava el problema central.

Las caras de la culpa

A veces la culpa se presenta un poco camuflada. En esos casos no se trata del típico remordimiento después de haber hecho o dicho algo que consideramos reprobable. Existe, por ejemplo, la culpa traumática, una de las formas que adopta la culpa patológica.

chica representando la culpa patológica

El mecanismo opera de la siguiente manera. Una persona es víctima de una arbitrariedad, un abuso o de un evento extremadamente doloroso y fortuito. En estos casos, el impacto emocional es sumamente alto. Se configura, entonces, lo que se llama “trauma”. Pese a que la persona es víctima de ello, desarrolla un sentimiento de culpa frente a la situación. Ese es precisamente uno de los efectos de lo traumático. En este caso, hay una culpa patológica.

Así mismo, hay casos en los que una persona llega a sentirse culpable simplemente por imaginar un daño, aunque en la práctica jamás lo haya llevado a cabo. No debería haber arrepentimiento, pues no se causó ningún mal. Sin embargo, si la moral, o el súper yo de la persona es extremadamente restrictivo, percibirá todo como si en realidad hubiese hecho algo malo.

Superar la culpa patológica

La culpa patológica puede llegar a ser muy incisiva. Poco a poco hace mella y se filtra en las diferentes acciones de la vida. Deteriora mucho la autoestima, aunque también es producto de la baja valoración de uno mismo. Por ejemplo, alguien con escaso amor propio siente que debe agradar todo el tiempo a los demás y si no lo logra, se siente culpable.

imagen laminada de una mujer representando la culpa patológica

Lo que se requiere en estos casos es un proceso que permita abrir la mente para lograr ver todo desde otra perspectiva. Es importante reflexionar sobre las normas y creencias que se tienen. Sobre todo, evaluar su razón de ser y su lógica. La gran mayoría de las veces se trata de códigos excesivamente rígidos, que en realidad no llevan a ser mejor persona, ni mejor miembro de la sociedad. Solo cumplen con el papel de atormentar.

En muchas ocasiones es necesario llevar a cabo ese proceso con la ayuda de un psicoterapeuta. Puede que la culpa tenga raíces tan hondas, que sea difícil de abordar sin apoyo. Vale la pena hacer esfuerzos por liberarse de la culpa patológica. Se trata de una fuerza que a veces se vuelve arrolladora y puede arruinar toda tu vida.