¡Que la curiosidad haga vivir al gato!

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 10 julio, 2017
Laura Reguera · 10 julio, 2017

Todos hemos oído alguna vez el dicho popular al que alude el título del artículo. Ya desde pequeños nos han dicho que la curiosidad mató al gato cuando le preguntábamos a nuestros padres o a otros adultos por cosas que no querían o no sabían contestar.

Y, seguramente, nosotros mismos se lo hayamos dicho también a alguien. Parece una salida muy airosa cuando no queremos descubrir nuestra ignorancia o cuando pensamos que nos han hecho una pregunta que rebasa el nivel de intimidad en el que se encuentra el interrogante.

Por un lado, tenemos claro que fisgonear demasiado no es bueno. Sin embargo, ¿esto quiere decir la curiosidad es mala siempre, realmente puede matar al gato cuando estos tienen siete vidas? Pensad en aquellas materias del colegio que mejor se os han quedado grabadas, ¿no coinciden con las que os despertaban mayor intriga? De hecho la curiosidad, que no el cotilleo, es desgraciadamente una de las actitudes que más solemos abandonar con la edad.

“La curiosidad es la base misma de la educación, y si me dicen que la curiosidad mató al gato, digo solamente que el gato murió noblemente”.

-Arnold Edinborough-

¡Disfruta tu curiosidad!

Muchas veces, cuando entramos en la monotonía, aparecen más emociones negativas que cuando estamos haciendo cosas nuevas. Esta variación suele atraernos y nos motiva. Sin embargo, en nuestra vida cotidiana es complicado estar innovando continuamente. Piensa que la rutina te permite es ahorrar una gran cantidad de energía, ahorrándote decisiones y encaminándote por opciones que ya conoces. También nos aporta estabilidad y nos hace predecibles para los demás.

Sin embargo, y precisamente por repetición y por habituación, la rutina suele suavizar las emociones, las mariposas en el estómago. Entonces, ¿qué podemos hacer para introducir ese cambio novedoso que fomente nuestra curiosidad? En este sentido, nos va a ayudar organizar alguna actividad, con la frecuencia que nos podamos permitir, que implique elegir opciones diferentes a las conocidas. Así, no olvidaremos que tenemos a nuestro alrededor un montón de candidatas perfectas para despertar esa curiosidad que tenemos un tanto adormecida.

“Prefiero que mi mente se abra movida por la curiosidad a que se cierre movida por la convicción”.

-Gerry Spence-

Por ejemplo, podemos planificar reunirnos con nuestros amigos o familia una vez al mes para organizar una comida en la que la temática sea un país o cultura diferente cada vez. Esto nos va a hacer indagar sobre los platos típicos, la cultura, las tradiciones, la vestimenta y el idioma del lugar que escojamos para preparar la velada, además de implicarnos más en conocer nuevas culturas.

Chicas bailando la canción de su cultura

Si algo despierta tu curiosidad… ¡Investiga!

Otra forma de aumentar nuestra curiosidad puede ser investigar sobre temas que nos resulten interesantes. Profundizar en ello va a hacer que tengamos más ganas de aprender y que lo disfrutaremos cada vez más. Para ello, es bueno empezar por algo que nos llame la atención especialmente.

 “No tengo talentos especiales, pero sí soy profundamente curioso”

-Albert Einstein-

Una vez que hayamos identificado y establecido el objeto de nuestra investigación, le dedicaremos 10 minutos al día a tratar de explorar y descubrir información novedosa al respecto. Actualmente esto nos va a resultar fácil gracias a internet, pero recordad que no todo lo que se publica por este medio es necesariamente verdad… ¡Comprobad vuestras fuentes!

Por ello, también podemos recurrir a bibliotecas o preguntar a personas que sepan sobre ello. A medida que vayamos descubriendo más información, podremos seleccionar diferentes aspectos de ese tema global sobre los que nos gustaría profundizar. Por ejemplo, si investigamos sobre un período concreto de la historia, podemos buscar también los personajes más célebres de entonces, así como sus ciudades de origen y la historia de estas.

De esta manera, alimentaremos la curiosidad, ya que usaremos diversas fuentes y seguiremos distintos hilos que nos ayudarán a ver el cuadro cada vez más completo. Por ello, es importante ir registrando la información que conseguimos… ¡Así no se nos escapará nada!

Fotografías antiguas

¡Que tu curiosidad no te mate!

Una vez que hemos visto cómo motivar la curiosidad, volvamos al principio: está claro que demasiada curiosidad nos perjudica. Sobre todo, si esta está mal enfocada o es tan grande que enlentece mucho determinados procesos. Piensa que a nadie le gustan los cotillas o lo poco rentable que puede ser desmontar cada nuevo aparato que adquieras para saber cómo funciona.

En este sentido, la curiosidad necesita de otra actitud que la equilibre: la prudencia. En ocasiones, no nos damos cuenta de que realizamos preguntas que pueden llegar a ser incómodas para la persona con la que nos estamos comunicando, por lo que tendremos que tratar de ponernos en su lugar antes de “disparar”.

Esto implica que valoremos la pregunta desde su punto de vista y no desde el nuestro, de forma que analicemos si se puede sentir incómodo o no si tocamos temas muy personales o indiscretos. De esta manera, la curiosidad se convierte en un terreno resbaladizo cuando se enfoca hacia temas personales. Cuidado, no queremos decirte que no te intereses por los demás, sino que lo hagas con cuidado, que analices la información que solicitas y que vigiles el uso que haces de ella.

Tendiendo esta preocupación, tu curiosidad por los demás será muy sana: te reportará información que te permitirá entender mejor cómo se sienten, cuáles son sus deseos. Al mismo tiempo, los demás te agradecerán este interés inteligente y se fortalecerán los lazos que tengas con ellos.

Imágenes cortesía de Bing Han, Pavan Gupta y Mr Cup Fabien Barral.