La dependencia económica en la edad adulta

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 23 agosto, 2018
Edith Sánchez · 23 agosto, 2018

Querámoslo o no, el dinero es una parte importante de la vida. Y nos guste o no, el tema de las finanzas ha ganado en complejidad con la globalización. Además, en muchos contextos el poder adquisitivo es mucho menor que en la época de nuestros abuelos. Las crisis de empleo se suceden. Por eso son muchas las personas que, siendo adultas, siguen dependiendo económicamente de su familia.

Desde el punto de vista práctico, la dependencia económica es una salida viable y solidaria a un problema concreto. Pero desde la perspectiva psicológica esto ha dado lugar a una serie de dificultades a la hora de trazar proyectos vitales. También, por supuesto, esto ha modificado las expectativas y las exigencias de los padres o familiares de los que se depende, aumentando su rango de influencia.

El hecho de no tener empleo y de estar sujetos a la dependencia económica también incide sobre la autoimagen y la autoestima. Muchos piensan que depender de otros es “cómodo”, pero en muchos casos esta idea, además de ser falsa, hace mucho daño.

La economía es el origen de la independencia y la compañera de la probidad”.

-Lord Chesterfield-

Padres frustrados con su hijo adulto

Padres y la dependencia económica

Dejando de lado el hecho de que hay circunstancias en las que conseguir un empleo se convierte en una empresa difícil, también hay casos en los que la dependencia económica es promovida directamente por los padres. Además, muchos de los que se quejan de esta falta de autonomía, aunque suene contradictorio, llevan a cabo comportamientos que la favorecen.

Las razones para que esto ocurra pueden ser muchas. La más frecuente es que uno o ambos padres no se sienten cómodos con sus propias vidas. Los hijos, entonces, pueden representar un pretexto para no mirar fuera de ellos mismos.

También se da el caso de los padres que tienen grandes dificultades de pareja que, sin embargo, han logrado sobrellevar. En el marco de ese conflicto, los hijos a veces sirven como mediadores o como excusas. Si los hijos se independizan no tendrán más remedio que mirarse el uno al otro y es posible que no estén listos para enfrentar sus dificultades como pareja.

De la misma forma, hay padres que temen a la soledad o que no quieren asumir el duelo que nace de una realidad anunciada, el progresivo distanciamiento de los hijos en busca de su propio espacio. Un sitio donde los padres tendrán cabida, pero sin ser siempre las figuras principales o el punto de referencia.

Hijos y padres promotores de la dependencia económica

Muchos padres promueven sin querer la dependencia económica en sus hijos. Los sobreprotegen desde edades tempranas, convirtiéndolos en personas inseguras y dependientes. Frente a los intentos de los hijos por hacer su propia vida, reaccionan desmotivándolos, desalentándolos o manipulándolos.

Quienes han sido educados de esta manera son más propensos a caer en la dependencia económica durante la edad adulta. Son personas con poca confianza en sí mismas y este es su principal lastre a la hora de moverse fuera de casa, donde no cuentan con privilegios. Necesitan su propio lugar en el mundo, pero no saben cómo construirlo.

Tampoco se sienten capaces de lograrlo. Esto los conduce a tomar trabajos mal pagos, o inestables. También a caer en la parálisis cuando pierden el trabajo y no encuentran fácilmente un reemplazo para este.

Mujer con la frente apoyada sobre la mesa sufriendo la dependencia económica

Un problema que se puede solucionar

Por supuesto, cuando alguien no cree en sí mismo ni confía en lo que es capaz de hacer, el emprendimiento a nivel laboral deja de ser una opción. De hecho, tal y como se recoge en el estudio de Novelo, Carrillo y López (X congreso de la Red Internacional de Investigadores) la autoeficacia es uno de los predictores más efectivos en este sentido.

El mundo resulta tan amenazante e inabordable en sus mentes, que prefieren mantenerse refugiados en la familia. El miedo los vence. Es tan grande ese temor que prefieren ser objeto de críticas o dejar de disfrutar los privilegios de la independencia con tal de no experimentar el vértigo de los desafíos.

Los padres inseguros y frustrados suelen dar lugar a hijos fotocopia. Más allá de esforzarse en buscar el trabajo ideal y no conseguirlo, la energía debería orientarse a resolver esos temores de base que obstaculizan el avance. De hecho, si esto no se resuelve, es muy complicado que alguien construya un proyecto vital del que se sienta orgulloso.