La depresión mayor resistente: cuando el tratamiento no funciona

Valeria Sabater · 29 octubre, 2017

La depresión mayor resistente o depresión refractaria es aquella que no suele responder a los tratamientos farmacológicos ordinarios. Es común que muchos de estos pacientes pasen por todo un periplo de combinaciones de fármacos o enfoques terapéuticos sin obtener mejoría. No obstante la experiencia nos dice que, tarde o temprano, se halla ese tratamiento con el que empiezan a experimentar cambios positivos.

La definición de este término, por curioso que nos parezca, sigue suscitando bastantes desacuerdos. Desde la guía del NICE (The National Institute for Health and Care Excellence) nos dicen, por ejemplo, que diagnosticar a una persona con depresión resistente solo por que no muestra la evolución esperada, tras tomar dos tipos de antidepresivos, resulta algo arbitrario.

Asimismo, organismos como la Asociación Británica de Psicofarmacología consideran que debería procederse a este diagnóstico cuando el paciente haya probado diferentes combinaciones de fármacos sin experimentar cambios.

La depresión mayor resistente suele ser una de las más complejas a la hora de tratar: es común que muchos pacientes pierdan la esperanza y dejen de confiar en los profesionales de la salud.

Como vemos, a día de hoy aún no hay consenso claro sobre el tema. No obstante, lo que sí podemos constatar es que casi un 30% de pacientes diagnosticados con depresión mayor no experimentan mejoría. Por ello, son muchos los profesionales que se ven en la obligación de re-evaluar el diagnóstico por un hecho muy evidente: en ocasiones pueden haber trastornos subyacentes no identificados. Profundicemos un poco más en esta realidad.

chica atrapada con hilos que sufre depresión mayor resistente

La depresión mayor resistente: cuando el fármaco falla

La depresión es tratable, esto hay que dejarlo claro desde un principio. Sea cual sea su tipología estamos ante un tipo de trastorno multifactorial que necesita de varias estrategias para superarla: la farmacológica, la psicoterapéutica, la social, etc.

Pues bien, con la depresión mayor resistente sucede lo mismo. No obstante, eso sí, en estos casos solo necesitamos ser constantes y perseverantes para encontrar los tratamientos más acertados, de manera que la persona (ese paciente que sufre lo indecible) experimente la mejoría que necesita.

Por otro lado, no podemos olvidar que los antidepresivos, tomados en las dosis adecuadas y durante un mínimo de 6 semanas, suelen ofrecer una eficacia probada, pero cuando esto no ocurre, cuando lo que percibe el paciente es que su malestar sigue ahí, instalado y devorándolo, la desolación es absoluta. Más aún, lo que puede experimentar es pérdida de confianza hacia su médico y escepticismo a la hora de probar un nuevo tratamiento.

Abordar la depresión mayor resistente no es sencillo para ninguna de las partes, de ahí que se necesite en muchos casos un compromiso firme del paciente, y sobre todo ese apoyo familiar imprescindible con el fin de que no se pierda la alianza terapéutica. Asimismo, cuando la persona ha probado ya dos tipos de antidepresivos sin experimentar cambios, lo primero que deberán hacer nuestros médicos, antes de iniciar un nuevo enfoque, será lo siguiente:

  • Averiguar si el paciente cumple con el tratamiento, las dosis indicadas y el tiempo establecido.
  • Averiguar si toma otros tipos de medicamentos (con o sin receta, incluyendo los “naturales”) que pudieran estar interfiriendo la acción de los fármacos.
  • Considerar si existen otros problemas de salud, como enfermedades cardiovasculares, neurológicas u hormonales.
  • Considerar si se ha hecho un diagnóstico adecuado. En muchos casos, la resistencia de la depresión mayor al tratamiento suele derivarse de la presencia de otros trastornos, como puede ser un trastorno bipolar, trastorno límite de personalidad, etc.

Por último y no menos importante, también es esencial que el paciente sea plenamente consciente de su enfermedad y que, en la medida de lo posible, esté motivado para el cambio. La química, como ya sabemos es eficaz e imprescindible a la hora de tratar la depresión, pero se necesita también de cierto compromiso personal con el que optimizar el proceso terapéutico.

chico de espaldas con gorro que sufre depresión mayor resistente

Estrategias para ayudar a la persona con depresión mayor resistente

Llegados a este punto ya nos habremos dado cuenta de un aspecto: se considera que alguien sufre depresión mayor resistente cuando no responde al tratamiento farmacológico. Sin embargo ¿qué ocurre con el abordaje psicoterapéutico? ¿No es útil en estos casos? Cabe decir que no hay estudios concluyentes. Es decir, cuando una persona con depresión mayor no experimenta mejoría con los antidepresivos no suele beneficiarse de la terapia.

Asimismo, no podemos olvidar que este tipo de depresión es un trastorno del estado de ánimo de gravedad alta que requiere de la administración de psicofármacos y que cuando estos no funcionan, por lo general se lleva a cabo la siguiente estrategia:

  • Se aumenta la dosis.
  • Se cambia a otro antidepresivo.
  • Se combinan antidepresivos.
  • Se potencia el tratamiento del antidepresivo con otro fármaco, como los siguientes:
    • Antipsicóticos.
    • Litio.
    • Anticonvulsivantes.
    • Triyodotironina.
    •  Pindolol.
    • Zinc.
    • Benzodiacepinas.

Dos técnicas para la depresión mayor resistente

Hasta no hace mucho para tratar la depresión resistente se hacía uso de la siempre polémica terapia electroconvulsiva. Sin embargo, en los últimos años han aparecido dos interesantes terapias que es interesante conocer:

  • La estimulación magnética transcraneana (EMT) es una forma no invasiva e indolora de estimulación de la corteza cerebral capaz de interferir de forma controlada la actividad normal del cerebro. Gracias a esta “neuromodulación” se consigue por ejemplo que los fármacos actúen con eficacia o que la persona sea más receptiva para la terapia psicológica.
  • Por otro lado, tal y como nos explican diversos estudios, la estimulación del nervio vago es otra estrategia que mejora de forma notable los síntomas de la depresión mayor. El método se basa en la aplicación de un dispositivo eléctrico que estimula este nervio, el cual, está en contacto con nuestro cerebro. Gracias a ello el paciente percibe más calma, se reduce el estrés, la ansiedad y los pensamientos negativos.
Cerebro de luces como símbolo de los documentales imprescindibles sobre neurociencias

¿Qué debo hacer si sufro depresión mayor resistente?

  • Si el tratamiento no funciona de inmediato, no te rindas.
  • Entiende que tal vez tu médico deba cambiarte la dosis o te proponga empezar con un nuevo psicofármaco o combinar incluso varios tipos. Ten paciencia y confía.
  • Entiende que la depresión es única en cada persona y por ello, tu médico debe hallar ese tratamiento que mejor se ajuste a ti y solo a ti. Debes confiar en él y trabajar en conjunto.
  • Si tomas otros medicamentos, debes hacérselo saber a tu médico.
  • Asimismo, es importante que cuides tu salud y tu estilo de vida. En ocasiones una mala alimentación o incluso alguna adicción puede interferir en el tratamiento.

Por último recuerda también que nuestra mente y nuestro cuerpo en muchas ocasiones dan muestra de su complejidad, pero eso no quiere decir que no tengas derecho o sentirte bien, a liberarte de esa depresión. No tengas miedo a seguir los consejos de los buenos profesionales, porque al final darán con ese enfoque que más se ajusta a tu persona.