La desconcertante decisión de no dar la cara

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 16 agosto, 2017
Edith Sánchez · 16 agosto, 2017

Todos nos hemos topado alguna vez con ese tipo de personas que generan expectativas, hacen promesas o se comprometen a algo y luego se niegan a dar la cara. Se ve en las parejas, cuando alguno de los dos desaparece y el otro no sabe qué pensar. También en los negocios o el trabajo, cuando cedes y dedicas tiempo a llegar a un acuerdo y después el otro no lo respeta.

No dar la cara es el estilo de algunas personas. Crean un conflicto y luego se van. Después, cuando hay que repatir responsabilidades, es difícil encontrarlos. Es la forma usual como también actúan algunos delincuentes: quieren obtener el beneficio, pero no están dispuestos a pagar el precio asociado al riesgo que corren.

Intentar luchar contra un enemigo invisible, es como intentar evadir tu existencia”.

-Anónimo-

Este tipo de conductas son muy nocivas para aquella persona o personas que son víctimas de ellas. Causan un profundo desconcierto. Puedes pasar largos ratos intentando armar el rompecabezas para descifrar por qué alguien ha actuado así. Al final es posible que solo quede una gran desconfianza hacia los demás y un cúmulo de recriminaciones con uno mismo. Así, está en nuestra mano no permitir que esto suceda.

rostro femenino recortado en flores

No dar la cara es vergüenza y cinismo a la vez

Quien no se atreve a dar la cara es porque sabe o intuye que ha hecho algo reprobable. Además, de alguna manera es consciente de que los medios que ha utilizado no están justificados por el fin que pretendía. Así, las razones que tuvo para actuar de una forma negativa no son válidas. Carecen de peso, de lógica, de honestidad o de consideración hacia el otro. Hay consciencia respecto a lo negativo del acto y a su motivación.

La persona actúa en contra de la ética o de los valores, de manera consciente. Al mismo tiempo, aparece una ambivalencia: no es capaz de admitir ante los demás que su comportamiento es censurable. Que cometió un error. La suya es una actitud vergonzante.

Sin embargo, al mismo tiempo, esta actitud denota una falta de pudor. El no dar la cara es una forma de resolver el asunto ignorando al otro, retirándole una consideración que al menos merece. Dándole a entender que no hay ningún interés en reparar el daño o que existe un cierto menosprecio hacia él (“no es para tanto”). Que el afectado cargue con las consecuencias y acepte que no puede hacer nada. En ese sentido, no dar la cara es también una forma de cinismo. Actuar incorrectamente a sabiendas de ello y dejar que el afectado resuelva todo como pueda.

La incapacidad de asumir responsabilidades

No dar la cara es también, por supuesto, una señal evidente de falta de responsabilidad. Las sociedades se edifican sobre pactos colectivos, implícitos o explícitos. Las leyes, las religiones y las ideologías son algunas de las formas como se transmiten la importancia de esos pactos necesarios para convivir en grupo. Nos beneficiamos de los demás y a cambio debemos aportar beneficios a ellos. Ese es el acuerdo básico.

mujer con pez en la espalda

La responsabilidad se refiere a la capacidad de responder. Se aprende desde los primeros años de vida. Implica conciencia respecto a los compromisos y obligaciones que tenemos frente a los demás. Algunos logran aprender que la responsabilidad es una elección personal y autónoma. No se necesita que alguien te esté mirando para que cumplas con lo pactado. No depende del premio o el castigo de los demás, sino de la propia conciencia.

Al no dar la cara, lo que se elude precisamente es la obligación de responder por lo que se hizo. Esa actitud rompe compromisos y, claro está, rompe también la confianza. Se trata, evidentemente, de un comportamiento que denota falta de autonomía. Los que prefieren esconderse siguen presos del esquema premio-castigo. Actúan como cuando eran niños, ocultándose cuando cometen una falta.

Qué hacer con quienes no dan la cara

Una persona que no da la cara llega a hacerle mucho daño a los demás. Puede ser muy doloroso que te hagan daño y después ni siquiera te ofrezcan una disculpa. Es algo que te induce a sentir una enorme impotencia. Guardando las proporciones, se trata de algo así como una estafa emocional.

hombre con mariposa y flores en el rostro

Ese tipo de actitudes son también una forma de manipulación. Al dejar la resolución de la situación en manos de solo una parte, se introduce un malestar adicional. Esa ausencia del que no quiere dar la cara,crea ataduras y las mantiene. El conflicto queda en un limbo y de un modo u otro se prolonga en el tiempo, con todas las emociones negativas que de ello se deriva.

Cuando te dejan con la responsabilidad de hacer el cierre de una situación que era de dos o más, no te queda más alternativa que asumir el reto. Resulta conveniente renunciar pronto a la fantasía de “hacer volver” al otro para que responda, para que haga presencia. Esa fantasía forma parte de las redes de la manipulación. Deja ir al que no quiere dar la cara. Resuelve lo que se puede resolver y pasa la página. Es lo más sabio.