La dominancia social: la preferencia por un mundo jerarquizado

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 31 enero, 2018
Roberto Muelas Lobato · 31 enero, 2018

La dominancia social es un rasgo de personalidad que determina las actitudes hacia ciertas cuestiones políticas. Las personas con más orientación hacia la dominancia social van a preferir sistemas sociales jerárquicos, lo que hace que tengan reacciones menos intensas (sean más “tolerantes”) cuando perciben discriminación. Esto es, van a preferir sociedades en las que las personas pertenecen a estratos o grupos sociales que están divididos por el estatus.

Las personas orientadas a la dominancia social son antigualitarias. De alguna manera rechazan sociedades igualitarias donde todas las personas mantienen el mismo estatus. Destacan las diferencias entre personas, las cuales consideran merecidas y argumentan que unos grupos merecen más beneficios que los demás.

“Si dos cabalgan en un caballo, uno debe ir detrás”.

-William Shakespeare-

Mano colocando fichas

La dominancia en la política

Los sujetos que tienen una alta orientación a la dominancia social, por lo general, intentan mantener las diferencias de estatus. Además, cuando pueden, las incrementan. Siempre, como podemos imaginar, quieren pertenecer al grupo de mayor estatus. Por lo general son buscadores de poder, dominantes, impulsivos, se “hacen los duros” y suelen utilizar la indiferencia como una forma de castigo o como un recurso para señalar su estatus superior frente a los demás. Sus creencias se pueden resumir con la frase “el pez grande se come al pequeño”.

“Donde hay patrón, no manda marinero”.

Una alta orientación a la dominancia social se relaciona con preferencias por políticas conservadoras. También se relaciona con la oposición a programas políticos que defienden la igualdad, como la igualdad de derechos para los homosexuales. Los conservadores tienden a estar más interesados ​​en la estructura jerárquica de la sociedad y en mantener la desigualdad del status quo a fin de salvaguardar su estatus de su grupo o el suyo.

La dominancia y la personalidad

El autoritarismo es otro rasgo de personalidad que suele estar relacionado con la dominancia social. Las personas con ambos rasgos muestran actitudes que podrían ser consideradas sexistas y racistas. Destacan por sus actitudes negativas hacia otros colectivos, por sus prejuicios hacia los grupos desfavorecidos. Aunque también mantienen prejuicios hacia los grupos que suponen una amenaza o podrían llegar a representarla.

Por otra parte, la dominancia social también está relacionada con otros rasgos de personalidad. En concreto, las personas con una alta orientación a la dominancia suelen tener una menor apertura ante nuevas experiencias y son menos amables. Suelen reconocer que su motivación reside en su propio interés, son bastante egocéntricos.

Esta personalidad responde a su creencia de que el mundo es un lugar competitivo. Tienen que estar preparados para conseguir el éxito a través del poder y el dominio. Como no les gustan las nuevas experiencias, valoran mucho la seguridad, la estabilidad y el control. Factores, estos últimos, también relacionados con el autoritarismo.

“En un mundo de democracias, en un mundo donde los grandes proyectos que se han puesto a la humanidad en el fuego son los proyectos de la emancipación de las personas de arraigada división social y la jerarquía, y en ese mundo las personas nunca deben ser títeres o prisioneros de las sociedades o culturas en el que han nacido”.

-Roberto Unger-

Peón con corona

La dominancia y la cultura

Los niveles de dominancia social, a gran nivel, varían de unas sociedades a otras. Aunque se presupone que los humanos tenemos una predisposición para expresar el dominio social, ciertas condiciones lo hacen más o menos probable. Nos encontramos que en las sociedades democráticas se experimenta menos la dominancia social. Al igual sucede en las sociedades más cooperativas y en las que la preocupación por el bienestar de los demás es alto. Unos ingresos altos, junto con menor desigualdad económica, también parecen estar relacionado con una baja dominancia.

Por contra, las sociedades en las que los ingresos son más bajos, que siguen siendo tradicionales o conservadoras, y que mantienen instituciones públicas más antiguas suelen preferir la dominancia social. Las personas que se crían en estas sociedades van a internalizar las jerarquías y no van a criticarlas. Un ejemplo, lo encontramos en las jerarquías de género. La gente que vive en países más tradicionales presentan ideologías de género basadas en la segregación y en las diferencias de poder, por lo que están en contra de la igualdad.

“En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender, hasta su nivel de incompetencia”.

-Laurence J. Peter-