La escalera de mi vida

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 3 mayo, 2015
Juan Antonio Díaz Garrido · 3 mayo, 2015

Cuando nací no pretendí conocer océanos, ni continentes. Solo quería sentir el roce de los brazos cómodos de mi madre y el sabor rico de su amor.

Nunca pretendí trepar paredes escarpadas, riscos quebradizos, ni colinas prohibidas. Solo pretendía gatear por el suelo y golpear sonajeros.

Más tarde tuve que ir a la escuela, aprender las letras y hacer las tareas, cuando lo único que quería era jugar e imaginar mis sueños hechos realidad. Y así discurrió la vida como la de cualquier otro niño en cualquier otro lugar, con sus momentos de llantos y con sus momentos de sonrisas.

 

Me veo subiendo escaleras que nunca se acaban

 

Escaleras blancas o negras, largas o cortas, de caracol o de mármol, de madera o de piedra, escaleras al fin al cabo. Y cuántas más subo, más escaleras me encuentro. Cuando creo terminar y al fin descansar, me avisan de que hay una más que subir… y esto nunca se acaba.

Intento descansar, pero en mis sueños las escaleras me lo impiden. Y aunque corro y corro cada vez más rápido, éstas me persiguen y siempre me alcanzan. Son implacables, poseedoras exhaustivas de mis sombras.

A veces me oculto, me escondo entre almohadas, entre mantas de lana pero cuando me destapo, las escaleras están ahí, observándome, recordándome que las tengo que subir, quiera o no quiera.

Ellas están ahí para que las suba, y aunque miro para otro lado, ellas se desplazan junto con mi mirada. Si pido vacaciones, descansar de ellas, estás surgen en cada esquina, con cada llamada; y es que siempre, quiera o no quiera, aparece una escalera nueva.

Aparecen tanto que ya no sé vivir sin ellas, las necesito y ellas lo saben…, y lo saben tanto que se graban unas a otras reiteradamente para ser pasadas en mi memoria y para recordarme que mañana las habrá nuevas.

Yo nunca las quise, yo siempre quise ser una persona de llano. Siempre soñé con playas y montañas, con mil lugares… con ser el rey del mambo. Lo quería todo fácil o al menos no tan difícil… ¿Quién dijo problemas? ¿Quién dijo escaleras?

 

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Soñaba con horas eternas sin hacer nada, sin obligaciones, sin hipotecas, sin prisas, sin gritos, sin jefes y sin problemas. Soñaba con aventuras, con deslices y con hacer incluso hasta poemas.

Ahora mi vida es una escalera, subo y subo y nunca dejo de subir. Miro hacia abajo y me da vértigo. Querría salir del punto de la escalera en que estoy, pero no hay puerta fácil que se abra a mi paso y todas las señales indican “sigue subiendo”, así que subo y sigo subiendo. Y cuando miro hacia arriba nunca veo el final.

Tampoco me puedo quejar, algunos la suben con mochilas cargadas de piedras y algunos otros cargan con otros muchos que ya no las pueden subir más. Me gustaría ser de esos, de los que he oído que no usan los escalones, sino que van en ascensor… “¡Ay mi reino por un ascensor!”

La vida he comprendido que es una escalera y puedo optar a pelearme con ella o a entender que la finalidad de la misma es subir por ella. He entendido que todo el mundo tiene una, algunas más difíciles, otras más fáciles y que nadie elige su propia escalera. He comprendido que lo único que podemos decidir es como subimos la escalera, nuestra escalera.

Y no es que ésta me guste y mucho menos la quiera… pero yo sí que puedo decidir si la escalera es mi dueña o yo soy quien sube por ella.

Porque la escalera es mía, y no me va a vencer, porque me niego a que me venza, me niego a perecer por ella. Porque sé que la vida es como la marea, viene y va, a veces suena tormenta y a veces, suena la calma.

No soy fuerte, pero tampoco débil, y aunque así fuera, sé que no es cuestión de fortaleza; sino de voluntad, de esfuerzo y de lucha, de ver en cada escalón un momento, un instante, en ver un detalle que formará parte de mí siempre; y lo voy a vivir, lo voy a sentir, y lo voy a disfrutar porque la vida es un continuo aprendizaje, sin esperar ver mucho más allá de lo que venga.

Y nunca las pedí pero ya no sé vivir sin ellas, sin mis escaleras. Si la vida es una larga y eterna escalera, haré que mi vida escale por ella.

Y si he de alcanzar el cielo, no me detendré hasta que me lleve a las estrellas.

Porque yo soy quien tiene la escalera.

 

Imagen principal cortesía de  STILLFX