La importancia de la inteligencia emocional

Andrea Aguilar Calderón · 11 julio, 2013

La película Una mente maravillosa narra la lucha contra la esquizofrenia del matemático John Nash, premio Nobel de Economía. En ella hay una escena que ejemplifica la importancia de la inteligencia emocional. Un joven Josh Nash se encuentra en un bar cuando se acerca a una chica que llama su atención. En vez de usar las típicas frases de conquista, caracterizadas por un juego sutil, su propuesta es directa y sin escalas: prefiere ahorrarse todo el ritual de cortejo y exigir un “intercambio de fluidos”. Romántico a morir.

La chica, quien lo mira atónita, no puede más que pensar que se trata, efectivamente, de un bruto. Sin embargo, John Nash es considerado una eminencia, y aun en esos precoces años juveniles, ya destacaba incluso sobre sus mismos profesores en la universidad. En todo caso, a nivel de inteligencia emocional, su coeficiente intelectual no debía de ser tan robusto.

Dónde nace la inteligencia emocional

La inteligencia emocional es aquella capacidad que nos permite controlar nuestras emociones y expresarlas de forma asertiva. Aunque la palabra “inteligencia” suele estar ligada a conceptos relacionados con memoria y capacidad cognitiva, la mente es mucho más amplia y desde el siglo pasado los científicos estudian otras áreas del cerebro.

Ya desde los orígenes del ser humano las emociones llevaban la batuta: el tronco encefálico, la parte más primitiva del cerebro que controla funciones básicas, dio origen a los centros emocionales y no fue hasta millones de años después cuando se originó el neocórtex, que nos brinda la capacidad de raciocinio.

En ese orden es en el que actuamos hasta el día de hoy: primero sentimos algo y luego razonamos al respecto. Primero nos duele un dedo y luego nos damos cuenta de que nos lo hemos pillado con la puerta.

Más allá, la amígdala es la parte del cerebro donde se controlan las emociones. Si se separa, perdemos la capacidad de analizar el significado emocional de los acontecimientos y se afecta a la memoria, ya que es ella la que guarda los recuerdos ligados a nuestras emociones, tanto los felices como los traumas. Incluso, sin la amígdala, perdemos la capacidad de secretar lágrimas. Una ceguera afectiva.

También aquí reside el motivo de por qué las experiencias de nuestra infancia juegan un papel tan importante en nuestra vida adulta. De niños, los recuerdos se graban directamente en la amígdala, sin un proceso verbal que los respalde. En aquel entonces, los acontecimientos se limitaban a puras emociones, sin que contáramos con las palabras suficientes para explicar lo que sucedía y por qué. Más adelante en nuestras vidas, estos recuerdos emocionales surgen una y otra vez, sin que podamos muchas veces controlarlos, aunque nuestro ser adulto sepa que son irracionales.

La importancia de la inteligencia emocional

Muchos niños y adolescentes problemáticos en la escuela son calificados erróneamente como “tontos”, cuando en realidad su problema no es de corte cognitivo, sino emocional: tienen dificultades para manejar sus emociones e impulsos. Y es que todo nuestro pensamiento está orientado hacia mantenernos en un confort emocional. Si no nos sentimos bien, por muy racionales que puedan parecer las circunstancias para convencernos de lo contrario, no estaremos en condiciones de encontrar un equilibrio.

mujer con nubes representando la memoria del hipocampo

En una sociedad donde el raciocinio parece dominar cada vez más sobre las emociones, es básico tener en cuenta la importancia de la inteligencia emocional, que juega un papel más primordial incluso que el cerebro racional. Sin embargo, en los sistemas educativos rara vez se le da prioridad a la educación emocional. No estamos educados para a observar lo que sentimos y, por lo tanto, no sabemos cómo actuar ante nuestros sentimientos de forma efectiva.

“Es muy importante entender que la Inteligencia Emocional no es lo opuesto a la inteligencia, no es el triunfo del corazón sobre la cabeza, es la intersección de ambas”

-David Caruso-

Con todo lo expuesto, apreciamos la importancia de la inteligencia emocional. A través de ella logramos motivarnos, controlamos nuestros impulsos, regulamos los estados de ánimo y empatizamos con con los demás. Nos permite no solo convivir con quienes nos rodean, sino sobrevivir. Es, en fin, la que controla gran parte de quiénes somos.

Imagen cortesía de Brandon Warren.