La inteligencia emocional según Salovey y Mayer

Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Alejandro Rodríguez
17 enero, 2019

En los últimos años, la inteligencia emocional ha saltado a los puestos mejor situados de los escaparates. Cada vez más personas se interesan por su estudio y por cómo el conocimiento puede ayudarles a ser mejores gestores emocionales. Sin embargo, pocos conocen realmente su origen. Podemos situar su aparición en 1990, en un libro en el que Salovey y Mayer intentan explicar qué es la inteligencia emocional y cómo se articula en nuestras conductas y mentes.

Salovey es un profesor de la universidad de Yale, mientras que Mayer era un estudiante de post – doctorado en esta época. Investigaron juntos y publicaron numerosos artículos sobre el tema. A pesar de ello, mucha gente le atribuye el concepto a su mejor divulgador, Daniel Goleman: popularizó el concepto de inteligencia emocional según Salovey y Mayer en 1996, tras publicar un libro llamado Inteligencia emocional: por qué es más importante que el cociente intelectual.

El concepto de inteligencia emocional es ligeramente distinto para Salovey y Mayer que para Goleman. Debido a ello, se han producido algunas confusiones respecto a cuál era su teoría original. En este artículo veremos exactamente en qué consiste para los dos autores que le dieron forma.

Mujer con un corazón y un cerebro en las manos

¿Qué es la inteligencia emocional según Salovey y Mayer?

Según la definición incluida en su primer libro, la inteligencia emocional es la habilidad de procesar información sobre las emociones propias y de los demás. Además, también incluye la capacidad de usar esta información como una guía para el pensamiento y el comportamiento.

Así, las personas con inteligencia emocional le prestan atención, utilizan, entienden y gestionan emociones. Por otro lado, estas habilidades sirven a funciones adaptativas que les proporcionan ventajas a ellos y a los demás. Para considerar que una persona tiene alta inteligencia emocional, estos dos autores hablaban de cuatro habilidades básicas:

  • Capacidad para percibir y expresar las emociones propias y ajenas correctamente.
  • Habilidad para usar las emociones de una manera que facilite el pensamiento.
  • Capacidad para entender emociones, lenguaje emocional, y signos emocionales.
  • Habilidad para gestionar emociones con el fin de alcanzar metas.

En este modelo de inteligencia emocional, cada uno de los campos se desarrolla en cuatro fases distintas. Este proceso, sin embargo, no tiene por qué producirse de manera espontánea. Por el contrario, suele requerir un esfuerzo consciente de la persona. A continuación veremos las cuatro fases de manera más detenida.

1- Percepción y expresión correcta de las emociones

La primera habilidad de la inteligencia emocional según Salovey y Mayer es la identificación de las emociones propias y ajenas. En primer lugar, la persona debe ser capaz de comprender lo que está sintiendo. Esto incluye a las emociones, pero también a los pensamientos -tanto los derivados como los que las generan-. Más tarde, en la segunda fase, se adquiere la habilidad de hacer lo mismo con estados ajenos. Por ejemplo, los sentimientos de otras personas, o los expresados a través del arte.

En la tercera fase, la persona adquiere la capacidad de expresar sus emociones correctamente. Así, también aprende a transmitir sus necesidades relacionadas con sus sentimientos. En la cuarta fase, por último, se consigue la habilidad de distinguir entre expresiones correctas e incorrectas de las emociones de los demás.

2- Facilitación emocional del pensamiento

En la primera fase, las personas dirigen su pensamiento a la información más importante. Aquí, todavía no se tienen en cuenta los sentimientos propios. En la segunda etapa, por el contrario, las emociones empiezan a percibirse con la intensidad suficiente como para ser identificables. Por ello, la persona es capaz de utilizarlas como ayuda para tomar una decisión.

Según Salovey y Meyer, en la tercera fase las emociones harían que la persona fluctuara de un estado emocional a otro. Así, podría considerar distintos puntos de vista sobre un tema. Por último, en la cuarta etapa, los sentimientos de la persona la llevarían a tomar decisiones más correctas y a pensar de manera más creativa.

3- Comprensión de las emociones

Primero, se adquiere la capacidad de distinguir una emoción básica de otra, y de usar las palabras adecuadas para describirlas. Después, esta habilidad se lleva un paso más allá, permitiendo que la persona sitúe ese sentimiento en su estado emocional.

En la tercera fase, la persona es capaz de interpretar emociones complejas. Por ejemplo, una reacción que mezcle asco y fascinación o miedo y sorpresa. Por último, también se adquiriría la habilidad de detectar la transición entre dos emociones, como de la ira a la vergüenza o de la sorpresa a la alegría.

Pinzas con caras de emociones

4- Habilidad de gestionar las emociones para alcanzar metas

En primer lugar, esta capacidad requiere la voluntad para no limitar el protagonismo que las emociones en realidad tienen. Esto, que es más fácil de lograr con las emociones positivas, cuesta bastante más con las negativas. En este paso iremos más allá, permitiéndonos elegir con qué sentimientos identificarnos en función de si son útiles o no.

En el paso anterior, la persona adquiriría la capacidad de estudiar emociones en relación con uno mismo y con los demás. Esto se haría en función de cómo de influyentes, razonables o claras sean. Y, por último, la persona sería capaz de gestionar las emociones propias y ajenas moderando las negativas y aumentando las positivas.

Inteligencia emocional: una habilidad práctica

El modelo de inteligencia emocional según Salovey y Mayer no recoge, ni de lejos, todo lo que hoy sabemos sobre inteligencia emocional. Sin embargo, nos devuelve al origen del concepto, a las bases, a aquello que en su día fue una auténtica revolución.

Quizás el punto más fuerte de este modelo es su sencillez y el hecho de que presenta una graduación que facilita su comprensión. Así, es un magnifico punto de partida para sumergirnos en el maravilloso mundo de las emociones. Ese que, queriendo o sin querer, es nuestro.