La inteligencia fracasada

13 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
La inteligencia no es constructo teórico y aislado. Hemos de saber aplicarla en nuestro día a día; con ella será mucho más fácil obtener aquello que llamamos felicidad.
 

¿Por qué las personas inteligentes cometen actos estúpidos? ¿Por qué los individuos más capaces actúan en numerosas ocasiones con tamaña torpeza? ¿Cómo es posible que las sociedades más avanzadas y preparadas caigan en grandes crisis organizativas, económicas y humanitarias? Son estas paradójicas cuestiones las que aborda José Antonio Marina en su obra La inteligencia fracasada.

El autor nos invita a reflexionar acerca del obsoleto e incompleto concepto de inteligencia que hemos venido manejando. Nos guía a través de un viaje de descubrimiento de las mil maneras en que la brillantez de una mente no encuentra reflejo en su realidad diaria. Nos muestra los mecanismos que hacen fracasar a la razón. Todo ello con el fin de que podamos evitar la desdicha que esto conlleva.

Mente con hilos de información

¿Qué entiendes tú por inteligencia?

Durante décadas, la inteligencia fue definida como el conjunto de capacidades cognitivas que una persona posee. Se elaboraron numerosos test y cuestionarios con el fin de medir esta variable tan apreciada y ensalzada. No obstante, el concepto de inteligencia se tornó excesivamente teórico y aislado. Quedó suspendido por encima de otros fenómenos importantes, como las emociones o la acción, pero sin interactuar con ellos.

 

Sin embargo, la realidad es que la inteligencia es una aptitud aplicada, cuyo fin último es desenvolvernos con soltura y éxito en nuestro entorno. ¿De qué nos sirve poseer un alto cociente intelectual o una magnífica capacidad numérica si somos incapaces de manejar nuestra propia vida diaria?

Por ello, la verdadera inteligencia es la que acciona. Aquella que no solo posee información y habilidades, sino que además las emplea para obtener el triunfo. Y es aquí donde surgen las discrepancias y donde observamos incluso a las personas más brillantes caer en comportamientos a todas luces ilógicos, inútiles y dañinos.

La inteligencia fracasada no habla de ausencia de conocimientos o de aptitud. Por el contrario, designa al fenómeno que se produce cuando, por cualquier motivo, estos no se aplican adecuadamente a la realidad.

Los fracasos de la inteligencia se plasman en infelicidad, falta de éxito personal, relaciones poco satisfactorias e injusticias cometidas. Por ello, considera el autor, es vital comprender los mecanismos que regulan la «estupidez» humana y ponerles freno.

La inteligencia fracasada

A fin de facilitar esta tarea, en el libro se agrupan los fracasos de la inteligencia en cuatro categorías diferentes.

Fracasos cognitivos

Ocurren cuando se mantiene una creencia de forma firme e inflexible. Aun sin contar con evidencia suficiente al respecto y negándonos a observar todas las pruebas que la contradicen.

Ocurre cuando nos cegamos, nos cerramos a la crítica y a los hechos tangibles. En esta categoría entran fenómenos como la superstición, los prejuicios o el fanatismo.

 

Factores afectivos

La inteligencia y las emociones son aspectos complementarios que deben integrarse para lograr el éxito y la felicidad. Los fracasos de la inteligencia en el plano afectivo agrupan la incapacidad para dominar los impulsos, la existencia de apegos y los hábitos afectivos insanos. 

Fracasos del lenguaje

Incluye los modos incorrectos de comunicarnos con nosotros mismos y con los demás. El lenguaje es vital para dar significado a lo que percibimos, para reflexionar y también para relacionarnos.

Por ello, pueden producirse fracasos del lenguaje por exceso o por defecto del mismo, así como por un contenido inadecuado o por la existencia de malentendidos. Cuando el lenguaje entorpece la comunicación en lugar de fomentarla, se ha producido un fracaso de la inteligencia.

Fracasos de la voluntad

Una voluntad firme y estable nos conduce al éxito y a la felicidad. Por el contrario, la falta de la misma produce apatía y desidia.

Una voluntad poco estable nos lleva a procrastinar y a ser volubles e indecisos. Y la falta de control sobre la voluntad puede derivar en adicciones y conductas dañinas.

Mujer triste
 

Inteligencia en acción

En definitiva, José Antonio Marina nos recuerda que el objetivo de la inteligencia es dirigir nuestras decisiones en favor de nuestro bienestar. Y, para ello, hemos de aplicarla y ponerla en acción.

Si deseamos gozar de una existencia más plena hemos de bajar a la inteligencia de su trono platónico y conjugarla con las pasiones y retos de nuestra realidad. Nuestra vida no se desarrolla en la teoría, usemos nuestras capacidades para vivir mejor.

  • Marina, J. A. (2010). La inteligencia fracasada: teoría y práctica de la estupidez. Anagrama.
  • Marina, J. A. (2004). La inteligencia fracasada. Siglo XXI. Literatura y Cultura Españolas, (2), 21-29.