La niñez media y su transición hacia la corregulación

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 25 noviembre, 2015
Perla Chávez Baeza · 12 octubre, 2013

La niñez media comprende el periodo entre los 6 y los 11 años de edad. Al llegar a este punto, muchos de los padres aún no se acostumbran al cambio que implica esta etapa, tanto en los aspectos físicos como los emocionales, y por tanto de crianza.

Una de las problemáticas más vistas radica en el hecho de que el niño comienza una transición hacia la corregulación. En otras palabras, el control ejercido por los padres sobre la conducta de los hijos se ve afectado, y ahora tanto el padre como el hijo comparten el poder.

Suena duro, lo sé. Pero no nos apresuremos, no comencemos a llorar o a rezar para sobrellevar este “duro golpe” que representa nada más que otro periodo que llevará a tu hijo a la maduración necesaria para afrontar efectivamente las siguientes etapas en su vida. No se trata de tu hijo convirtiéndose en un adulto autónomo, autosuficiente. Se trata de tu hijo, convirtiéndose en un niño capaz de hacer frente a los retos y dificultades que se presentan en su vida, de acuerdo a su edad y nivel de maduración. Se trata del padre que antes de intervenir directamente en los problemas de su hijo, interviene en la crianza del pequeño.

Así, llega un cambio en la forma de manejar la disciplina con los hijos; el cual es propicio para que, debido a su nivel de maduración mental propia de la edad, se le deje saber al niño que cada cosa que haga y cada decisión que tome traerá consigo una consecuencia que él mismo deberá afrontar.

Entonces, ¿cómo lo logro?

Una de las recomendaciones iniciales es el uso técnicas inductivas. En ellas, se cuestiona al niño, o se le planteen situaciones que él mismo tenga que resolver, de manera que se obtenga el razonamiento esperado. Así, se puede apelar a su autoestima y valores, al tiempo que le hace evidente de qué manera sus acciones pueden afectar a otras personas (causa-efecto):

EJEMPLO:

Su hijo toma los crayones y comienza a rayar las paredes de la casa (¿le suena familiar?).
– “Al dibujar sobre las paredes de la casa nos haces sentir enojados y tristes” (causa-efecto).
– “¿Qué pasó con el niño obediente y ordenado que utiliza sus cuadernos para dibujar?” (apelar a su autoestima).
– “Un niño de 6 años cuida los lugares donde está para que estén siempre bonitos para todos” (apelar a sus valores).

¿Han probado alguna de estas técnicas y han desistido por no obtener los resultados esperados inmediatamente? Es necesario recordar algo: ¿cuántas veces tuviste que repasar la lectura para tu examen final?, ¿cuántas veces perfeccionas en tu mente lo que dirás en una exposición? El camino de la crianza no varía de ninguna manera del resto de los métodos de enseñanza-aprendizaje.

Siempre ten en mente que, más importante que el resultado simultáneo ante tus intervenciones, es la manera en que ambos (padres e hijos) resuelven los conflictos. Ten por seguro que ello determinará la forma en que lo lograrán en un futuro.

¿Los resultados?

Un niño capaz de tomar decisiones basado en un juicio previo de sus alternativas, capaz de enfrentar los resultados de esas decisiones (sin temor), y aprender de ellas, sean aciertos o sean errores.

Es más fácil construir niños fuertes, que reparar hombres rotos” –Frederick Douglas.