La polémica sobre el tdah

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 25 noviembre, 2015
Andrea Aguilar Calderón · 21 julio, 2013

 Daniel el Travieso, el personaje de las caricaturas, hubiese sido diagnosticado seguramente con el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).

Es el mal psiquiátrico infantil-juvenil por excelencia de los tiempos modernos. Se caracteriza por períodos de atención breves, impulsividad, incapacidad de estarse quieto e inestabilidad emocional.  Afecta a entre un 5 y 10% de la población en edad escolar y representa hasta un 40% de las consultas en psiquiatría para este grupo de edad. Su diagnóstico, hasta el día de hoy, sigue siendo polémico.

Una de las teorías sugiere que, más bien, el trastorno es un constructo social. Un constructo social es, desde el punto de vista psicosocial, una convención que se toma por un hecho, pero que no tiene ningún fundamento natural. En un artículo publicado por The British Journal of Psychiatry, se sugiere que el TDAH se considera un trastorno con base únicamente en lo que se establece como “normal” para un grupo social, indistintamente de los argumentos neurológicos, cuya diversidad puede esperarse en cualquier tipo de comportamiento.

Por su parte, algunos expertos, si bien es cierto que no van tan lejos como para calificarlo de “trastorno ficticio”, sí hablan de que el TDAH  es una epidemia “ficticia”. De acuerdo con su opinión, los niños y adolescentes nunca han estado tan expuestos a tanta información como ahora: entre smartphones, ipods y juegos de video portátiles es casi imposible que se puedan concentrar en lecciones escolares que fueron diseñadas para generaciones que crecieron en un entorno totalmente diferente. Según su criterio, no es necesario medicar a los niños, sino revolucionar el sistema educativo de acuerdo con los descubrimientos que se han hecho a lo largo de los años, tomando en cuenta los diferentes tipos de inteligencias y maneras de aprendizaje. Asimismo señalan que, por ejemplo, en los Estados Unidos los índices de niños con TDAH parecen obedecer más a patrones geográfico-culturales que médicos. De hecho, la Sociedad Psicológica Británica ha sugerido que, particularmente en los Estados Unidos, el TDAH debería de dignosticarse con mayor cuidado.

A todo esto, se suman las voces de movimientos psicoanalíticos, los cuales aseguran que está sobrediagnosticado y que el uso de algunos medicamentos causa efectos secundarios similares a los de otras drogas como la cocaína o las anfetaminas, lo cual ocasiona un severo deterioro en la salud infantil.

De hecho, el mismo Leon Eisenberg, psiquiatra estadounidense que descubrió el TDAH, afirmó que se trata de una “enfermedad ficticia” unos meses antes morir.

Lo cierto es que mientras la polémica continúa, un factor importante por tener en cuenta es hacer lo posible para que la etiqueta de TDAH no afecte la autoestima del niño. La comunidad médica, así como el sistema educativo tradicional, se centran en los aspectos negativos del trastorno, cuando en realidad muchos de quienes lo padecen tienen un alto coeficiente intelectual y pueden incluso alcanzar mejores calificaciones que sus compañeros con un mínimo de atención. Cada niño y adolescente es distinto, con su propia historia personal y, sin duda, tiene mucho más que ofrecer que una mera clasificación como paciente con TDAH.

Imagen cortesía de José María Cuellar