La revolución del Neolítico

Roberto Muelas Lobato · 4 mayo, 2018

Hay términos como el progreso que están muy aceptados en nuestra cultura. Los humanos progresamos con el tiempo. Cada generación es mejor a la anterior. Cada nuevo invento nos va a llevar a un mundo mejor. Pero, ¿esto es verdad? Todos somos conscientes de las crisis actuales y pasadas más cercanas en la historia, pero ¿qué hay de las más antiguas, aquellas que sucedieron en el Neolítico?

El Neolítico es un período que se extiende desde el 7000 a.C. hasta el 4000 a.C. aproximadamente. En él surgieron las que se consideran las mayores revoluciones de la humanidad: la agricultura y la ganadería. Cuando estudiamos esta época en el colegio, nos da la impresión de que fue un gran descubrimiento que cambio el destino de la humanidad. Un avance que todos aceptaron como una mejora a seguir. Pero realmente no fue así, no todos lo aceptaron. Para algunos la agricultura y la ganadería suponía un retraso y seguían prefiriendo ser cazadores y recolectores.

Rebaño de vacas

El período Neolítico

El Neolítico, siendo uno de los períodos más importantes de la historia, es también uno de los más desconocidos. En el Neolítico surgieron los pilares del mundo en el que vivimos, como son la ganadería y la agricultura, la guerra, la propiedad, la escritura, la división de poderes, etc. Aunque, por otra parte, también se podría decir que fue el momento en el que empezaron los problemas de la humanidad.

Esta época es importante porque fue cuando la humanidad comenzó a transformar el medio ambiente para adaptarlo a sus necesidades y la población comenzó a crecer exponencialmente. También lo es porque, en la actualidad, vivimos el paso a una nueva era geológica, un gran cambio planetario. Este paso a otra era comenzó en el Neolítico. Por esto, entender el Neolítico y lo que supuso el anterior cambio geológico puede darnos algunas pistas para saber cómo llevar el futuro.

Lo que nos enseñan en la escuela del Neolítico

El Neolítico fue, como lo llama el ensayista Yuval Noah Harari, el mayor fraude de la historia: “en lugar de anunciar una nueva era de vida fácil, la revolución agrícola dejó a los agricultores con una vida por lo general más difícil y menos satisfactoria que la de los cazadores-recolectores”. La vida como cazadores-recolectores era mejor, se ha encontrado que tenían menos estrés por falta de alimentos, su dieta era más nutritiva, tenían menos enfermedades hasta que empezaron a vivir más concentrados y con animales, y no conocían las guerras.

La idea que nos cuentan en los colegios del Neolítico, de que aprendimos a domesticar las plantas y comenzamos a crear ciudades y se acabó el hambre es falsa. Muchas sociedades agrícolas lo abandonaron para volver a ser cazadores-recolectores y volver a adoptar la agricultura varias veces. Las diferentes catástrofes naturales, como las epidemias, las deforestaciones o la salificación del suelo, propiciaron estos procesos de ida y vuelta. Durante 5.000 años pasaron de un estado a otro dependiendo de las condiciones climáticas.

Recogiendo sal en Vietnam

Qué nos dejó el Neolítico

El Neolítico nos ha dejado un mensaje claro: un entorno natural transformado y bien regulado puede alimentar un gran número de bocas. Pero este mensaje ha sido pervertido por el hombre. La explotación irracional del medio, la acumulación de semillas, las desigualdades sociales y el espíritu de supremacía sobre los más débiles son algunos ejemplos. La esperanza de una sociedad en armonía con la nueva economía fracasó por el rechazo a compartir.

Podemos encontrar impresionantes construcciones realizadas por grandes civilizaciones como las pirámides o el Partenón, pero ¿qué representan si las comparamos con el paso de toda la humanidad a la agricultura? Una vez desechada la idea de que una única revolución neolítica estalló en Oriente Próximo, se considera que hubo varios puntos de partida más o menos simultáneos. El trigo en Oriente Próximo, el arroz en China y el maíz en América. Todos ellos constituyen la revolución de la agricultura que, gracias a las migraciones de los primeros campesinos, llegaron a Europa.

Este es uno de los factores que más caracteriza al neolítico, el movimiento de personas desde Oriente Próximo. La revolución del neolítico provocó un crecimiento demográfico inexistente hasta el momento, lo cual llevó a las migraciones tanto de personas como de ideas y materiales. Aunque es un período incierto, tenemos la certeza de que aquella revolución remota lo cambió todo y todavía no ha terminado. Las lecciones que oculta pueden ser muy útiles para un presente en el que la humanidad está llevando la naturaleza y sus recursos al límite de sus posibilidades.