La risa es el mejor conductor de la felicidad

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 10 septiembre, 2016
Cristina Medina Gomez · 10 septiembre, 2016

La risa, junto a la bondad, es una de las reacciones espontáneas más maravillosas que poseemos y, además, es de esas bonitas características que nos diferencian de otros seres vivos. Al reír de verdad exteriorizamos lo más profundo del corazón y mostramos el alma desde su pureza: no hay expresión que nos quede mejor y diga más de lo que sentimos.

“Olvidarse de reír, un olvido imperdonable a cualquier edad.

Un pecado mortal en la infancia”

-Albert Espinosa-

Escribía Neruda: la risa es el lenguaje del alma. Matizo: la risa es una de las herramientas más sinceras que nos permiten comunicarnos, pero no la única. Existe la mirada, la caricia o incluso el llanto: a veces quien más ríe es de igual forma quien más llora por dentro.

Lo que sí es totalmente cierto es que cuando reímos inconscientemente estamos empleando un idioma personal con el que informamos al resto de más cosas de las que pensamos. En especial de una muy general: aunque te invada la tristeza o la ansiedad, si tú ríes, tú vives, el alma vive.

Si tu ríes, tu vives, el alma vive

Reír por nerviosismo, reír a causa de una gran felicidad, reír con humor, reír de nostalgia, reír por complicidad… La risa es infinita y sus modos de manifestarse también lo son.

“La risa es tremendamente relajante, es una gran meditación. Si puedes reír totalmente, si puedes reír con totalidad, entrarás en un espacio de no-mente, de no-tiempo. La mente lógicamente vive de expectativas, la risa es algo que viene del más allá.”

-Osho-

Mujer sonriendo con las manos en la cara

Independientemente del sentimiento que te envuelva, si consigues reírte es una señal de que estás vivo y de que tu alma vive: incluso las sonrisas que duelen (esas que quedan en el límite entre la pena y el coraje sin llegar a ser risa) te sitúan activamente en el mundo.

Una risa sana es el reflejo de un equilibrio emocional y físico sano

Desde que tenemos unos cinco meses de edad al reírnos el cerebro ordena segregar endorfinas que actúan con un efecto similar en el cuerpo al de la morfina. De esta manera, el equilibrio vital lo agradece enormemente: la energía negativa deja paso a un estado anímico positivo con una duración variable que transmitimos a los que están alrededor. 

Entre otros, la risa combate los estados de tristeza así como el estrés diario. Además eleva la autoestima y la confianza en nosotros mismos, disminuyendo la vergüenza o el miedo. Incluso podemos decir que refuerza el sistema inmunológico: los pulmones, el cerebro y el corazón lo agradecen, pues la presión arterial disminuye y los músculos se relajan.

Por supuesto, tampoco podemos olvidar que reírse a carcajadas es un buen plan para complementar una alimentación que busque quemar calorías o tonificar la piel. Por todo ello, existe la risoterapia bajo la cual se encuentra la idea de que una risa sana muestra un equilibrio emocional y físico igualmente sano.

Tu risa, además de comunicar, conduce la felicidad

Decía al comienzo que era algo maravilloso y una de las razones fundamentales es que la risa no solo habla por cada uno o aporta beneficios personales, sino que también deja su influencia en quienes la perciben. Así, la risa es capaz de tranquilizar, de curar, de animar, de alegrar o incluso de abrazar.

Amigas sonriendo tumbadas

Se comenta que hay 180 tipos de risas. Las hay que salen de tu alma y se clavan en el alma de alguien para siempre, y otras oportunas que se desvanecen en el aire tras haber aportado algo momentáneo. También las hay de esas que te definen y te identifican ante los demás o de esas que provocan que otros se sumen a los ataques de carcajadas.

“La risa es salud y alarga la vida. (…) Quiero hacer de todo, pero mi misión en la vida es arrancar las máximas y más sonoras carcajadas posibles”

-Jim Carrey-

Inocente, de sorpresa, cínica, de compromiso, tímida, desbordante, ahogada, amistosa, burlona. Cualquier clase de risa comunica y forma parte de nuestro lenguaje más profundo.