La sociedad estigmatiza, pero yo me libero - La Mente es Maravillosa

La sociedad estigmatiza, pero yo me libero

Cristina Roda Rivera 23, Agosto 2015 en Emociones 69 compartidos

“El de la locura y el de la cordura son dos países limítrofes, de fronteras tan imperceptibles, que nunca pueden saber con seguridad si te encuentras en el territorio de la una o en el territorio de la otra….”
-Arturo Graf-

El estigma social

En la salud mental, el estigma se estudia con mucha atención y se analiza el efecto nocivo que ciertas etiquetas pueden generan sobre un paciente. Pero los estigmas no se ciñen solo al terreno de la psiquiatría y la salud, estamos rodeados de ellos constamente.

Los estigmas hacen alusión a todo aquel aspecto definitorio o clasificatorio de algo, una especie de “marcador individual” para el que lo recibe, respecto a la sociedad de la que forma parte.

El efecto demoledor del estigma

A veces el estigma duele más que la propia enfermedad o situación en sí. Pensemos la gran cantidad de estigmas respecto las personas que existen en nuestro entorno.

Desde el estigma de “ese es un loco” para una persona que sufre de esquizofrenia, por ejemplo; al estigma de la pobreza, la etiqueta de “son pobres” para una familia que se ve en la necesidad de pedir ayuda en un momento de su vida.

El estigma es demoledor

Existe mucho daño del estigma hacia nuestra “psique” y en nuestra relación con los demás. El estigma se graba a fuego en la persona que lo recibe, al igual que en las personas que lo rodean.

Lo que en un principio podría ser una etiqueta para ayudar a profesionales a comunicarse; trasciende ese momento terapéutico y puntual, y perpetúa una visión global y persistente de alguien que haya padecido un momento de quiebra en su salud psíquica.

Los medios de información y el estigma

Falta de información o información poco rigurosa, provocan que el estigma se llene de prejuicios y de rechazo.

Condenamos socialmente a una persona por haber tenido un momento de especial complejidad en su vida, sin tener en cuenta todos los antecedentes y variables que lo han podido propiciar.

Siguiendo con el ejemplo de la esquizofrenia, una persona que recibe ese diagnóstico médico puede ser catalogada como peligrosa ante la sociedad y no se visualizan los casos en los que con un tratamiento adecuado, la persona con este trastorno puede llevar una vida totalmente provechosa.

En los medios y en nuestro entorno siempre aparecen los casos más extremos, en los que ha tenido lugar un episodio de violencia.

Automáticamente, se recurre al simplismo y a la relación causal: “Es violento porque tiene esquizofrenia. Por tanto, los esquizofrénicos son violentos”.

Cómo vivir sin sufrir el estigma

Todas las personas podemos ser víctimas de estas etiquetas sociales que no buscan ayudar ni concienciar, sino en muchas ocasiones diferenciar y marginar.

Para el que cataloga y estigmatiza, es una forma de sentir superioridad respecto a determinadas situaciones y colectivos. Para la sociedad que los fomenta, una forma de perpetuar mitos erróneos, discriminación, falta de investigación y sectarismo.

Por tanto, como individuos debemos ser capaces de no interiorizar un estigma y visualizarlo como un problema de ignorancia de determinados sectores de la sociedad.

Vivir sin sufrir el estigma

Cómo no colaborar con el estigma como sociedad

Por tanto, veamos más allá de las etiquetas y del estigma que generan. Entendamos que detrás de cada persona hay una historia que le ha hecho susceptible de llegar a esa situación.

Podrían levantar falsas ideas, darnos cuenta por ejemplo que una persona en desigualdad de condiciones físicas y psíquicas no necesita compasión ni caridad, sino justicia y tratamiento para mejorar su situación.

De esta forma, contribuiremos al desarrollo, a la verdadera integración, a la solventación de situaciones complejas basándonos en investigación, y no en juicios y suposiciones. Aprenderemos como seres humanos de estas situaciones.

Una forma bonita de ilustrar esta eliminación de prejuicios por ejemplo referidos a la locura, es ver al loco como se hacía en la cultura árabe durante la edad media:

“Deja hablar al loco y cuídalo. A través de la palabra que nos da, él quiere sanarse y Dios nos quiere hacer entender algo de su situación”.

Cristina Roda Rivera

Psicóloga,Especialista Máster en Psicología clínica y social.

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