La vida son cuatro días y dos están nublados

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 25 noviembre, 2015
Sonia Viéitez Carrazoni · 13 agosto, 2013

El miedo a que los demás se burlen de nosotros, nos tomen por idiotas, o sencillamente nos juzguen erróneamente, puede alterar enormemente nuestro carácter y nuestra existencia. Vivir obsesionados por lo que opinen de nosotros los demás, es una ruina y una  desgracia lamentable.

¿Qué pensarán  de mí? ¿Se reirán si hablo? ¿Se burlarán de mi indumentaria? ¿ Se mofarán de mi acento?.  Son ejemplos de preguntas  habituales de quienes se mantienen fieles   a sentirse   ridículos.

Efectivamente, la ansiedad, el malestar y las reacciones que genera el miedo al ridículo en mucha gente, eliminan de raíz su espontaneidad y su gracia natural, consiguiendo en muchos casos el consiguiente hermetismo y la anulación de la verdadera personalidad.

Las personas con una predisposición mas elevada a parecer ridículos, son aquellos que se toman la vida demasiado en serio. Los que son capaces de reírse de las peripecias graciosas o extrañas de los demás, pero sobre todo de ellos mismos, gozan sin duda de un maravilloso antídoto contra la vergüenza y las sensaciones que los dejan en evidencia. 
  
Vivimos inmersos en un mundo veloz, donde todo se olvida casi instantáneamente, y donde  a los 15 minutos ya nadie recordará nuestras hazañas por absurdas que nos parezcan. Incluso encontraremos personas a favor  y en contra  cuando mas extravagantes nos parezcan las meteduras de pata.

Y es que en  realidad  nadie es ridículo, sino que se siente ridículo. Tal vez el truco consista en reírse tras la caída o el resbalón, y en apartar los dramas diarios. Ojalá que cada vez que nos sintamos ridículos, miremos a los demás en distintos  turnos (mañanas, tardes, noches) en todas las horas del día se repiten momentos que no deben parecernos vergonzosos, sino  alegres , raros, divertidos. 
Y ojalá que ya no  nos preocupe nuestra imagen o lo que piensan de nosotros, sino lo que en realidad somos y sentimos.