Las dos caras de la moneda

Cristina Pérez · 7 junio, 2014

Habitualmente, cuando estamos en sociedad, la mayoría de personas tratamos de mostrar la mejor cara. Es algo humano, queremos causar buena impresión para ser apreciados y aceptados, pero la parte menos buena raramente la mostramos, salvo a personas de confianza que nos comprenden. Son las dos caras de la moneda.

Nadie tiene una vida perfecta, pero es normal querer mostrar lo bueno y dejar de lado los problemas y carencias que hay detrás de cada historia de vida. Lo que vemos en los demás es algo superficial, es lo que nos quieren mostrar, es solo una cara de la moneda.

Tendemos a ver en los demás lo más positivo que tienen. Pero con nosotros mismos hacemos todo lo contrario. Solemos pensar en lo más negativo que hay en nuestra vida y olvidamos las cosas por las que deberíamos estar agradecidos.

Por ejemplo, si vemos a personas guapas de cuerpos esculturales, pensamos que son muy afortunadas. Sin embargo, raramente nos paramos a pensar en la historia que puede haber detrás de inseguridades, dietas sacrificadas y obligaciones de gimnasios. Posiblemente podrían ser menos felices que otras personas menos agraciadas.

También podemos ver a personas que han llegado a sus metas y aparentemente parece que todo haya sido suerte o que lo hayan conseguido con facilidad. Pero no sabemos la historia que llevan detrás, los esfuerzos que han tenido que hacer y lo importante que han podido perder por el camino.

Y a lo mejor nosotros no hemos conseguido nuestras metas, nos comparamos con otros que llegan donde quieren, pensando que nosotros no podemos y ellos sí pudieron. La realidad es que no hay camino fácil, que aunque veamos a personas seguras y exitosas, también tienen otra cara y no sabemos cómo se sienten ni lo que han tenido que sufrir para llegar donde han llegado.

Las comparaciones no son racionales

¿Por qué no son racionales? Porque en los demás vemos la parte positiva de sus vidas y en nosotros vemos la parte negativa. Por ello, las comparaciones no son equilibradas, siempre salimos perdiendo. Cuántas veces nos hemos sorprendido cuando alguien se sincera con nosotros y nos cuenta algún problema o insatisfacción personal y hemos pensado “vaya, no lo parecía”.

La cara de la moneda más negativa no se suele exponer en público, tendemos a ver la más brillante.

Jamás deberíamos compararnos con nadie. Es así porque todo el mundo tiene en su vida cosas positivas y cosas negativas. Algo que podríamos envidiar de otros es solo un componente positivo que poseen, pero no sabemos qué parte negativa tienen. A lo mejor si supiéramos de sus problemas dejaríamos de envidiarles.

Las comparaciones no ayudan y casi nunca son realistas porque no conocemos en profundidad a la persona. Lo mejor es saber que todo el mundo tiene su lado bueno y malo. Sin embargo, unos se centran en lo positivo, mientras que otros se centran en lo negativo y piensan que son peores que otros. Al final todo depende de la perspectiva desde la que miramos cada situación.

Las dos caras de la moneda: hay mucho más de lo que se ve a simple vista

Mujer ante un espejo
Sabiendo que todos tenemos una cara que mostramos al mundo y otra más oculta que solo compartimos con personas de confianza. No deberíamos jamás juzgar a nadie porque detrás de lo que aparenta hay mucha más historia que desconocemos.

Conformémonos con lo que tenemos y no deseemos estar en los zapatos de otros. Puede haber casos en los que nos arrepentiríamos si verdaderamente pudiéramos cambiar nuestra vida por la de otro.

Valoremos lo bueno que hay en nuestra vida. Seguro que hay muchas cosas que damos por supuestas pero que tienen muchísimo valor. Demos las gracias por todo lo positivo que tenemos, además podemos conseguir más cosas si le ponemos empeño y ganas. La vida es un reto y hay muchas metas a las que podemos llegar.