Emociones: monedas con dos valiosas caras - La Mente es Maravillosa

Emociones: monedas con dos valiosas caras

Sergio De Dios González 15 octubre, 2017 en Psicología 0 compartidos
Hombre encajando un corazón en un perfil de una cabeza

Las emociones son uno de los contenidos más importantes de nuestra vida psíquica. Lo son por lo que representan, por lo universal de su transcurrir y por su capacidad para condicionar pensamientos y procesos fisiológicos. Para cambiar el ritmo del corazón, la pausa de nuestra respiración o la conductividad de nuestra piel.

De igual modo lo son por lo que inspiran y porque nos permiten reconocer en los demás a personas semejantes a nosotros. Semejantes en la alegría, en el dolor o en las sorpresas. Semejantes a grandes rasgos, porque en realidad en rasgos pequeños somos muy diferentes. No hay dos caras que encajen exactamente en sus arrugas o en su expresión, de la misma manera sucede con el eco emocional en nuestro interior.

La primera cara de nuestras emociones: el mensaje

En el título hemos dicho que las emociones son una moneda de dos caras. Las dos son igualmente valiosas, aunque de igual modo las dos se pueden pervertir o volver en nuestra contra. ¿Cuál es la primera? No, no es el rostro de un rey o de otro rostro reconocido. La primera cara de las emociones es el mensaje: aquello que nos dicen o nos pretenden decir.

Mano con una llave

La alegría nos dice, “¡ehh, si no te has enterado ha ocurrido algo bueno!”. Ponte las pilas porque toca disfrutar y probablemente habrá diversión. La sonrisa aparece y nuestro rostro se ilumina. Nos convertimos en una especie de flor que se abre porque tenemos ganas de compartir lo que nos sucede con los demás, mientras abrazamos a la emoción con todas nuestras ganas.

La alegría también nos dice que hemos acertado con la decisión que hemos tomado. Valida el procedimiento elegido y lo refuerza, de manera que en el siguiente dilema similar será más probable que optemos por la misma alternativa. Además, la alegría nos vuelve más generosos, menos desconfiados y desde la comprensión de su mensaje también podemos llegar a sentir que hemos sido quizás un poco “tontos” al preocuparnos demasiado.

La tristeza también tiene mensajes para nosotros. Nos informa que hemos perdido algo que de una u otra forma nos importa. Sea un amigo, una oportunidad o incluso un objeto al que le teníamos mucho cariño. La tristeza también es una invitación para detenernos y reflexionar. Suele decirnos que hay algún elemento que no encaja en nuestra historia y al que le tenemos que dar vueltas para que pueda integrarse en ella sin herirnos con sus esquinas, sin hacernos daño.

Quizás la emoción que tiene un mensaje más poderoso sea el asco. Es una invitación directa y contundente para que nos apartemos de aquello que nos lo ha causado. En el fondo, al igual que el mido nos avisa de un peligro, aunque con esta emoción el repertorio de respuestas queda más reducido. La más común es la de la evitación.

Sirvan estas tres mociones como ejemplo de la primera cara de la moneda: la del mensaje. Por lo tanto, la función de la inteligencia emocional aquí es clara, se trata de saber escuchar, de saber identificar qué nos quiere decir la emoción. Pero, si es tan sencillo, ¿por qué en la realidad no cuesta tanto?

Pues porque es muy raro que experimentemos solo una emoción al mismo tiempo. Cuántas veces hemos sentido a la vez alegría y miedo, como cuando empezamos un nuevo proyecto y de pronto nos entran dudas sobre si estaremos a la altura. Cuántas veces hemos sentido alegría y tristeza, como cuando podemos gozar de una oportunidad pero eso significa renunciar a otras muchas que también nos gustarían… o cuando nos mudamos y nos acercamos a unas personas para alejarnos al mismo tiempo de otras.

La segunda cara de las emociones: la energía

Has llegado a casa agotado, vas a la cocina a comer algo y de pronto ves que sale un espeso humo negro del piso de abajo. En ese momento el cansancio desaparece y te pones en marcha. Es exactamente lo mismo que le ocurre a un estudiante cuando tiene un examen al día siguiente y es capaz de encadenar horas y horas de estudio. Muchas de las emociones que sentimos nos energizan más que cualquiera de esas bebidas repletas de azúcar y cafeína que podemos encontrar en los estantes del supermercado.

Mujer con los ojos cerrados rodeada de la energía de las emociones

Cuanto más intensa sea la emoción, más energía nos aporta. Esto puede ser muy positivo si estamos en la selva y nos encontramos con un león, pero en el mundo contemporáneo, en el que hoy nos desenvolvemos, esta energía necesita de una regulación mucho más inteligente. Por ejemplo, con la energía que nos proporcionan el enfado o la ira podemos llegar a hacer mucho daño, tanto a los demás como a nosotros mismos.

A los demás por decir o hacer algo de lo que después nos arrepintamos, causando heridas o dejando huellas tan indeseables como difíciles de borrar. A nosotros cuando contenemos esa energía bajo siete llaves y no le facilitamos una forma de escape a esa porción que no necesitamos. De ahí que el deporte sea tan bueno para la regulación emocional: nos permite dar una salida a esta energía sin dañar a los demás o a nosotros.

¿Cara o cruz? Más bien las emociones, como hemos visto, son cara y cruz. Información y energía. Elementos muy poderosos que nos pueden dar muchas alegrías si los sabemos canalizar de manera inteligente.

Sergio De Dios González

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