Las etapas del viajero

Yamila Papa · 25 abril, 2016

A la mayoría de las personas les gusta viajar, conocer nuevos lugares y escapar de la rutina. Puedes ser un turista bien organizado o un viajero que prefiere llegar a destino y allí ver qué hacer, sin embargo todos los que van a viajar atraviesan por las mismas etapas, emociones y pensamientos.

Un viaje puede ser una experiencia maravillosa, un sueño por cumplir o la posibilidad de aprender sobre culturas diferentes. Lo que nadie puede negar es que tras viajar nuestra mente “se abre” y podemos tener una perspectiva totalmente contraria a la que poseíamos antes de salir de casa.

Las etapas del viajero antes de partir

Si estás pensando en viajar al otro lado del mundo, irte de vacaciones con tu pareja o preparar la aventura más importante de tu vida seguro atravesarás por una serie de etapas. Estos estadios son parecidos para cada viajero más allá del tipo de travesía que elija o el destino al que se dirija.

En primer lugar, se sueña y piensa sobre el viaje. Tras leer un artículo sobre un lugar, ver una fotografía en Facebook o un paisaje en una película todo comienza. ¿A quién no le gusta imaginar que estamos en una playa, isla, ciudad o desierto? Cuando llegue el momento de organizar las próximas vacaciones es más probable que elijamos aquello que está en nuestra mente, es decir, un sitio que hemos visto en los últimos tiempos.

Mujer con una bola del mundo pensando en su próximo viaje

En segundo paso tenemos la planificación. Los amigos y familiares suelen ser la fuente de información más importante para el viajero, seguida de Internet (webs oficiales, blogs, redes sociales), para preparar su viaje. La organización está basada en recopilar todo tipo de datos sobre el destino pero además consultar la oferta de hoteles e incluso de restaurantes. En esta etapa hay mucha investigación.

El tercero está relacionado con la reserva del viaje, que comienza a tener más “forma” y ya no es un simple deseo o producto de nuestra imaginación. ¡Será realidad en cuanto hagamos las reservas que necesitamos! La tecnología nos permite pagar todo sin movernos de casa, ya sea con intermediarios a través de agencias o de manera directa.

Algunos empiezan con estas reservas con bastante anticipación y otros lo dejan para último momento. Todo depende de cómo sea nuestra obsesión por el control y en qué manera temamos a los imprevistos: si tememos quedarnos sin plazas lo reservaremos antes, por el contrario, si tememos que pueda pasar algo que nos obligue a cambiar las fechas lo reservaremos más tarde.

En cuarto lugar…¡Nos toca viajar! Por fin ese día tan esperado ha llegado. Días antes en nuestra mente -y algunos literalmente- empezamos a hacer las maletas, miramos el tiempo e intentamos acertar con las prendas, incluyendo especialmente aquellas que no desentonan en un sitio informal pero que tampoco lo hacen en uno formal, que no dan mucho calor pero que si la cosa se pone fría parece que abrigan.

Mano sujetando un avión de juguete

El termómetro de emociones del viajero

No hay dudas de que para los fanáticos de los viajes, cada travesía es única e irrepetible. Las emociones están a flor de piel y podemos atravesar por diferentes estadios desde el primer momento en que pensamos en viajar hasta que regresamos a nuestro hogar (y varios días después).

Comprar los billetes de avión y hacer las reservas de hotel tiene esa parte de emoción por la aventura que nos espera por delante pero también ese sentimiento que acompaña a la fortuna de poder disfrutarlo. Para muchos, esas vacaciones suponen un momento de respiro, un reencuentro con nuestra niñez en la que no había día que no aprendiéramos un montón de cosas nuevas. Dejar el traje de faena y ponerlos el de exploradores.

Mapa billetes de avión sombrero y gafas de un viajero encima de la mesa

En el momento de hacer la maleta también aparecen temores, porque no somos capaces de hacer nada que merezca la pena sin ellos, sin que los tengamos que superar. Dejamos a personas a las que queremos en tierra y empezamos a temer que si sucede algo no vamos a estar lejos, tememos que vamos a un sitio que no conocemos y en ocasiones con costumbres realmente distintas a las nuestras, ¿Cómo nos adaptaremos? ¿Tendremos algún problema?

Sin embargo, una vez que el avión despega, el tren sale de la estación o el coche empieza a tragar km por la carretera, una vez que ya no hay vuelta atrás, empezamos a ser conscientes de que realmente estamos de viaje, que no sabemos cómo pero que realmente hemos conseguido escapar unos días de nuestra rutina, desatando un montón de cuerdas que a priori parecían demasiado sólidas, demasiado amenazantes.

A partir de ese momento, somos viajeros, formamos parte de su mito romántico y solo nos queda disfrutar…