Las personas inteligentes aprenden de los errores que cometen otros

Cristina Medina Gomez · 1 noviembre, 2016

Aquello de que de los errores se aprende es una verdad casi absoluta, sobre todo si con constancia somos observadores y analíticos a la par que intuitivos. Dicen por eso que, una vez que se adquiere la enseñanza de una equivocación, nos alejamos de volverla a cometer.

En este sentido, parece ligeramente sencillo observar el fallo si lo hemos cometido nosotros. Pero, ¿y si los errores llegan de otra persona? La vida es limitada y tenemos demasiado tiempo para equivocarnos muchas veces. De este modo, ¿por qué no fijarnos en los errores que cometen otros para evitarlos? Ya no solo es una cuestión de tiempo, es que haciendo esto también evitaremos sufrir las consecuencias negativas del error.

Error del que no aprendes, error que se repite

Desde que nacemos, comenzamos a darnos cuenta de que fallar es un modo de acertar a medio y largo plazo. Los primeros años fallamos continuamente, pero a la larga vamos recogiendo los frutos, con un sabor más intenso y duradero, de esos fallos. Cuando nos hacemos mayores, las consecuencias se complican, lo que no quiere decir que el procedimiento quede completamente invalidado.

mujer con flor

Estas consecuencias están ligadas también al lado positivo que podamos sacar de las circunstancias. Es decir, la equivocaciones con unas consecuencias más negativas suelen ser también las que tienen un mayor poder trasformador. Es este sentido, no olvidemos que el propio proceso de asumir las consecuencias puede ser también un gran aprendizaje, no solo el fallo en sí.

“Los errores -dijo con énfasis- también cuentan para mí. No los borro ni de mi memoria ni de mi vida. Y nunca culpo a otros de ellos”

-Andrzej Sapkowski-

Aprendemos a guardar las experiencias malas junto en el cajón que tiene la etiqueta de “no repetir”. Sin embargo, estas estrategias erróneas a veces se escapan de este cajón por fortuna: que no hayan funcionado en unas circunstancias no significa que no funcionen en otras. Quizás con 18 años no estemos preparados para montar nuestra propia empresa, pero con 30 quizás sí. en el camino habremos cogido experiencia y aprendido de los aciertos y errores que han cometido nuestros jefes.

Mantenerse despierto es un arma de seguridad

Alguien dijo una vez que las personas nos agrupábamos en tres grandes grupos: uno que asimila sus errores, otro que además de los suyos lo hace con los de los demás y aquel grupo que no hace ni una cosa ni la otra.

Es bueno pertenecer al segundo grupo, principalmente porque hacerlo nos reduce la probabilidad de caer en un pozo para comprobar que está ahí. Mantenerse despierto ante lo que ocurre a nuestro alrededor es un arma de seguridad para esquivar heridas evitables.

“Porque todos somos de aquello que nos hizo equivocarnos,  y el vínculo del error es a veces más fuerte que cualquier otro”

-Belén  Gopegui-

Los demás nos enseñan sobre acontecimientos concretos sin necesidad de tener que experimentarlos personalmente. Desde una visión exterior, somos capaces de llegar a ellos con empatía y humildad, sin juzgar ni criticar. Igualmente podemos hacerlo con sensatez y con cautela, incluso elucubrando sobre las posibles consecuencias que podrían haber nacido de la puesta en marcha de otras opciones.

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Siempre hay algo nuevo que aprender

Pero, ¿qué más razones hay para fijarse en el comportamiento del resto? Quizá la más importante de todas sea que siempre hay algo nuevo que aprender. En este sentido, la vida es una oportunidad de aprendizaje constante.

Una oportunidad que forma parte del regalo de la vida. Además, más allá del placer que supone y que solo algunos ha encontrado, es una actitud pragmática e inteligente. Quizás no quite todas las espinas de nuestro camino, pero con ella localizaremos unas cuantas y las podremos esquivar.

“Deberíamos dedicarnos a desaprender gran parte de lo aprendido

y aprender lo que no se nos ha enseñado”

-Ronald Laing-

Por esto es fundamental pertenecer al grupo de los sabios que aprovechan todo lo bueno que la vida nos tiene preparado. Vivir como quien no hace caso ni a sus errores ni a los del resto, realmente no es vivir de una forma inteligente.