Las teorías intuitivas frente a lo que enseñan las escuelas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 29 agosto, 2017
Alejandro Sanfeliciano · 29 agosto, 2017

Antes de empezar a hablar de ellas, vamos a intentar aclarar qué son las teorías intuitivas. Un niño antes de entrar en la escuela no es una mente en blanco, antes de empezar a estudiar el niño ya ha creado una serie de teorías que explican su realidad, estas son las teorías intuitivas.

Ahora bien, ¿cómo son estas teorías intuitivas del niño? Estas teorías no están basadas en un análisis exhaustivo de la realidad, todo lo contrario. Las teorías intuitivas se basan en un razonamiento rápido de la percepción de su realidad y constituyen el sentido común del niño. Un ejemplo de ellas puede ser que el niño piense que la tierra es plana.

Al estar creadas por el sentido común, estas teorías son incorrectas o muy imprecisas. Si queremos que los niños aprendan realmente cómo es la realidad, hay que lograr romper con esas teorías intuitivas y sustituirlas por las que expliquen los hechos de manera correcta. Esto parece trabajo de la escuela. Pero, ¿la escuela se encarga de esto, realmente cumple con esta función?

A pesar de que he planteado las teorías intuitivas desde la perspectiva de la infancia, estas se forman y existen a lo largo de toda nuestra vida. Siempre que ocurre un evento, ya sea físico, social, político… que se escapa a nuestros conocimientos, nuestro cerebro genera una teoría que lo explica a través de nuestro sentido común. Un sentido común que suele ser erróneo o impreciso para desentrañar grandes fenómenos, lo que no quita para que sea una ayuda vital en lo cotidiano.

Principito regando una rosa

Las teorías intuitivas y la escuela

Aquí nos encontramos con un problema, nuestro sistema educativo planifica las clases como si los alumnos fueran sujetos pasivos. Para la escuela los alumnos son vasos vacíos que tienen que llenar de conocimientos. Sin embargo, no es así: el alumno es como una planta que hay que regar para que crezca libremente.

En primer lugar, hablemos de por qué la escuela ve a los alumnos como vasos vacíos. Si vamos a una clase típica nos encontraremos a unos 20 o 30 alumnos sentados frente a un profesor que explica, con el apoyo de una pizarra, una serie de contenidos que los alumnos tendrán que memorizar para luego plasmarlos en un examen. En este modelo didáctico, salta a la vista que los alumnos son solo sujetos pasivos del aprendizaje: su único cometido es escuchar al profesor y hacer lo que les diga.

La situación pasiva de los alumnos provoca que estos no lleguen a una comprensión profunda de los contenidos, simplemente memorizan literalmente lo que les expone el profesor. Por lo tanto en esta situación, ¿qué ocurrirá si un alumno tiene una teoría intuitiva errónea y recibe la información, esa que la ayudaría a romper con ella, de manera pasiva? La respuesta es que el alumno seguiría creyendo en su teoría intuitiva a la vez que mantiene la teoría correcta en su cabeza, aunque sean contradictorias.

Dos teorías contradictorias en una misma cabeza

¿Cómo es posible que el alumno mantenga dos teorías contradictorias a la vez en su cabeza? Esto se debe porque al no lograr una comprensión profunda de la teoría correcta, el alumno ignora las contradicciones existentes con su teoría intuitiva. Cuando el alumno esté en el ámbito escolar y el profesor le pregunte, él acudirá a su memoria y responderá con la teoría correcta. Sin embargo, cuando se le presente un problema en una situación real, él acudirá a su teoría intuitiva, que es en la que realmente cree.

Para entender esto podemos hacer un pequeño ejercicio, quiero que dediquéis un momento a pensar la siguiente pregunta, si saltamos muy alto hacia arriba mientras subimos por una escalera mecánica, ¿en qué escalón aterrizamos: en el mismo en el que estábamos, en el anterior o en el posterior?

La intuición nos dice que al saltar, nosotros permanecemos en el aire mientras la escalera sigue subiendo, así que aterrizaremos en el siguiente escalón; pero esto es erróneo, la ley de Newton sobre la inercia nos dice que cualquier cuerpo en movimiento se mantiene en movimiento mientras la resultante de fuerzas sobre el mismo sea cero, por lo tanto aterrizaríamos en el mismo escalón, ya que mantendríamos el movimiento -la velocidad en eje correspondiente- de la escalera durante el salto.

Si habéis acertado la pregunta os felicito, si habéis fallado no os preocupéis, problemas de este tipo se les preguntó a alumnos recién graduados en Física, en una investigación realizada por parte del psicólogo J. Clement, y el 88 por 100 de ellos dio una respuesta incorrecta. Aquí tenemos una prueba de como los alumnos, a pesar de que pueden hacer complicados ejercicios de física perfectamente usando las teorías que aprendieron durante la carrera, cuando se les plantea una cuestión fuera del ámbito académico estos hacen caso a sus teorías intuitivas.

¿Hay solución a este problema?

La solución para que triunfen las teorías que explican la realidad correctamente pasa por lograr una comprensión profunda de los hechos que falsan las teorías intuitivas para el mismo fenómeno. Desgraciadamente, el sistema educativo actual no es capaz de lograr un aprendizaje legítimo de los conocimientos porque ignora al alumno como un agente activo de su propio aprendizaje.

Niños razonando a través de sus teorías intuitivas

Para conseguir la comprensión profunda y el rechazo de esas teorías erróneas, el aula debe ser un sitio de debate donde los alumnos puedan exponer sus teorías y con la ayuda del profesor ir ajustándolas para acercarlas a la teoría correcta de los hechos.

La pregunta que tenemos que responder es: ¿cómo podemos convertir el aula en un espacio de debate?