Tu libertad termina donde comienza la mía

A continuación, reflexionamos sobre la noción de libertad y el respeto de ese derecho en los demás.
Tu libertad termina donde comienza la mía
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González.

Última actualización: 27 mayo, 2022

La libertad es el tesoro más preciado que tiene el ser humano. Nuestra es la responsabilidad de respetarla, disfrutarla e impedir que nadie nos la robe. Todos tenemos derecho a conservarla y mantenerla cuidada. Por eso, siempre que podamos deberíamos tener presente la frase: tu libertad termina donde empieza la mía.

Así pues, ¿cómo puedes atreverte si quiera a pensar que tienes derecho a robarle la más mínima onza de libertad a tu prójimo? Si tú gozas de la tuya propia, jamás puede ser a costa de la de tu vecino. Piensa bien sobre ello porque cada vez que que te apropias de algo que no es tuyo, tu dignidad se ve un poco más resentida.

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.

-Miguel de Cervantes-

Manos con pájaros volando

El don de la libertad

El don de la libertad es un maravilloso bien con el que nacemos todos los seres humanos de esta planeta. Sin embargo, el mal uso que hacen demasiadas personas de ella provoca que tengamos que usar leyes para protegerla. A pesar de que en muchas ocasiones acaba siendo mancillada por la misma gente que ha jurado defenderla.

Jamás se debe de confundir el don de la libertad con el simple libertinaje. Una persona que se considera “libre” no tiene ningún derecho a pisotear a otra en nombre de la citada “libertad”. Por tanto, dicho don, otorgado al nacer a todos y cada uno de los seres que nacen en este planeta, no debe entenderse de forma baladí.

Tu libertad termina en el momento en el que la utilizas para hacer daño a los demás. Tu libertad termina cuando pretende justificar el no seguimiento de las leyes. Esto no es libertad, sino hacer un uso inadecuado de lo que en verdad quiere decir esta palabra.

El respeto es algo que debe estar constantemente por encima de todo para que podamos vivir juntos pudiendo decir que somos libres. Es decir, que no se debe entender la libertad como una falta de respeto a los demás.

“Te hago daño porque soy libre y hago lo que quiero”. ¿Cuántas veces has oído esa frase? Millones de personas la han esgrimido para hacer cuanto les venga en gana, sin saber que en realidad, no es el uso de su libertad lo que están utilizando, sino que le están robando este derecho a otros. Por tanto, tu libertad termina en el momento en el que es usada para pisotear a otros.

Libertad de pensamiento

En realidad, vivimos en un mundo de leyes que deja muy poco margen a la verdadera libertad del hombre. Debemos ser respetuosos con los demás, y para poder proteger al débil de aquellos que tratan de pisotear derechos, se deben establecer medidas que impidan estos actos.

Sin embargo, la libertad no está solo en el movimiento de aquí para allá. Hay mucho más que está muy profundo en nuestra alma y corazón. Simplemente hay que saber buscar dentro de uno mismo para dar con ella.

Por suerte, muchos de nosotros tenemos la libertad de pensar, de amar, de soñar, de sentir, de crear… Pese a vivir en una sociedad en la que muchas veces te puedes sentir incomprendido, hay mucho que podemos hacer dentro de nuestro propio mundo.

“No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna”.

-Mahatma Gandhi-

Mujer mirando el sol ponerse

Solo cuando nos enfocamos en nosotros mismos y hacemos verdaderos ejercicios de autoconocimiento, podemos descubrir la verdadera libertad y todos sus significados. En ti, en tu verdad, en tu forma de ser real, en tu sinceridad contigo mismo es donde eres libre en el sentido más estricto de la palabra.

Libertad: una cuestión de empatía

Valorar la verdadera libertad y respetar ese derecho en los demás implica que nos situemos en el lugar del otro y que comprendamos su situación desde allí. Sin esta habilidad no seremos capaces de asimilar lo que la frase “Tu libertad termina donde comienza la mía” nos quiere decir.

Y es que muchos maltratan e irrespetan a los demás en nombre de la propia libertad. Por ejemplo, es común escuchar a más de uno diciendo: “Yo soy responsable de lo que digo, no de lo que entienden los demás”; no obstante, no se dan cuenta de que abusan de sus palabras, ofendiendo y molestando a cualquiera.

Aunque, si bien es cierto que muchas veces nos expresamos sin ánimos de ofender, es importante que estemos atentos de no abusar de nuestra “libertad” al punto de pisotear al prójimo. Reconocer que nuestras palabras y actos pueden tener un impacto devastador en el otro es un muestra de empatía y responsabilidad.

Usos falsos de la palabra libertad

Hoy día se usa la palabra libertad de forma muy arbitraria: “Libertad para decidir”, “libertad para actuar”, “lucha por las libertades”, etc. En realidad, en la independencia de un territorio, el uso del voto o la elección de un gobernante político no hay verdadero uso de la libertad, puesto que muchas de las cuestiones están viciadas y decididas de antemano.

En verdad, suelen ser ejercicios en los que están vulnerando tu verdadera libertad, puesto que te están dando a elegir diversas formas de ser, pensar o pertenecer, pero no la tuya real.

La libertad real está dentro de nosotros mismos.

En nuestra sinceridad y valor para ser como de verdad nos sentimos hay un ejercicio mayúsculo de libertad. Y da igual de qué país seas o lo que diga tu carnet de identidad, porque eso son necesidades legales que no deben coartar tu verdadera forma de ser. Eso son cortapisas.

Así pues, recuerda siempre que tu libertad termina donde empieza la mía. Puedes ser tú mismo y disfrutar de tu vida. Pero jamás me podrás decir cómo debo ser, a dónde tengo que pertenecer o qué necesito pensar.

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