Lo que deja huella no es la promesa, sino lo que cumples

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 30 diciembre, 2016
Cristina Medina Gomez · 30 octubre, 2015

Nos pasamos la vida haciendo promesas como si tuviéramos la certeza de que, al hacerlo, supiéramos que la gente que queremos en nuestra vida no se va a ir de ella nunca. Creemos de forma ilusoria que hacer una promesa a la manera de contrato, extenderá el tiempo que compartimos con alguien.

Sin embargo, no nos damos cuenta muchas veces de que lo que deja huella no es el acto de hacer una promesa y la expectativa de cumplirla, sino que deje de ser promesa y se convierta en realidad. Al fin y al cabo, la realidad es lo que de verdad importa: lo que nos llega, lo que podemos sentir y palpar.

Quédate con quien te dé el cielo antes de prometértelo

¿Cuántas veces hemos prometido el cielo? o, mejor aún, ¿cuántas veces nos lo han prometido? Hacer promesas es sencillo, por eso cuando no se cumplen pueden hacer mucho daño. Además, en esta misma línea, también este es el motivo por el que cuando una promesa no se cumple nos sentimos decepcionados: esperábamos algo, teníamos confianza en lo que nos habían dicho y no puede ser.

Hombre cogiendo estrellas desde una escalera

En el momento en el que una promesa se queda en el mundo de los imposibles nos sentimos traicionados o, quizá más certero, decepcionados. La decepción es un sentimiento horrible que podemos llegar a sentir en diversas situaciones de nuestra vida y que nos pone delante de nosotros una realidad que no queremos ver.

A veces, incluso esta realidad puede ser confusa y estar difuminada porque nos sentimos dolidos. Para evitar este tipo de sentimientos negativos en nuestra vida, es muy necesario que seamos conscientes de que un cariño no vive de palabras bonitas y promesas a la distancia, como diría Cortázar; sino de un presente lleno de detalles en el momento.

“No te voy a prometer amor eterno. Voy a intentar que cada día sientas que te quiero, que descubras cómo soy realmente. No te voy a dar discursos ni promesas, porque aprendí que el amor en palabras no tiene el mismo valor que el amor que se demuestra en hechos.”

-Anónimo-

Por qué damos tanta importancia a las promesas

Lo cierto es que cualquier relación fuerte que tengamos en nuestra vida, si lo pensamos, está fundamentada en la confianza que podemos tener con la otra persona. No importa el tipo de relación del que hablemos: tanto si es tu pareja como si es un amigo, la confianza es siempre el punto de arranque, el tabique y el punto de finalización de cualquier lazo existente entre dos personas.

Pareja abrazándose debajo de un árbol

Justamente por eso tenemos que tener en cuenta que las promesas empiezan a crear confianza en la otra persona, mantenerla o acabar totalmente con ella. Esta es la razón por la que, inconscientemente, damos demasiada importancia y consistencia a las promesas.

Cuídate de las promesas, ¿qué podemos hacer?

Con el fin de mantener nuestras relaciones de la forma más sana posible lo que podemos hacer es tener en cuenta una serie de hechos que pueden no costarnos mucho trabajo en relación con las promesas:

  • En primer lugar es importante que sepamos que no todas las promesas están a nuestro alcance: tenemos que ser conscientes de, aunque no lo queramos creer, hay promesas imposibles. Limita lo que prometes a lo que estés seguro de que puedes lograr y créete solo aquellas promesas que sabes que son posibles.
  • En segundo lugar es beneficioso que pensemos en la otra persona, a la que estamos haciendo la promesa: ¿cómo crees que se sentiría si no lograras cumplirla? ¿Cómo te sentirías tú en su lugar?
  • Por último, trata de tener siempre presente que hacer una promesa lleva detrás millones de condicionantes y que no es una broma. Hacer una promesa a alguien es un acto tan serio como seria pueda ser la relación que tengáis.

“Y qué tal si soy tuyo sin anillo ni título. Y qué tal si soy tuyo porque quiero y porque te quiero. Y qué tal si la vida nos encuentra más juntos que casados, más enamorados que morados, más unidos que asociados. Y qué tal si nos queremos sin porqués, sin excusas y sin miedos. Y qué tal si nos hacemos verdad, realidad y luna.”

-Brando-