Los 4 grandes momentos del día

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 10 diciembre, 2017
Sara Clemente · 10 diciembre, 2017

Seguro que al leer el título ya se te han venido a la mente tus 4 grandes momentos del día. Por su carga emotiva, por la cantidad de positividad que transmiten, por la intensidad de ese instante…

Cada día usamos una determinada cantidad de batería. Al llegar la noche, tenemos que recargarla y con ello volver a funcionar adecuadamente al día siguiente. Pero, ¿y si existieran pequeños instantes que nos mantienen igual de enérgicos por la mañana, por la tarde y por la noche? ¿Por qué no aprovechamos el poder que tienen en nosotros para recargarnos?

Los grandes momentos del día están ahí, esperando ser aprovechados. Tan solo tenemos que poner atención cada día.

De buena mañana

Es muy probable que levantarte cada mañana oyendo el despertador, no te resulte especialmente agradable. Pero lejos de la pereza de ponerte en pie, ¡ha empezado el día! Y el tiempo apremia. ¿Por qué será qué los minutos parecen volar a estas horas de la mañana?

Mujer con los brazos abiertos al despertar

Ducharte, preparar a los niños, secarte el pelo, recoger la casa, hacer la cama, ventilar…. Antes de salir por la puerta tenemos que hacer muchas tareas. Por eso es tan importante cómo nos levantamos. Nuestro humor durante el día depende, en gran medida, de lo que suceda durante esa hora previa antes de irnos al trabajo.

Si nos agobiamos, lo más probable es que los problemas que vayan surgiendo no los afrontemos bien. Al menos, no igual de bien que si nos hubiéramos levantado con el pie correcto. Por ejemplo, si vamos muy apresurados, nos pueden pasar mil cosas mal, fruto del despiste o la impaciencia. Nos manchamos la camisa, se nos olvida coger un documento…

Para que esto no pase, podemos poner el despertador 20 minutos antes de lo que siempre lo hacemos e irnos a dormir también un poco más temprano. Prueba a dejar la ropa del día siguiente ya preparada o saca la basura después de cenar. Ser ordenado y sistemático puede contribuir a que tu estado de ánimo sea el mejor posible antes de salir de casa.

Comida, ¿solo o acompañado?

Sin duda, la comida es uno de los grandes momentos del día. O nos termina de agotar o se convierte en la bomba que nos sigue suministrando energía para el resto de jornada. De hecho, cuando llegamos a casa y queremos manifestar lo agotados que estamos, solemos exclamar un “¡no he tenido tiempo ni para comer!”.

Después de una mañana agotadora en el trabajo, es muy frecuente que la comida siga la misma tónica. Salimos a almorzar con los compañeros y seguimos hablando de la reunión que hemos tenido. De la que tenemos todavía por delante o de lo bien o mal que nos cae el jefe. Es decir, no desconectamos.

Mujer comiendo

La comida puede ser un buen momento para charlar de otras cosas. Actividades de ocio, hobbies, chascarrillos… Cualquier tema es bueno para disfrutar de los colegas de trabajo de manera diferente a la habitual. Además, así aprovechamos para intimar un poco más.

También puede venir bien salir a comer un día solo, quedar con un amigo, un familiar o ir a casa y dar una sorpresa a nuestra pareja. Son opciones que dan margen para coger fuerzas para la jornada vespertina. 

Un momento para ti

Es ese instante reservado especialmente para estar con nosotros. Un rato que nos permite estar en paz y disfrutar de lo que nos rodea. Dar un paseo, leer en el metro de vuelta a casa, hacer yoga o meditación, charlar por teléfono con alguien, ver una serie, salir a hacer footing, cocinar…

Para gustos, colores. Todos tenemos un momento en el que nos sentimos en armonía. Búscalo y dedícatelo, porque puede que la rutina te lo vaya robando. Y no lo puedes permitir. Quitarte ese tiempo, a la larga, puede favorecer que tengas más ansiedad, desánimo, melancolía o tristeza.

Mujer leyendo un libro

Reencuentro de la familia en casa

Aunque en este caso lo expliquemos en cuarto lugar, es uno de los grandes momentos del día. Si no, el mejor. Es ese instante en el que subiendo por el ascensor o en el descansillo vas saboreando el olor de tu hogar.

Abrir la puerta y encontrar una sonrisa y un abrazo que te compensan. Ver a tus hijos merendando o recogerlos en el cole, darles un beso y preguntarles qué tal el día. Hacer los deberes con ellos, ir al parque, llevarles a practicar deporte, al cine… No tiene precio. Pocos momentos son comparables a estos.

Comida familiar

A veces, debido al día a día nos sumimos en una dinámica que no nos permite disfrutar de estos grandes instantes del día. Son un placer que debemos ser capaces de apreciar. No todo el mundo tiene la suerte de saborear un trozo de pan o de llegar a su casa y que alguien le esté esperando. Por eso, considérate un privilegiado y aprovecha cada uno de estos instantes como la primera vez que los sentiste.