Los 7 principios esenciales de la filosofía zen

Edith Sánchez·
21 Marzo, 2021
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
21 Marzo, 2021
La filosofía zen no es tanto una doctrina como una práctica. No hay que conocer determinados contenidos, sino ejercitar facultades elevadas. El objetivo es despertar y construir una vida más plena.

La filosofía zen es una escuela budista que se originó en la China y que más tarde derivó en múltiples corrientes japonesas e incluso occidentales. La práctica básica en esta línea de pensamiento es la meditación. De hecho, la misma palabra zen significa eso: meditar.

El objetivo último de la filosofía zen es el despertar progresivo de la conciencia para alcanzar la iluminación. Esta última es un estado de compenetración plena con el universo. Esto no se logra mediante el pensamiento o el intelecto, sino a través de la práctica diaria.

La principal herramienta para evolucionar es la meditación contemplativa. En la filosofía zen esta es un estado en el que una persona sentada en posición de flor de loto, permanece quieta y en silencio absoluto. Así se llega a eliminar el contenido del pensamiento y se alcanza la contemplación plena. Todo ello, a su vez, se basa en siete principios esenciales que son los siguientes.

Las cosas que cargo son mis pensamientos. Son mi único peso. Mis pensamientos determinan si soy libre y ligero o pesado y agobiado”.

-Kamal Ravikant-

Mujer meditando

1. La mente construye la experiencia

La filosofía zen señala que la experiencia no es equivalente a la realidad. Es la mente la que le da forma a la experiencia y, por lo tanto, se trata de una construcción de la realidad y no de la realidad misma.

Cada persona tiene la capacidad para elegir en lo que piensa y cómo lo piensa. De hecho, todo el tiempo se hace esto: seleccionar un enfoque para observar la realidad. Sin embargo, no se es consciente de ello. El zen invita a elegir con conciencia y libertad.

2. El yo es una ilusión, según la filosofía zen

El “yo” también está incluido dentro de las realidades que la mente construye. El ser no es una “cosa” que pueda definirse y a la que puedan ponérsele límites precisos. Este trata de delimitarse mediante etiquetas o definiciones, pero estas son ilusorias.

Gran parte de las dificultades nacen de ese querer delimitar o definir el yo. En el fondo, existe el objetivo de inmortalizarlo y por eso, se busca darle una forma precisa, pese a que no la tiene. El yo es flujo, instante, cambio, no una realidad dada.

3. Escuchar el corazón y no las creencias

Las creencias interfieren en la forma como se ve la realidad. Sin notarlo, se busca que los datos que nos proporcionan los sentidos se adapten a las creencias que ya están instaladas en la mente y que ni siquiera se han sometido a una prueba de verdad.

Las creencias son obstáculos porque operan como prejuicios. A veces se confía más en ellas que en los datos que proporciona la percepción. Así que la filosofía zen invita a ver más con el corazón y menos a través de las creencias.

4. El desapego es el camino hacia la felicidad

El concepto de desapego es fundamental en la filosofía zen. En este caso no se trata solo de desprenderse de los objetos materiales, sino que más bien equivale a tener la convicción de que todo tiene un sentido y una utilidad.

De este modo, la presencia de cosas o personas hace un aporte importante a la vida. Sin embargo, su ausencia también enriquece, de un modo diferente. Por lo tanto, nunca se está en falta de algo o alguien, sino viviendo situaciones que nutren la experiencia.

5. Ser es más importante que hacer

La quietud y el silencio son esenciales en la filosofía zen. Para la mentalidad occidental, esto podría parecer una forma de pasividad, pero esto solo en apariencia. Quien se reconcentra y medita está llevando a cabo una actividad interna muy intensa.

Se medita para tranquilizar las aguas de la mente, conectarse con uno mismo y evolucionar en el camino de la iluminación. Para alcanzar la verdad es necesario vaciarse primero y esto solo se consigue dejando de hacer y permitiéndose ser.

6. La contemplación le da forma al ser

La meditación permite, sobre todo, convertirse en un observador. El objeto de esa observación es, en primera instancia, el propio pensamiento. El propósito es detectar el contenido de ese pensamiento como lo haría un espectador.

Este ejercicio permite decantar lo que pasa por la mente y descubrir que una persona no es el pensamiento, sino una realidad mucho más integral. La contemplación plena de la realidad solo es posible cuando se ha depurado la mente de pensamientos.

Mujer con los ojos cerrados

7. La unidad: el estado natural

Cuando se habla de unidad en la filosofía zen a lo que se hace referencia es a una compenetración profunda con todo lo existente. La contemplación es eso: no mirar la realidad desde fuera, sino adentrarse en la esencia de lo que se mira y fusionarse con ello. La separación entre todo aquello que compone el universo también es ilusoria. Cada ser forma parte de ese todo y solo cuando logra compenetrarse con ello alcanza la armonía y el equilibrio interior, condiciones necesarias para llegar a la iluminación.

La filosofía zen es un estilo de vida en el que no es necesario retirarse a un monasterio. Los principios de la misma se pueden aplicar de forma continua, sea cual sea la realidad en la que se viva. Se trata de un continuo ejercicio para ser y despertar.

Han, B. C. (2015). Filosofía del budismo zen. Herder Editorial.