Los ambivertidos, mitad extravertidos y mitad introvertidos

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 3 febrero, 2019
Edith Sánchez · 3 febrero, 2019
Los ambivertidos son personas que logran aprovechar al máximo los rasgos de introversión y extraversión, alcanzando un equilibrio. Son individuos flexibles que saben adaptarse y sacar partido de la soledad y de la compañía.

No existe ninguna persona que sea totalmente extravertida o totalmente introvertida. Entre ambos extremos hay una infinidad de matices aunque, en general, en cada persona predominan rasgos de introversión o extraversión. Sin embargo, hay algunas personas que logran combinar de forma muy equilibrada lo mejor de los extravertidos y lo mejor de los introvertidos. Esos son los ambivertidos.

Según la doctora Jennifer Granneman, autora del libro La vida secreta de los introvertidos, quienes se catalogan como ambivertidos son individuos fascinantes. Personas que logran un excelente equilibrio entre la comunicación y la escucha. También entre la reserva propia de la prudencia y la apertura de la espontaneidad.

La realidad de los demás, no reside en lo que te muestran, sino en lo que no saben mostrarte: Y si de veras quieres comprender a los demás, no escuches lo que dicen, sino lo que callan”.

-Khalil Gibrán-

El primero en abordar este tema fue el psicoanalista suizo Carl Jung. Los conceptos de Jung han tenido gran impacto en la psicología y, por eso, una buena parte de las clasificaciones de la personalidad se basan en sus postulados. Las categorías de introversión y extraversión fueron inicialmente trabajadas por él y tenemos que referirnos a estas para comprender lo que son los ambivertidos.

La introversión: ni timidez, ni aislamiento

La principal característica de las personas introvertidas es que se concentran más en su mundo interior que en el mundo externo. De forma natural, se inclinan a mirar dentro de sí mismos y obtienen su fuente de sentido en sus ideas, su imaginación, sus recuerdos y todo aquello que compone su universo subjetivo.

El introvertido no es tímido en realidad. Tampoco insociable. Simplemente aprecia los ratos de soledad porque el contacto consigo mismo le es indispensable. Tampoco se niega al contacto con los demás, sino que es muy selectivo y no quiere estar con alguien al lado todo el tiempo. Por eso prefieren los ambientes tranquilos y rechazan las atmósferas ruidosas.

Desde el punto de vista de las neurociencias, los introvertidos son más sensibles a la dopamina. Por eso, estar en un entorno con demasiados estímulos puede agotarlos emocionalmente. De ahí que prefieran las atmósferas más tranquilas.

Mujer con una mariposa

La extraversión o nutrirse de los demás

En la otra orilla están los extravertidos, esas personas desenfadadas y espontáneas que hacen amigos fácilmente y no se guardan lo que piensan. Son, en general, mucho más aceptados socialmente que los introvertidos. Esto se debe a la facilidad con la que conectan con los demás.

El extravertido se nutre de las relaciones sociales. Le gusta estar en contacto con los demás y, de hecho, se nutre de esos vínculos para sentirse bien. La soledad le parece aburrida y necesita de entornos que le brinden estímulos constantes. La pasividad o demasiado silencio, terminan deprimiéndolos.

Este tipo de personas suelen ser impulsivas y quizás superfluas. No les interesa mucho profundizar en las reflexiones. Son gente de acción, que necesita estar en movimiento y la introspección no es algo que les atraiga. Son, por así decirlo, personas con un mínimo filtro. Lo que piensan y sienten se traduce en acción casi de inmediato.

Los ambivertidos: el equilibrio

El primero en hablar de ambivertidos fue Edmund S. Conklin, un psicólogo estadounidense. Lo hizo en 1923. Señaló que eran un modelo de estabilidad y equilibrio. Los definió como personas que reúnen lo mejor de los introvertidos y de los extravertidos. Se adaptan fácilmente tanto a la soledad como a la compañía y procuran que ambos aspectos estén en balance.

El principal rasgo de los ambivertidos es la flexibilidad. En las situaciones sociales se abren a los demás y buscan que las relaciones sean fluidas y espontáneas. Saben sacarle partido a la compañía de los otros, nutriéndose de sus aportes y permitiendo que los demás entren en su mundo. Las situaciones sociales no los ponen tensos ni los desgastan. Sacan el mayor partido de ellas y las asumen como necesarias para su balance.

Amigos tomando café

De la misma manera, los ambivertidos pueden lidiar con la soledad sin ningún problema. De hecho, la buscan en determinados momentos. Necesitan mantener el contacto consigo mismos y aprecian los aportes de la introspección. También son selectivos en lo que comparten y no comparten con los demás.

Este tipo de personas son hábiles manejando los dos códigos: el de los introvertidos y el de los extravertidos. El psicólogo Daniel H. Pink los ha comparado con las personas bilingües, ya que manejan con fluidez dos idiomas a la vez y encuentran la mejor manera de expresarse en ambos.

  • Kirchner, T., & Amador, J. A. (1990). Relaciones entre las dimensiones de dependencia-independencia de campo introversión-extraversión y tiempos de reacción. Anuario de psicología/The UB Journal of psychology, (46), 53-64.