Los efectos de la envidia en la salud

La envidia es una emoción incapacitante. Puede hacer mucho daño a la persona que la siente, condicionando sus decisiones, impregnado todo su mundo emocional y actuando como el origen de un malestar que no es capaz de identificar.
Los efectos de la envidia en la salud
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 12 diciembre, 2020.

Escrito por Edith Sánchez, 12 diciembre, 2020

Última actualización: 12 diciembre, 2020

La sabiduría popular dice que la envidia enferma. Más que un sentimiento, esos celos viscerales son una pasión altamente invasiva y compleja. Involucran ira, tristeza, estrés y frustración. Por lo mismo, tienen grandes efectos en el cuerpo y la mente.

Aunque la envidia está muy desprestigiada, lo más probable es que para ningún ser humano sea terreno desconocido. Por otro lado, frente a lo común, también encontramos diferencias individuales: algunos logran sortearla, mientras que otros permiten que crezca como maleza y se adueñe de muchos espacios de la vida. Es entonces cuando esto puede tener repercusiones sobre la salud.

Como una pasión profunda y compleja que es, demanda para su gestión una buena inteligencia emocional. Es necesario llevar a cabo un trabajo para desarticularla o ponerle límite, cuando menos. Una inversión que vale la pena si tenemos en cuenta las consecuencias de mantenerla en el tiempo.

Nuestra envidia dura siempre más que la dicha de aquellos que envidiamos”.

-François de La Rochefoucauld-

Chico envidiando a un compañero de trabajo

La envidia y la salud física

Una pasión tan intensa como la envida provoca un gran estrés. La tensión viene dada por la presencia de dos fuerzas que se oponen. Por un lado, está la persona que envidia; y por el otro, la envidiada. Lo usual es que esta última avance, crezca y progrese, mientras que quien la mira con celos se estanque, retroceda y no vea el fruto de sus esfuerzos.

La envidia se define, en esencia, como ira y tristeza por el bien ajeno. Por lo tanto, esa tensión entre lo que se desea y lo que sucede en la práctica está implícita en esa pasión. A su vez, esto se traduce en la fisiología y la corporalidad. El estrés altera el funcionamiento del organismo.

Muchas personas que envidian con intensidad pueden sufrir de problemas estomacales. No es raro que se produzca gastritis o úlcera, en razón al estrés continuo. Así mismo, es frecuente que el sistema inmunológico se debilite y no reaccione de forma adecuada frente a los agentes infecciosos.

Las migrañas, la sensación de fatiga, los problemas en la piel y el bruxismo también son síntomas habituales en quienes transitan la senda de los envidiosos. La raíz de todo esto está en lo ya mencionado: el estrés. El deseo de que le ocurra algo malo a alguien y la comprobación de que sucede lo contrario, produce angustia y sufrimiento que se refleja en el cuerpo.

Los complejos caminos de la envidia

Según la interpretación del psicoanálisis, no se envidia al otro por lo que tiene, por lo que es o por lo que se hace. Lo que causa dolor en el envidioso es la satisfacción, el placer o el confort que experimenta el otro con ello. Finalmente, eso es lo que en realidad no se le puede quitar.

Esa es la razón por la que el envidioso no se siente satisfecho, incluso cuando despoja al otro de aquello que, aparentemente, desata sus celos. Si el compañero tiene un mejor cargo y por algún medio se logra que sea despedido, habrá una satisfacción momentánea. Después, el envidioso encontrará alguien nuevo para sentir celos de él o ella.

Lo que ocurre en estos casos es que alguien se mira a través de los demás, como si estos fueran un espejo. Desprecia lo propio y le da excesivo valor a lo ajeno, no por el valor que tenga en sí eso que posee el otro, sino porque detesta la idea de que lo disfrute. Por eso, se siente inmensamente frustrado cuando el otro pierde o es derrotado y, aun así, sigue sintiéndose bien.

Chico pensando en las diferencias entre ser asocial y antisocial

La envidia se puede, y se debe, derrotar

Las pasiones obsesivas provocan daños en la salud mental y física. Por lo mismo, es conveniente abandonar esa práctica de convertirse en verdugo de uno mismo. No hay nadie a quien la envidia dañe más que a quien la siente. A largo plazo, esos sentimientos tan enrevesados pasan factura a través del cuerpo.

La envidia suele quedarse atrás cuando somos capaces de encontrar base en dos pilares. El primero es ver al otro de una forma integral. Como un ser humano que es, disfruta de muchas cosas, pero eso no quiere decir que no tenga sus propios problemas o lleve encima sufrimientos. Que alguien no los conozca, no quiere decir que no existan.

Lo segundo es volver los ojos sobre uno mismo, en lugar de tenerlos puestos sobre otro. La idea es enfocarse en los propios esfuerzos, planes, logros y fracasos. Concentrarse en la evolución personal, dejando de lado el proceso personal que otros llevan a cabo.

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  • Pimentel Irigoyen, A., & Díaz Hernández, A. La envidia y su relación con la salud mental.