Los padres somos especialistas en juegos malabares

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 21 agosto, 2016
Lorena Vara González · 21 agosto, 2016

Ser padres es una de las mejores experiencias que hay en la vida y tiene muchos significados, que a su vez se compendian en uno. Entre ellos, hablamos de tener la capacidad de dar la vida y criar a una parte de ti, de cambiar tu mundo y ser capaz de darlo todo por tus hijos.

La idealización de la paternidad nos impide ser conscientes de lo difícil que es criar un hijo y de los miedos que todos los padres tenemos. Con esa constante pregunta que hay en el aire, esa que a pesar de todo lo que hacemos por ellos nos atormenta, esa que dice: ¿lo estoy haciendo bien?

Cuando planeas ser padre o madre, todo lo que te cuentan es lo bonito que va a ser ese viaje hacia la paternidad. Pero una vez que nacen tus hijos todo son miedos, dudas y preguntas. Ante esto, lo primero que debo decirte es que no te preocupes, porque a todos los que somos padres nos ha pasado.

¿Soy un buen padre?

Criar a los hijos exige un esfuerzo físico y psíquico muy grande. Desde que nacen tus necesidades pasan a un segundo plano porque la vida de tu hijo depende de ti para todo. Eso hace que tu salud y tu descanso se vean seriamente perjudicados, sobre todo si tu bebé no duerme bien por las noches.

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Hace que sientas que la maternidad o la paternidad te supere porque no descansas bien y por ello estás irritable. Pero hay un pacto no escrito en el que te da vergüenza quejarte y pedir ayuda porque otras madres no lo hacen, pueden con todo, y tú, por el contrario, te sientes mala madre o mal padre.

Pero no eres una mala madre o un mal padre, todos los padres, sobre todo los primerizos, nos hemos sentido sobrepasados alguna vez y nos hemos cuestionado si lo estamos haciendo bien. Pero es algo de lo que no solemos presumir ante otros padres.

Lo peor es que muchas veces no tenemos cerca a nuestras madres o padres, o a otras madres o padres, para pedir consejo o ayuda. Por lo que las referencias sobre la paternidad que conocemos solo son las historias felices que otros nos cuentan, no la realidad.

“Aunque se está flexibilizando el concepto de ‘buena madre vs. mala madre’ todavía, y sobre todo los primeros días del puerperio (los 40 días tras el nacimiento), existe la sensación de que no puedes quejarte, de que no puedes hablar del susto, del miedo, de los sentimientos concentrados… y tan ambivalentes.

Te dicen “¿Verdad que es lo mejor que te ha pasado en tu vida?”… y el abismo entre lo que sientes de verdad y lo que crees que deberías decir, sume a muchas mujeres en un pozo de ansiedad que deberíamos afrontar con otra naturalidad”

-Julieta París-

Es muy difícil ser padres y por eso mismo vas a equivocarte y a preocuparte por cosas que son normales. Vas a sufrir la frustración de ver llorar a tu bebé y no saber calmarlo durante horas, vas a ver que no quiere comer de tu pecho, e incluso, puede que se caiga y se haga daño en tu presencia, pero todo eso no quiere decir que seas un mal padre.

Todo eso es el proceso normal de la paternidad. Pero cuando la ansiedad, la irritación y las dudas te superan, sobre todo durante las primeras semanas después del parto, puede que muestres signos de la llamada depresión posparto.

La depresión posparto se produce en más del 10% de las mujeres que acaban de dar a luz. Las causas son muchas y variadas, desde los desajustes hormonales a la inadaptación de la nueva vida familiar. Esa inadaptación la causan los pensamientos irracionales que te dicen que no eres buena madre.

Pero sí lo eres, eres muy buena madre, porque haces todo lo que puedes por tus hijos según tus circunstancias. Y sobre todo porque, como somos buenos padres, colmamos de amor a nuestros hijos. Ese amor que mueve montañas y hace que su desarrollo sea completo.

Familia mirando el cielo estrellado

Aprender a mantener el equilibrio es el reto de ser padres

La clave para vivir la paternidad de manera sana es aceptar que somos humanos y que cometemos errores, pero que no por ello nos convertimos en malos padres. Si lo damos todo por nuestros hijos y los colmamos de amor, no hay nada más que puedan necesitar.

El reto que tenemos por delante todos los padres es aprender a mantener el equilibrio entre la imagen de la paternidad perfecta, algo imposible, y la paternidad real, la que todos llevamos a cabo al ejercer una crianza responsable.

Además, recuerda que, en cierto modo, los padres somos especialistas en juegos malabares, desde compaginar el trabajo con la vida en familia, hasta compaginar los sueños e ilusiones que hemos puesto en la crianza de los hijos con la realidad de la paternidad.