Los trabajólicos

Aunque el término "trabajólico" no es una acepción admitida dentro de la terminología clínica de los trastornos mentales, ha sido muy utilizado para referirse a aquellas personas que presentan una adicción al trabajo. A continuación, profundizamos en esta problemática.
Los trabajólicos
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González.

Escrito por Edith Sánchez

Última actualización: 05 julio, 2022

El término lo acuñó Wayne Oates, un psicólogo y educador religioso en los Estados Unidos. Llamó workaholics (trabajólicos en su traducción al español) a aquellas personas que dedican más tiempo de lo debido al trabajo, al punto que desarrollan una especie de adicción hacia él. Doce o más horas diarias en función de trabajar, y desasosiego o desesperación ante los momentos de descanso.

La adicción al trabajo es un fenómeno creciente en las sociedades modernas. Para muchos, el tiempo libre se ha convertido en una verdadera amenaza. Pero, ¿qué hay detrás de esa necesidad compulsiva que nos lleva a dedicar la mayor parte de nuestra vida al trabajo, descuidando las demás dimensiones personales?

Veámoslo en detalle.

Origen y significado del término

El término trabajólico deriva del término “alcohólico”, como una forma de hacer referencia a la adicción que tiene la persona al trabajo.

El nombre fue popularizado en 1971 por el psicólogo estadounidense Wayne Oates, en su libro Confessions of a workaholic (Confesiones de un adicto al trabajo). No obstante, el término no tuvo mucha difusión sino hasta la década de los noventa, gracias a su relación con las teorías de autoayuda (centradas en las adicciones) y su creciente auge.

Aunque el término trabajólico no es una acepción admitida dentro de la terminología clínica de los trastornos mentales, ha sido muy utilizado para referirse a aquellas personas que dedican gran parte de su tiempo en el trabajo, que llevan una vida muy ajetreada y que presentan problemas en diversas áreas de la vida como consecuencia de su adicción.

Asimismo, algunas formas de estrés y desórdenes de personalidad obsesivos-compulsivos suelen estar relacionados con este tipo de adicciones comportamentales.

Síntomas de la adicción al trabajo

Según la psicóloga Marisa Bosqued, el entorno no suele ver de forma negativa el hecho de trabajar más de la cuenta. Incluso, puede parecer hasta respetable. Sin embargo, debemos aprender a reconocer cuándo el exceso de trabajo representa un problema serio. Es por ello que a continuación mostramos una lista de los síntomas más habituales de esta condición:

Síntomas cognitivos

Los trabajólicos tienden a presentar cuadros agudos de estrés, ansiedad, irritabilidad y depresión. Además, presentan una necesidad imperante de trabajar más y dedicarle más tiempo a sus labores. Asimismo, experimentan preocupación constante por su rendimiento laboral, agobio continuo, sensación de vacío emocional e infravaloración de otros tipos de actividades ajenos al trabajo.

Síntomas fisiológicos

Suelen presentar insomnio y, a largo plazo, manifiestan hipertensión arterial y un aumento de probabilidades de sufrir enfermedades vasculares.

Síntomas comportamentales

Los trabajólicos tienden a presentar una necesidad casi compulsiva de realizar listas de cosas por hacer y de anotar en una agenda hasta el más mínimo detalle; incapacidad de estar sin trabajar por un periodo prolongado sin experimentar ansiedad (por lo que suelen trabajar los fines de semana y no toman vacaciones); inquietud e irritabilidad; distanciamiento de la familia y amigos.

Los rasgos del trabajólico

El adicto al trabajo suele ser una persona rígida, que experimenta una fuerte tensión interior. Siempre tiene la sensación de que hay algo más por hacer y detesta posponer lo que está pendiente. Por eso prefiere dedicarle un par de horas más a terminar alguna tarea, que dejarla en remojo para la siguiente jornada.

El trabajólico también piensa que si el trabajo no es duro, no es trabajo. Disfruta sintiendo que deja el sudor en cada actividad y aunque puede sentirse gratificado con su labor, no comprende que ésta también puede ser relajada y divertida.

Desconfía de los demás. Le aterra tener que delegar alguna tarea en otros. Piensa que nadie será capaz de hacerlo tan bien como él. Si se ve obligado a encargarle a otros una labor, vigilará constantemente cómo lo hacen y no soportará sentir que pierde parte del control.

Los trabajólicos son también personas con un nivel deficiente de comunicación con los demás. En general, no tienen mucha vida social. Ven la presencia de los otros como una cierta intromisión. No los interrumpas: capaz que dejan de tratarte. Hablar con otros es para ellos una pérdida del valioso tiempo que deben dedicar a su trabajo.

No es que sean muy aficionados al dinero. Serían capaces de trabajar gratis, con tal de estar ocupados. Lo suyo no es un asunto de avaricia, ni siquiera de ambición. Es más bien un sentimiento de responsabilidad que desafía el sentido común.

Perfiles habituales de los trabajólicos

Esta condición suele darse más en hombre que en mujeres, especialmente de la clase media y que viven en el sector urbano. Y la edad más habitual para que se produzca es entre los 40 y 50 años.

Los profesionales que suelen sufrir esta adicción son los médicos abogados, periodistas y los ejecutivos de grandes multinacionales. Por su parte, Bosqued señala que existen tres tipos de trabajólicos, a saber

  • El complaciente: se caracteriza por se el menos ambicioso y el más sociable, en comparación con los otros dos tipos de adictos al trabajo. Para ellos, la aprobación del jefe y de los compañeros de trabajo es de gran importancia. Además, suelen callar sus problemas y tienen más posibilidades de caer en una depresión.
  • El controlador: son independientes, ambiciosos y odian perder el control. Cuando su rendimiento laboral no se adapta a sus expectativas, tienen a volverse ansiosos e irritables.
  • El narcisista controlador : son personas con altos niveles de egocentrismo. Además, poseen una personalidad desequilibrada y, en situaciones de tensión, pueden llegar a la despersonalización (sensación de no ser uno mismo, de no conocerse a sí mismo) y a la desrealización (sensación de ver y experimentar lo circundante como un sueño).

Lo que evade el trabajólico

En el fondo, los trabajólicos, como tantos otros adictos, buscan primordialmente eludir los asuntos no resueltos de su vida. Se trata de la manifestación de un carácter obsesivo, que encuentra en el trabajo un objeto de escape.

El trabajólico tampoco admite que lo suyo es un problema. Se excusa diciendo que simplemente es una persona muy responsable. Autoelogia su dedicación y piensa que quienes no actúan como él lo hacen por flojera monda y lironda. Defiende su manera de comportarse como si fuera una virtud y cree que si es objeto de críticas, se debe a que los demás son perezosos.

Este tipo de comportamientos es muy usual en las personas que tienen una vida personal poco gratificante. Bien sea porque no logran construir lazos de afecto sólidos; o bien porque no cuentan con herramientas para sortear y resolver los conflictos interpersonales. Por eso hacen del trabajo su  trinchera, su burbuja de cristal.

El abordaje para tratar este problema es igual al que se implementa para resolver cualquier adicción. Los límites de lo razonable se han roto, debido a un impulso interno incontrolable que lleva una y otra vez a la misma conducta. Así que será necesaria una intervención profesional e incluso farmacológica en los casos más graves.

Tratamiento

Para superar la adicción al trabajo primero hay que reconocer que lo padecemos y luego, acudir con un profesional en salud mental para tratarlo. Sin embargo, rara vez el afectado acepta que tiene un problema y decide acudir con un psicoterapeuta. Es aquí donde su círculo cercano juega un papel importante para hacerle ver su condición.

Una vez que la persona acude a terapia, se profundiza en su historia personal y se identifican aquellos aspectos que pueden estar implicados en su adicción al trabajo. Además, suelen establecerse programas de actividades alternativas (especialmente de ocio) para que el paciente las vaya integrando poco a poco a su rutina.

Asimismo, se reduce de forma paulatina las hora que dedica al trabajo; se entrena al paciente en técnicas de relajación y se abordan las actitudes que lo mantienen en esa condición (como el perfeccionismo).

Aunque este proceso implique momentos difíciles, la superación de la adicción al trabajo es posible.

Imagen cortesía de Andrés Nieto Porras.

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  • Bosqued M. ¡Que no te pese el trabajo!.España: Ediciones Gestión 2000; 2005.
  • Oates W. Confessions of a Workaholics: the Facts about work addiction. New York: World Publishing; 1971.