Los trabajólicos

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 11 julio, 2014
Edith Sánchez · 11 julio, 2014

El término lo acuñó un profesor de religión en los Estados Unidos. Llamó “workaholism” a esa condición en la que una persona dedica más tiempo de lo debido al trabajo, al punto que se puede considerar una manía. Doce o más horas diarias en función de trabajar y desasosiego o desesperación ante los momentos de descanso.

La adicción al trabajo es un fenómeno creciente en las sociedades modernas. Para muchos, el tiempo libre se ha convertido en una verdadera amenaza. ¿Qué hay detrás de esa necesidad compulsiva que nos lleva a dedicar la mayor parte de nuestra vida al trabajo, descuidando las demás dimensiones personales?


Los rasgos del trabajólico

El adicto al trabajo suele ser una persona rígida, que experimenta una fuerte tensión interior. Siempre tiene la sensación de que hay algo más por hacer y detesta posponer lo que está pendiente. Por eso prefiere dedicarle un par de horas más a terminar alguna tarea, que dejarla en remojo para la siguiente jornada.

El trabajólico también piensa que si el trabajo no es duro, no es trabajo. Disfruta sintiendo que deja el sudor en cada actividad y aunque puede sentirse gratificado con su labor, no comprende que ésta también puede ser relajada y divertida.

Desconfía de los demás. Le aterra tener que delegar  alguna tarea en otros. Piensa que nadie será capaz de hacerlo tan bien como él. Si se ve obligado a encargarle a otros una labor, vigilará constantemente cómo lo hacen y no soportará sentir que pierde parte del control.

Los adictos al trabajo son también personas con un nivel deficiente de comunicación con los demás. En general, no tienen mucha vida social. Ven la presencia de los otros como una cierta intromisión. No los interrumpas: capaz que dejan de tratarte. Hablar con otros es para ellos una pérdida del valioso tiempo que deben dedicar a su trabajo.

No es que sean muy aficionados al dinero. Serían capaces de trabajar gratis, con tal de estar ocupados. Lo suyo no es un asunto de avaricia, ni siquiera de ambición. Es más bien un sentimiento de responsabilidad que desafía el sentido común.

Lo que evade el trabajólico

En el fondo, los adictos al trabajo, como tantos otros adictos, buscan primordialmente eludir los asuntos no resueltos de su vida. Se trata de la manifestación de un carácter obsesivo, que encuentra en el trabajo un objeto de escape.

El trabajólico tampoco admite que lo suyo es un problema. Se excusa diciendo que simplemente es una persona muy responsable. Autoelogia su dedicación y piensa que quienes no actúan como él lo hacen por flojera monda y lironda. Defiende su manera de comportarse como si fuera una virtud y cree que si es objeto de críticas, se debe a que los demás son perezosos.

Este tipo de comportamientos es muy usual en las personas que tienen una vida personal poco gratificante. Bien sea porque no logran construir lazos de afecto sólidos, o bien porque no cuentan con herramientas para sortear y resolver los conflictos interpersonales. Por eso hacen del trabajo su  trinchera, su burbuja de cristal.

El abordaje para tratar este problema es igual al que se implementa para resolver cualquier adicción. Los límites de lo razonable se han roto, debido a un impulso interno incontrolable que lleva una y otra vez a la misma conducta. Así que será necesaria una intervención profesional e incluso farmacológica en los casos más graves.

Imagen cortesía de Andrés Nieto Porras.