Hay lugares maravillosos fuera de la zona de confort

09 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
Salir de la zona de confort no implica abandonar lo que te hace feliz para ir en busca de lo novedoso. Al contrario, implica abandonar lo conocido para buscar lo que realmente anhelas.

Uno de los conceptos más debatidos en los últimos tiempos es la denominada “zona de confort”. Profesionales y gurús del desarrollo personal nos animan a salir de ella; pero, por algún motivo, este tan repetido consejo nos chirría, nos hace ruido. Y esto se debe a que, probablemente, no tenemos clara la verdadera naturaleza de esta “zona”.

Su nombre es uno de los aspectos que más pueden contribuir a generar malentendidos. Y es que se trata de un término poco acertado para designarla. ¿Quién querría abandonar el confort?, ¿por qué motivo habríamos de eliminar de nuestra vida aquello que nos hace sentir bien? 

Es sencillo comprender que muchas personas rechacen de plano la sugerencia. ¿Cómo no hacerlo si sienten que se les está diciendo que aquellos espacios, situaciones y relaciones que los hacen felices son inadecuadas y coartan su desarrollo? Sin embargo, concédeme unos minutos para ayudarte a clarificar este concepto y a comprender lo que te espera tras los límites de esta mal denominada zona.

¿Qué es realmente la zona de confort?

Mujer tumbada en su zona de confort

La zona de confort no designa a lo confortable, sino a lo conocido. Se trata de un espacio psicológico en el que nos sentimos a salvo porque nos mantenemos utilizando estrategias rutinarias y familiares. Mantenerse en la zona de confort implica evitar el miedo, la incomodidad y la incertidumbre. Pero implica hacerlo aún sabiendo que lo que deseamos se encuentra tras los muros de nuestra zona segura.

Así, la zona de confort no es un lugar en el que podamos sentirnos felices ni realizados. Se trata de un espacio de comodidad, mas no de plenitud, ya que no estamos alcanzando nuestro potencial, estamos renunciando a nuestros sueños y anhelos.

No todas las circunstancias, relaciones o patrones de actuación que mantenemos durante años se incluyen en la zona de confort. El mero paso del tiempo no hace que una actitud deje de ser funcional y positiva. Por ejemplo, si contamos con unas amistades sanas y duraderas, no hay necesidad de abandonarlas y sustituirlas por otras. No tendría sentido romper vínculos positivos con alguien para salir a buscar otros perjudiciales pero novedosos.

Chica triste tumbada

Del mismo modo, si tenemos la fortuna de emplear nuestro tiempo en un trabajo que cumple todas nuestras expectativas y nos enriquece personalmente, sería poco lógico dimitir. Lo nuevo no es sistemáticamente mejor, ni lo conocido automáticamente limitante. 

Lo que define la zona de confort es que se trata de un lugar de evitación. Generalmente mientras permanecemos en ella no somos felices, no nos sentimos plenos. Al contrario solemos sentirnos temerosos, incapaces, retraídos y enjaulados. Realmente debería denominarse zona de disconfort porque es precisamente el mantenernos en ella lo que nos alejado de lo que realmente anhelamos.

¿Qué hay más allá de los muros?

Mujer con los ojos cerrados soñando

Más allá de los muros se encuentra tu mejor versión. No la que otros esperan, no la que está basada en expectativas ajenas, sino la versión que tú mismo deseas para ti.

Más allá se encuentra el éxito, mas no el éxito social o monetario, no el que la sociedad te invita a perseguir. Sino el éxito que tú mismo defines, bajo tus principios, valores y prioridades.

Al otro lado del muro se encuentra la libertad. La posibilidad de ser tú sin temores y sin limitación. Cuando abandonas la zona de confort inicias el camino que te llevará a convertirte en lo que siempre soñaste y nunca te atreviste a ser.

Allí habita la personalidad segura, confiada y positiva que te gustaría tener. Allí te espera el trabajo al que siempre quisiste dedicar tu tiempo en este mundo, pero por el que nunca fuiste capaz de arriesgar. Están las amistades saludables y recíprocas que mereces y los amores valientes, bonitos y completos que, te convenciste, no eran para ti.

Analiza cada aspecto de tu vida y responde sinceramente: ¿es todo lo que te gustaría que fuese?. Si no es así, si te estás conformando, estás atrapado en tu zona de “disconfort”. El miedo a saltar a la piscina sin comprobar si tiene agua te mantienen retenido en ese lugar mediocre y temeroso.

Lánzate, atraviesa los muros y explora el inmenso mundo que te aguarda al otro lado. No te conformes, la verdadera zona de confort, aquella en la que podrás sentirte orgulloso, pleno y satisfecho se encuentra más allá del miedo.

  • Forés Miravalles, A., Sánchez i Valero, J. A., & Sancho Gil, J. M. (2014). Salir de la zona de confort. Dilemas y desafíos en el EEES. Tendencias pedagógicas.
  • de Behrends, M. R., & Brenlla, M. E. (2015). Adaptación para Buenos Aires de la Escala de Intolerancia a la Incertidumbre. Interdisciplinaria32(2), 261-274.