Madres e hijas: un vínculo de fortaleza

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
· 8 mayo, 2019

La relación entre madres e hijas es un lazo que se nutre de la complicidad y la fortaleza. Pocos vínculos pueden ser tan intensos y complejos a la vez como el de esa mujer que educa a su niña deseando ser su pilar cotidiano, su refugio, su cómplice, pero a la vez esa figura capaz de ofrecerle libertad para que encuentre su propio camino, el que ella desee.

Tener una hija es un regalo, un tesoro valioso al que ayudar a crecer, a madurar en libertad y felicidad, porque ser madre de una niña es descubrir fortalezas que no sabíamos que albergábamos…

A menudo suele decirse que cuando una mujer da a luz a una niña decide que no cometerá los mismos errores que su propia madre cometió con ella en el pasado. Todos, de algún modo, disponemos de ese legado afectivo un tanto complejo que no deseamos proyectar en nuestros hijos.

No obstante, en ocasiones lo más adecuado es dejarnos llevar por el instinto y por la sabiduría de esas emociones que nos indican qué es lo mejor para nuestros hijos. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

madres e hijas rodeando una hoguera

Madres e hijas, la inercia de un vínculo complejo

Hay muchos tipos de crianza y todas ellas se basan casi siempre en el estilo educativo de las propias madres. Las hay controladoras, narcisistas, asfixiantes, hiperprotectoras… Pero también las hay maravillosas, que favorecen el adecuado crecimiento emocional de esas niñas que pueden ver en sus madres un referente al que imitar, en el que apoyarse para ser parte del mundo el día de mañana. Hijas de la vida que avanzan en libertad.

Ahora bien, un aspecto que siempre suele estar presente es ese «baile de interdependencia» que señalábamos al inicio. Las hijas desean disponer cuánto antes de su propia libertad, de sus espacios privados, sin embargo, en ocasiones, la propia inercia de la relación hace que vuelvan en busca de aprobación, de afecto, de esa complicidad habitual entre madres e hijas.

Es, pues, un vínculo complejo donde la fuerza siempre es intensa, ya sea hacia el lado enriquecedor o hacia el aspecto algo más traumático.

La parte más compleja suele deberse al hecho de que hay madres que ven a sus hijas como a esos reflejos propios a los que hay que proteger y dirigir para que alcancen aquello que ellas mismas no lograron. Pretenden que las niñas llenen los vacíos de sus propias heridas no sanadas como mujer.

 

Madres que educan niñas felices y mujeres sabias

Hemos de dejar claro, en primer lugar, que la educación debe llevarse de igual modo ante un hijo o una hija. Sin discriminaciones, sin estereotipos de género, con los mismos derechos y las mismas responsabilidades.

Ahora bien, también sabemos que en ocasiones, cada hijo presenta un tipo de necesidades emocionales, y es ahí donde deberemos estar más atentos para ofrecer la mejor respuesta.

El amor entre madres e hijas es una afecto honesto y cómplice, es la mirada de una niña que crece para convertirse en parte del reflejo de su madre, pero con más belleza y con toda su sabiduría heredada.

Cómo fortalecer el vínculo madre-hija

Abrazo representando la unión madres e hijas

Es adecuado conocer qué tipo de estrategias debe llevar a cabo una madre con sus hijas para hacer de ellas mujeres independientes, sabias y felices pero con raíces lo bastante fuertes para que se sientan orgullosas de ese vínculo construido con sus madres. Te invitamos a reflexionar sobre estas claves.

  • Una niña no está obligada a ser la cómplice cotidiana de su madre o esa persona con la que compartir de forma temprana los problemas, miedos o ansiedades de un adulto. Una hija necesita a una madre que lleve a cabo dicho rol, alguien que le muestre fortaleza y seguridad, además de cercanía.
  • Una hija no es la copia de una madre. Tiene sus propios gustos, sus propias necesidades que en ocasiones, nada tendrán que ver con las que la madre tuvo a su edad porque los tiempos son diferentes. Porque la persona es también diferente. Es pues necesario aceptar la individualidad y la personalidad de la niña para guiarla en el camino que ella misma elija.
  • La maternidad exitosa es aquella donde se da la oportunidad a los hijos de valerse por sí mismos, sintiéndose seguros y capaces. Una madre comparte su experiencia con su hija, le ofrece consejos, apoyo y afecto, pero también confianza para que sea ella por sí misma quien se abra camino en la vida para convertirse en la mujer que desea ser.

Un vínculo irrompible

abuela y nieta

Para concluir, a pesar de las dificultades y de esas épocas de conflicto y diferencias que toda joven suele experimentar con su madre, siempre llega un momento en que esa mirada deja a un lado sus años de infancia para llegar a la madurez.

Es entonces cuando la hija, que posiblemente ya es madre también, ve cara a cara a a otra mujer, a esa dama de ojos cansados y cariño inmenso que lo ha intentado hacer lo mejor posible. En ese momento el vínculo adquiere una nueva y maravillosa trascendencia.

¿Qué nos dice la ciencia?

Investigadores de California, a través de resonancia magnética, descubrieron que las madres y las hijas tienen una anatomía idéntica en la parte del cerebro encargado de las emociones. Esto explica la fuerte transmisión del esquema emocional entre ellas. Lo que les puede llevar a sentir las cosas de la misma forma y también a padecer las mismas patologías. Este similitud potencia la comprensión mutua.

Esto también explica porqué la relación entre madres e hijas, a veces, no son fáciles. De la misma forma que son capaces de identificar y asimilar las emociones, al estar demasiado cerca en el plano emocional, pueden chocar. Este choque es el que provocaría esa relación «amor-odio» antes señalada.

A pesar de este descubrimiento, todavía queda mucho por investigar en las relaciones madres e hijas. Por ello, la ciencia continúa día a día en su afán por encontrar explicaciones más exactas a diferentes fenómenos.