Me he convertido en madrastra: ¿cómo no ser la mala del cuento?

Empezar una relación con una persona que tiene hijos suele aumentar el número y la dificultad de los retos a afrontar. Por eso, te damos algunas ideas para que lo logres con éxito.
Me he convertido en madrastra: ¿cómo no ser la mala del cuento?
Cristina Roda Rivera

Escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera.

Última actualización: 03 mayo, 2022

“Me he convertido en madrastra y no quiero ser la mala del cuento”. Puede que este sea el primer pensamiento que tiene que gestionar una mujer cuando desea echar raíces con su compañero sentimental y este ya tiene hijos.

En la actualidad, estar en pareja con alguien que ya tiene descendencia es un hecho aceptado por buena parte de la sociedad, pero requiere de una serie de conversaciones y reglas para que ni adultos ni niños se confundan.

Además, si deseas tener hijos biológicos con esa persona, te vendrá bien contar con una serie de habilidades psicológicas para que vuestra familia simplemente sea distinta, pero igual de feliz que otras.

Como en todas las relaciones de pareja con hijos, lo importante es tener una voluntad y convicción firme respecto a los valores que deseáis generar.

Una realidad de la sociedad actual

Cuando una pareja se enamora y uno de los dos o ambos ya tiene hijos, hay una construcción de mosaico, independientemente de si existe convivencia, os acabáis de conocer o los niños solo vienen cada dos semanas. La idea es construir una nueva vida juntos.

Para ello, se obvian los mitos y las atribuciones transmitidas que asociamos al concepto de madrastra. Por ejemplo, como un ser algo malvado, aunque la realidad es bien distinta.

Mujer pensando
Ser una madrastra implica dar espacio a los hijos de la pareja.

El desafío de unos niños con heridas emocionales

Las separaciones complicadas suelen afectar a los niños. El mundo parece detenerse. Los padres viven en lugares separados, pero los hijos siguen uniéndolos de alguna manera.

Cuando están “presentes y ausentes al mismo tiempo”, los niños suelen hacer todo lo posible -son listos y tienen mucha imaginación- para cerrar la brecha y mantener a los padres juntos. Lo hacen en la fantasía, pero a menudo también lo intentan en la realidad.

Eso sí, no se puede tratar de reemplazar a una madre o un padre biológicos; por otro lado, tampoco existe una familia “perfecta”. Así, la nueva compañera será una extraña a los ojos de los niños. Aceptarlo no es fácil para ninguna de las partes.

La tarea de cualquier “padre” y “madrastra” es la de proporcionarle al niño un lugar, físico y emocional, en el que se sienta seguro.

Nuevos límites, menos conflictos

Los nuevos socios de la familia mixta solo pueden sobrevivir bien si logran mantener una distancia productiva y se aseguran de que se respeten los límites. Al fin y al cabo, todo el sistema sufre cuando una pareja reprime o “traga” sus propios sentimientos.

Lo ideal es dejar lo menos posible al azar en la nueva situación, pero también introducir rituales en la vida cotidiana, a menudo confusa; además de acuerdos y reglas claras que ofrezcan apoyo no solo a los niños, sino también a los adultos.

Corina Ahlers, en su libro Advice on Patchwork Families deja claro que no existe un modelo que sea aceptable para todas y en todos los casos. Por lo tanto, no se trata solo de cómo las personas pueden hacer frente a una situación que inicialmente no deseaban, pero que ahora experimentan como difícil y desafiante.

El trabajo con los hijos se sitúa en un marco más amplio, en el de una fructífera búsqueda de alternativas al mito tradicional de los definidos por “lazos de sangre”.

No interiorizar las ofensas de los niños, si quieres resultar adulta

En The Single Girl’s Guide to Marrying a Man, His Kids, and His Ex-Wife, la autora estadounidense Sally Bjornsen escribe que una necesita como madrastra “una piel dura en el corazón” porque la mezquindad de la que son capaces los hijastros es insoportable. Sin embargo, una madrastra podrá convertirse en la mala del cuento en el momento en que asuma que términos como “mezquino” se pueden aplicar a niños.

Los niños pequeños de padres separados están dolidos, se sienten frustrados y no acaban de entender el porqué de la separación de sus padres. Como toda frustración mal gestionada, puede derivar en una agresión ante la persona a la que consideran más débil.

Esa persona suele ser la pareja de su padre, no porque la consideren peor persona que otras, sino porque consideran que está ocupando un puesto que no le corresponde de forma natural. Sin embargo, como ya sabemos, no todo lo que viene por naturaleza es bueno y lo que viene “fabricado” es tan malo.

Así, la “madrasta” villana de cuento deberá ser, sobre todo, adulta y astuta para generar una nueva historia en la que las etiquetas “bueno” o “malo” se descarten y todo se vea desde un prisma más abierto.

Madrastra hablando con niña
La empatía y la sensibilidad son claves para no personalizar los comentarios de los niños.

Adoptar una postura abierta y sensible

Cuando las posturas son tan extremas por parte de los niños, la única y mejor mirada es la sensibilidad.

Cuando adoptas una actitud sensible y empática, te permites mirar más allá de las “mezquindades” de los niños. Lo que llamas “maldades” a menudo son una expresión de su conflicto de lealtades, que tratan de resolver a través de su comportamiento desdeñoso.

Este conocimiento abre una salida de la trampa del dolor y promueve una actitud relajada que permite tratar a los niños y a ti misma con amor. Y cuanto más respaldo te das, más generosamente puedes involucrarte con los demás.

A continuación te dejamos algunas ideas para que, antes de madrastra, seas una mujer feliz en una situación compleja:

1. No puedes resolver los problemas de los hijos de tu pareja ni te corresponde

Las mujeres son cuidadoras naturales. Somos reparadoras. O al menos ese es el papel social que hemos asumido, para que no nos miren con desconfianza.

Queremos proteger a las personas que amamos. Así que, naturalmente, las madrastras entran en estos escenarios con anteojos color de rosa pensando que pueden solucionar los problemas de crianza compartida y saltar al ocaso.

Sin embargo, esto es incorrecto. Es imposible resolver sus problemas, porque están enraizados mucho antes de que tú fueras un pensamiento para los niños.

2. No esperes que nadie te entienda: bueno, excepto psicólogos y otras madrastras

No esperes que entiendan cómo es sentirse un ser un extraño en la propia casa o que se pregunten cuál es tu lugar en todo. De hecho, es probable que recibas el comentario “sabías en lo que te estabas metiendo”, que siempre se siente tan bien de escuchar.

3. Crea una relación fuerte con tu pareja

Cuando una relación es sólida, eres más capaz de manejar la locura que viene con la vida familiar mixta. Sin mencionar que estás mucho más atenta, paciente y unida a tu pareja como padres.

Cada situación es un mudo, aunque solo sea por las circunstancias particulares que la han generado. En este artículo hemos hablado de contextos particularmente complicados para darle continuidad a una relación. Sin embargo, en la realidad encontramos múltiples ejemplos de que es posible. Entonces, ¿por qué tu caso no puede ser uno de ellos?

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