Me preocupa el futuro: ¿qué puedo hacer?

28 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Parece que el futuro nos inquieta ahora más que nunca. Sentir cierta angustia por lo que pueda pasar mañana es comprensible, pero más que preocuparnos, deberíamos «prepararnos». Te explicamos cómo.

“Me preocupa el futuro. Ahora más que nunca me inquieta qué va a ser de mí el día de mañana”. Este temor soterrado, pero palpable se aprecia ahora más que nunca. Tanto es así, que son muchas personas que ven con cierto negativismo el horizonte que tienen por delante, cayendo ya y sin saberlo en un derrotismo preocupante. Es una situación complicada que debemos tener en cuenta.

Decía Woody Allen aquello de “me interesa bastante el futuro porque es el lugar donde voy a pasar el resto de mi vida”. Nada es más cierto y como tal, es un interés decisivo, de ahí que albergar alguna que otra preocupación es tan comprensible como respetable. Es más, a pesar de que nos convenzan a menudo que lo más importante es centrarnos en el aquí y ahora y en el presente inmediato nunca está de más recordar algo.

Mirar al mañana y prepararnos para él es un acto de responsabilidad. Bien es cierto que el futuro aún no ha ocurrido, que no puede verse ni tocarse. Sin embargo, siempre es adecuado dejarle cierto espacio al mañana y tener a mano algún plan, objetivos y más de una estrategia de afrontamiento.

chica sentada ante dos caminos pensando que me preocupa el futuro

Me preocupa el futuro: claves y estrategias para manejar al angustia hacia la incertidumbre

Decía Víctor Hugo que “el futuro tiene muchas formas según quien lo esté observando. Para los débiles es inalcanzable. Para los temerosos resulta desconocido y para los valientes es una oportunidad. ¿Cómo negarlo? A todos nos encantaría ser audaces y aprovechar con ingenio cada cosa nos pueda ofrecer ese mañana que se atisba en el horizonte. Sin embargo, en ocasiones, pesa más la angustia que el optimismo.

Es necesario tener en cuenta un detalle. No debemos fustigarnos por experimentar esa inquietud, si me preocupa el futuro en las actuales circunstancias entra dentro de lo normal y lo previsible. La inteligencia humana funciona formulando hipótesis, anticipando variables, hechos y probabilidades. Lo hace en un intento por mantenernos alerta y poder así anticiparnos hacia lo que pueda venir.

No obstante, esas previsiones serán útiles, siempre y cuando, el factor ansiedad no se exceda. La preocupación excesiva que no se controla deriva muy a menudo en temores injustificados y miedos irracionales. En esas circunstancias, la inteligencia deja de sernos útil y nos limitamos a mirar el mañana en modo “miedo”, colocando así un filtro mental que invalida cualquier estrategia, cualquier plan o previsión.

Veamos por tanto qué dimensiones deberíamos tener en cuenta para manejar un poco mejor nuestra preocupación hacia el futuro.

Divide el futuro en partes manejables

Cuando pensamos en el futuro lo hacemos en términos poco o nada manejables. El mañana no solo es incierto, sino que además aparece a menudo en nuestra mente como algo difuso y habitado por amenazas. Ante esa visión es normal sentir el pinchazo del miedo. Ahora bien, si procedemos a dividirlo en una serie de partes más pequeñas y menos difusas, la cosa cambia.

Veamos un ejemplo.

  • Futuro próximo (los próximos 3-6 meses). ¿Qué es lo que me gustaría conseguir de aquí allá? ¿Qué desafíos pueden aparecer? Ante esos posibles problemas que pueden surgir ¿qué estrategias debería aplicar? Aún más… ¿Qué debería estar haciendo ahora para lograr eso que quiero a corto plazo?
  • Futuro intermedio (6 meses 1 año). Para manejar la incertidumbre existente a lo largo del año próximo es recomendable clarificar una vez más, qué metas desearía alcanzar. Una vez definidas, pienso en los obstáculos o desafíos que pueden surgir (según mis previsiones) durante ese tiempo. Me preparo ante ellos.
  • Futuro lejano (los próximos 3 años). Es cierto que mirar a tres años vista no nos permitirá descubrir qué puede pasar en ese futuro un poco más lejano. Pero nos puede ayudar a poner objetivos a largo plazo. Algo necesario para nuestro avance y desarrollo, puesto que los propósito son amarres para la esperanza y guías para la motivación.

Preocuparme sí, pero solo con cita previa

Me preocupa el futuro y que esto suceda es normal. Sin embargo, esa preocupación no debe extenderse 24 horas del día 7 días por semana. Ese estado mental no es útil, ni productivo ni aún menos saludable. Por ello ¿qué tal si me doy veinte minutos exactos al día para preocuparme?

Pon una alarma y pide cita previa contigo mismo. Cada día establecerás en qué momento vas a pensar en aquello que está preocupando. Niégate a que esas ideas surjan en otro momento. En caso de que lo hagan, lleva un bloc de notas y apúntalas para tenerlas en cuenta cuando llegue ese instante en que dedicarte a ello en exclusiva.

Chica con mochila pensando en que me preocupa el futuro

Me preocupa el futuro ¿qué puedo hacer? No te centres en los síntomas, fíjate en la señales

Cuando algo nos inquieta quedamos atenazados por los síntomas, por el efecto que nos produce. Es decir, si me da miedo quedarme sin trabajo, poco a poco quedo atrapado por el miedo, la inquietud, la ansiedad… Experimentar esta serie de sensaciones es efecto directo de una mente cautiva del estrés. Sentir esto es completamente normal, pero debemos tomar las riendas, tomar el control.

¿De qué manera? Dejando a un lado los síntomas (lo que me genera una situación de incertidumbre) y focalizándonos en las señales (las oportunidades). Para ello, nunca está de más, reflexionar en las siguientes ideas:

  • Me preocupa el futuro y temo en especial perder el trabajo. Si al final ocurre esto ¿no podría ser quizá una oportunidad para hacer algo nuevo? Puede que sea el momento de estudiar una oposición. Tal vez, sea el instante en dar otro rumbo a mi vida laboral.
  • El presente actual está cambiando de muchas maneras. Es posible de que todo esto, no sean más que señales para que también yo haga un cambio. Ante cualquier dificultad estamos obligados a adaptarnos y para ello, lo mejor es estar preparados.

Para concluir, solo cabe recordar una gran cita de la psicoanalista alemana, Karen Horney “la preocupación debe llevarnos a la acción, nunca a la depresión”. En esencia, si algo nos preocupa lo último que debemos hacer es darle excesivo poder o alimentarla más de la cuenta. Hay que aceptar lo que no tiene solución y afrontar lo que por la razón que sea, nos quita el sueño.